Brechas de género en informe de Desarrollo Humano 2021 para América Latina

Por: María Victoria Ramírez


Diferentes sociedades adoptan diferentes tipos de jerarquías imaginadas. La raza es muy importantes para los americanos modernos, pero relativamente insignificante para los musulmanes medievales. La casta era un asunto de vida o muerte en la India medieval, mientras que en la Europa moderna es prácticamente inexistente. Sin embargo, hay una jerarquía que ha sido de importancia suprema en todas las sociedades humanas conocidas: la jerarquía de género. En todas partes la gente se ha dividido entre hombres y mujeres. Y casi en todas partes los hombres han obtenido la mejor tajada, al menos desde la revolución agrícola.

Fragmento de “De animales a dioses” de Yuval Noah Harari.

El título del Informe Regional de Desarrollo Humano 2021: Atrapados: alta desigualdad y bajo crecimiento en América Latina y El Caribe’ es ya un campanazo. Este documento está dividido en cinco capítulos de una extensión de más de 300 páginas y resume en su portal, a manera de presentación, lo siguiente: “América Latina y el Caribe es una región de grandes contrastes, donde la riqueza y la prosperidad coexisten con la vulnerabilidad y la pobreza extrema. La lista de contrastes es larga y conocida. La región se caracteriza también por un crecimiento muy volátil y, en promedio, bajo, explicado por una productividad muy baja. Este Informe Regional de Desarrollo Humano sostiene que la región se encuentra, de hecho, en una doble trampa de alta desigualdad y bajo crecimiento. Estos dos fenómenos interactúan en un círculo vicioso que limita la capacidad de progresar en todos los frentes del desarrollo humano. Es necesario comprender la naturaleza de la trampa para liberarse de ella”.


El Informe abarca temas que van desde los ingresos económicos y la riqueza, la concentración de poder económico y político, los vínculos entre violencia, desigualdad y productividad, hasta las políticas de protección social. Esta columna hace énfasis en el análisis de las brechas de género de las que da cuenta el documento.


América Latina se encuentra dentro de las regiones con mayor desigualdad del mundo a la luz del índice de Gini de 2017 sobre la distribución del consumo per cápita de los hogares por regiones. Y la desigualdad se acentúa en lo que tiene que ver con participación laboral y horas de trabajo no remunerado dedicadas a actividades de cuidado que siguen recayendo principalmente en las mujeres, lo que las pone en clara desventaja. De igual modo, en relación con la diversidad sexual, el informe recalca que “Las personas LGBT+ continúan sufriendo discriminación en el colegio y en el mercado laboral y son víctimas de violencia más frecuentemente que personas de otros grupos”.

El siguiente gráfico ilustra dos conductas violatorias de los derechos de las mujeres en la región, abuso físico o sexual y feminicidio.

Fuente: Tomado del Informe de Desarrollo Humano 2021, PUND


El gráfico de la izquierda muestra el ranking de 13 países de la región con mayor porcentaje de violencia de pareja. El primer lugar lo tiene Bolivia con 59%, seguido de Ecuador con 36% y Colombia con 33%. Sobre el delito de feminicidio (gráfico de la derecha), el informe presenta una lista de 18 países, encabezada por Honduras con una tasa de feminicidios de 7,1 por cada 100.000 habitantes. Colombia presenta una tasa de 0,7. Es muy posible que estas cifras hayan aumentado considerablemente para 2020 y 2021 durante la pandemia del Covid 19 que exacerbó las violencias contra las mujeres en medio de los confinamientos estrictos.


Es una verdad inocultable que las mujeres en América Latina encaran mayores dificultades que los hombres en muy diversos ámbitos y que una de las principales fuentes de desigualdad la constituye la brecha de género en el mercado laboral que “tiene origen en los sesgos inconscientes de los roles de género”, como se puntualiza en el documento. Las tasas de desempleo femenino son mayores, el número de horas de trabajo remunerado para las mujeres es inferior al de los hombres y esto representa un gran perjuicio para las mujeres porque su secuela es la dependencia económica, con sus consecuencias negativas en el ejercicio de su autonomía y la libertad. Veamos algunas cifras: la participación laboral de las mujeres es en promedio 32% menor que la de los hombres, pero entre las más pobres, es decir, las que están por debajo del 20% en materia de distribución del ingreso tienen una participación 42% menor. Es decir que las brechas laborales son mayores a menor nivel de ingreso de la familia. Las mujeres dedican en promedio 16% menos horas semanales que los hombres al trabajo remunerado, pero las que se encuentran en el 20% más bajo de la distribución del ingreso dedican un 24% menos.


En materia salarial, la región muestra brechas de género importantes. En promedio, una mujer recibe un 25% menos de salario con las mismas características observables, es decir, con la misma preparación y experiencia y a la luz de un análisis econométrico realizado en 2018. La siguiente gráfica, tomada del informe, muestra que Colombia se ubica en un porcentaje del 20%. Perú presenta las condiciones salariales más desventajosas para las mujeres en la región con un 27% menos de salario.


Para efectos de establecer donde se encuentran las brechas de género es importante contar con datos confiables. En este sentido el informe destaca que Colombia y México incluyen preguntas sobre el tiempo que se dedica al trabajo doméstico y a los cuidados no remunerados. Los datos muestran que en Colombia, las mujeres dedican en promedio 3,9 horas de trabajo no remunerado a la semana por cada hora que dedican los hombres, es decir, casi 4 veces más a las labores de cuidado.


El Covid 19 vino a empeorar una situación que ya era compleja para la región, puesto que los efectos de la crisis sanitaria están pesando más sobre aquellos que ya estaban rezagados (entre ellos las mujeres, las minorías sexuales y étnicas), profundizando las desigualdades en estos dos últimos años (2020 y 2021). Acerca de sobre quién pesa la responsabilidad de tanta desigualdad, el informe también da luces. El 77% de la población de América Latina y el Caribe consideraba en 2020 que “sus países son gobernados en interés de unos pocos grupos poderosos y no por el bien de todos”. La proporción alcanzó el 95% en Paraguay y el 91% en Chile y Costa Rica.


Trabajar porque estas brechas de género sean cada vez menores es un deber de los estados y una tarea global, puesto que casi 150 países, entre ellos Colombia, se han comprometido con el objetivo 5 de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) que busca “lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas”.


Finalmente, a manera de conclusión, las sociedades desiguales que desperdician el talento de una parte significativa de su población al excluirla del mercado laboral, la riqueza y los ingresos, no solo son injustas sino que esto también se traduce en pobreza, bajo crecimiento y productividad, lo cual es un combustible para la conflictividad social y de eso, Colombia ha sido testigo y protagonista en 2021.