Continúa la disputa a sangre y fuego en la frontera

Por: Paola Perdomo. Investigadora Pares.


Las aceleradas y cambiantes dinámicas de seguridad impuestas por las Estructuras Armadas Ilegales que se disputan la frontera colombo venezolana en Norte de Santander, especialmente en el área metropolitana de Cúcuta, no cesan. En tan solo un año, durante 2020, esta zona del país ha dado lugar a tres momentos que evidencian cómo se reconfiguran dichas dinámicas en un abrir y cerrar de ojos.


A inicios de año, aunque se preveían algunas confrontaciones que ponían en riesgo la fuerte presencia y control territorial que ‘Los Rastrojos’ habían alcanzado en el área metropolitana de Cúcuta desde 2018, luego de ganar una cruenta disputa con el Clan del Golfo, dicho grupo armado delincuencial mostraba una amplia consolidación en municipios como Puerto Santander, Cúcuta y Villa de Rosario, donde además contaba con un importante respaldo del Frente Fronteras del Ejército de Liberación Popular, EPL, mejor conocido como ‘Los Pelusos’.

No obstante, a mediados de febrero e inicios de marzo, es decir, en el marco del paro armado declarado por el ELN y el aislamiento obligatorio por la pandemia, la configuración de estos grupos empezó a transformarse. Por un lado, el ELN sacó provecho de este panorama para moverse tácticamente desde el Catatumbo a zona de frontera del área metropolitana de Cúcuta, donde no tenía una presencia significativa, y dar un golpe militar a ‘Los Rastrojos’, en área venezolana limítrofe, en su centro de operaciones en Boca de Grita, Táchira, Venezuela. Este tendría como resultado el repliegue de ‘Los Rastrojos’ al municipio vecino de Puerto Santander, en el lado colombiano.