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Cultivos ilícitos y narcotráfico en Norte de Santander

Por: Daniel Julián Parra

Integrante de equipo de investigación de Frontera – Pares


Norte de Santander es uno de los departamentos más complejos de Colombia. En él convergen cuatro estructuras armadas ilegales (‘Clan del Golfo’, ELN, EPL, GAPF), distribuidas en 52 municipios del departamento. Cada una, con su particularidad operacional, con sus metodologías de ajusticiamiento, y con sus normas sociales y económicas que imponen a la sociedad civil.


Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en el 2020, este departamento fue el “más afectado por la coca en Colombia, superando en cerca de 10.000 ha a Nariño, que ocupó esta posición por más de diez años”. La concentración de estos cultivos se ubica, principalmente, en la región del Catatumbo. No obstante, la siembra se ha extendido a la capital del departamento y a sus municipios del área metropolitana.


Fuente: Observatorio de Drogas Colombia (2020).

La Fundación Paz & Reconciliación (Pares) consultó una fuente oficial, que precisó las veredas en las que se encontraban los cultivos en el área metropolitana de Cúcuta. Así, en El Zulia fueron señaladas las veredas: El Astillero, Cerro León, Tienditas, Cerro Guayabo, La Angelita, San Miguel, Valderrama, Berlinas, 20 de Julio, El Mestizo, El Porvenir, Mesetas, Pedregales, San Juaquin, Chapinero, La Londra, El Tablazo, Los Mangos, Santa rosa, Aguasal, La Lucha y Casa de Zin; y en Cúcuta, las veredas de: San Francisco, Puerto Güamo, Providencias, Las Palmas, La Píldora, Cumana, El Suspiro, La Esmeralda, Buena Vista, La Esperanza, La Ceiba, Palmarito, 5 de Mayo, El 25, Verdum, Santa Rosa, El Amparo, La Punta y Campo Envidia.


Así mismo, el Observatorio de Drogas de Colombia tiene en sus registros que Norte de Santander cerró el año 2020 con: 40.083,70 hectáreas de cultivos de coca, 16.689,81 kilogramos de clorhidrato de cocaína incautados, 55 laboratorios de clorhidrato de cocaína desmantelados y 637 laboratorios de producción primaria destruidos. Sumado a esto, se debe tener en cuenta el factor fronterizo del departamento y su valor estratégico para las EAI que operan en la zona. Se estima que, desde este punto limítrofe, inicia el corredor vial de la cocaína hacia el resto del mundo. Sin embargo, esta consideración no es de ahora, en 1991, servicios de inteligencia de la Dirección de Policía Judicial e Investigación (Dijin) tenían plenamente identificada esta ruta cuando capturaron al italiano Mario Schillia, quien era la cabeza principal de lo que, en su momento, se conoció como “La conexión venezolana” o “La Ruta de la cocaína” (El Tiempo, 1991).


Pese a todo este contexto, el consejero presidencial de Seguridad y Defensa, Rafael Guarín, aseguró en medios nacionales que la violencia en este departamento se debe a que “Nicolás Maduro convirtió a Venezuela en santuario del Narcotráfico”. Pero, ¿realmente en el 2013 (año en que Maduro resultó electo como presidente del vecino país) se ubica la génesis de esta problemática? Los hechos parecen negar esta teoría porque, como se mencionó, desde 1991 existía la ruta como tal; además, en 1999, por ejemplo, el Observatorio de Drogas de Colombia, ya registraba más de 15 mil hectáreas de coca cultivada. Entonces, atribuir, ligeramente, la violencia y el aumento de cultivos del territorio a una causa externa es, como dicen coloquialmente, “ver la paja en ojo ajeno, y no la viga en el nuestro”. ¿Y en el nuestro por qué? Porque los cultivos, el procesamiento de la materia prima, la comercialización y exportación no son procesos de la cadena del narcotráfico exclusivos de Norte de Santander, o de departamentos fronterizos con Venezuela; hacia el otro costado del país existe una problemática parecida, y las relaciones diplomáticas no son, claramente, igual de tensas.


Es importante destacar que, en lo corrido del año 2021, de acuerdo a cifras del Observatorio de Drogas Colombia, se han incautado 25.499,92 kilos de clorhidrato de cocaína, se han desmantelado 58 laboratorios para la producción de clorhidrato de cocaína, y se han destruido 564 infraestructuras de producción primaria.


Mientras tanto, el futuro del departamento es incierto, y los constantes enfrentamientos y atentados, entre estructuras armadas ilegales y las fuerzas militares, no cesan.