Cúcuta ¿Un escenario de guerra?

Por: Daniel Julián Parra

Integrante de equipo de investigación de Frontera – Pares


La sociedad civil en Cúcuta sigue presenciando cómo las Estructuras Armadas Ilegales (EAI) se introducen, poco a poco, en el casco urbano de la capital nortesantandereana.


En la madrugada de ayer, 20 de octubre, fueron detonados tres artefactos explosivos ubicados estratégicamente en dos puntos en los que operaban cámaras de foto multa, y otro dirigido a un depósito de madera. Luego de esto, las autoridades lograron ubicar otro artefacto que se encontraba camuflado en una caneca de basura, y procedieron a realizar una detonación controlada. De acuerdo a lo señalado en Caracol Radio, el frente urbano ‘Germán Velasco Villamizar’, del ELN, se atribuyó la responsabilidad por estos hechos.


Horas más tarde, la amenaza de otro posible artefacto explosivo hizo que las autoridades acordonaran el puente ‘Jorobado’ por unas horas. Posteriormente, personal técnico de la Sijín logró establecer que no se trataba de ningún artefacto explosivo lo que en su momento consideraron que podía ser una “caja bomba”.


Sumado a esto, el día de ayer, la ciudad también amaneció bajo alerta por la instalación de un cilindro bomba, ubicado en el puente de la Vereda Puerto León. Junto a él, instalaron una valla “pasacalles” en la que conmemoraban la lucha armada del ELN. En medios locales, afirmó Alejandro Martínez, secretario de Seguridad Ciudadana, que “no hubo afectación a ningún uniformado ni a la población”. Posterior a esto, en horas de la tarde, la población de Puerto Santander conoció un panfleto firmado por las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), en el que advertían sobre una limpieza social y la imposición de un toque de queda después de las 09:00 pm.


Infortunadamente, en la región continúa el enfrentamiento armado por el control de la frontera; sigue la imposición de normas convivenciales para amedrentar a la sociedad civil; sigue la administración de justicia por parte de estructuras armadas ilegales; y, por supuesto, sigue la ausencia del Estado en territorios históricamente olvidados en los que, todavía, prevalece la guerra.