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De una mujer alcaldesa a un tarjetón sin candidatas

Por: Lizbeth Guerrero Cuan

Analista política con perspectiva de género



En enero de 2020 ver a Claudia López posesionándose como la primera mujer alcaldesa de Bogotá me resultó esperanzador. Tuve una sensación similar hace poco más de un año cuando Francia Márquez se posesionó como vicepresidenta. Más allá de que era incierto si la presencia de estos nuevos rostros iba a significar una excelente gestión o grandes transformaciones, mi esperanza surgía al ver que, esta vez, el retrato del poder político incluía personas a quienes usualmente no les corresponde posar para esa foto. Estas imágenes de mujeres ejerciendo poder, hablando del futuro de la ciudad o el país y expresando sus ideas, ilusionan porque parece que estamos superando con firmeza las imágenes que por décadas nos mostraron a las mujeres restringidas al ámbito privado. A partir de esto se han creado referentes distintos que nos permiten afirmar que para las mujeres es viable aspirar al poder político y ejercerlo.


La esperanza y la alegría de esos momentos contrastan con mi frustración al saber que, a la hora de elegir alcalde, los bogotanos estaremos frente a un tarjetón en el que no aparece ninguna mujer. Nueve candidatos, todos hombres. Eso quiere decir que redujimos a 0% la posibilidad de ver una mujer con el poder de liderar la ciudad, aun cuando las mujeres somos el 52,1% de la población bogotana. Esta frustración estuvo acompañada de sorpresa, pues en las cinco elecciones que se han celebrado desde el año 2000 hasta ahora, con excepción de 2007, hubo al menos una candidata: María Emma Mejía (2003), Gloria Gaitán (2003), Gina Parody (2011), Clara López (2015) y Claudia López (2019). En el caso de Bogotá, pareciera que lo extraño es que no participen mujeres en esta contienda electoral.


Para justificar la ausencia de candidatas en el tarjetón se usan algunos lugares comunes: ninguna quiso postularse, ninguna hizo el esfuerzo para lanzar su candidatura por firmas, las que estaban interesadas no son competitivas electoralmente, no hay ninguna que esté preparada para ese cargo. Es decir, fue culpa de las mujeres, o por no querer, o por no hacer el esfuerzo, o por no cumplir los requisitos de idoneidad y caudal electoral. Culpar a las mujeres de su exclusión no es nada nuevo. Culpar a las mujeres de ser invisibles en este tarjetón es previsible. Sucede, entre otras, porque perdemos de vista que más allá de las decisiones o anhelos individuales hay otras condiciones que pueden obstaculizar o facilitar su aspiración a un cargo de elección popular. Creemos que los esfuerzos individuales son, por sí solos, capaces de surtir efecto para lograr un cambio: si quieres postularte y haces el esfuerzo de prepararte y lanzar tu candidatura, podrás ser candidata, y así aumentaremos la representación de las mujeres en política.


Además de creer que los esfuerzos individuales todo lo pueden, tendemos a pensar que la alegría que sentimos cuando por fin posamos en la foto del poder va a estar sucedida por nuevos avances. La realidad nos muestra que nuestros logros no van siempre en aumento. E inmediatamente después de tener una alcaldesa en el Palacio de Liévano, por primera vez en la historia, podemos tener un tarjetón a la Alcaldía de Bogotá sin mujeres. Avanzar en el campo de la igualdad y en el de la representación política nos exige un esfuerzo doble. Además de proponernos nuevos logros y trabajar por alcanzarlos, tenemos que sostener con firmeza los que ya hemos obtenido para que no se esfumen. Y aunque no es borrón y cuenta nueva, tampoco es un constante construir sobre lo construido.


Nuestros esfuerzos tienen más chance de mantenerse cuando no es responsabilidad exclusiva de las mujeres ni de personas individuales cuidarlos. Cuando superamos la idea y el discurso de que las transformaciones dependen solamente de quienes estamos interesados en ellas y cuando las instituciones las acogen, respaldan y sostienen. Lo que correspondería en este escenario es preguntarles a los partidos políticos: ¿qué pasó?, ¿qué criterios privilegiaron a la hora de elegir sus candidatos?, ¿qué procedimientos utilizaron para definir quién estaría en el tarjetón?, ¿qué pasó si en enero de 2023 nombres como María José Pizarro, Katherine Miranda, Paloma Valencia, Lucía Bastidas, y María Fernanda Rojas aparecían en las listas iniciales de aspirantes?

Los partidos políticos son los llamados a reflejar pluralismo a la hora de presentar personas a cargos de elección popular. Por eso vale la pena cuestionarlos y no acusar a las candidatas que desistieron o cuyo propósito se vio truncado. Las reglas que fijan los partidos, los recursos que entregan y los apoyos que otorgan internamente pueden facilitar o dificultar la presencia de candidatas en los tarjetones. Y tal parece que en ninguno hubo ni interés suficiente, ni una apuesta contundente que brindara las condiciones para que alguna de estas mujeres pusiera su foto en el tarjetón por la Alcaldía de Bogotá. No debe pasarse por alto que esto revela la importancia de contar con partidos políticos a los cuales pedirles cuentas sobre sus acciones para garantizar la representación de las mujeres. Tarea que resultaría más difícil sin partidos, y con aspirantes respaldados únicamente por sus ganas de llegar al poder y las firmas recolectadas.


Considerando que los esfuerzos individuales no son suficientes, y los logros que obtuvimos no están seguidos de nuevas conquistas, estamos frente a un panorama en el que no hay ninguna probabilidad de que una mujer llegue a la Alcaldía de Bogotá. Aún así, gracias a la ley de cuotas, que muchos consideran un regalo a las mujeres pero que lejos de serlo es lo que nos permite no ser excluidas de los tarjetones electorales, tenemos mujeres candidatas al Concejo y a las Juntas Administradoras Locales. Mi voto será por alguna de ellas, me parece una manera de asegurarnos un lugar en la foto del poder político capitalino.


*Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.



 

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