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Bacrim, neoparamilitares y grupos post-desmovilización paramilitar

El gran tema que debate hoy al país se refiere a los retos que traerá el postconflicto en asuntos territoriales, económicos, políticos y especialmente en materia de seguridad. En los últimos 20 días han sido asesinados 7 líderes sociales en el país, lo cual despierta los viejos fantasmas de la guerra sucia que se vivió con la masacre de más de 4 mil líderes sociales y políticos hace algunas décadas. Además, estos hechos dejan la pregunta sobre la posibilidad de que el país, después de la firma de los acuerdos de paz de La Habana, viva una nueva ola de violencia y que, por ende, no se logre superar estos ciclos criminales.

Dentro de estos temas de seguridad, las FARC en La Habana hablan del paramilitarismo. El gobierno nacional, por su parte, parece desprenderse del viejo concepto de Bandas Criminales o BACRIM y opta por utilizar el concepto de Crimen Organizado. Mientras tanto, algunos centros de estudio hablan de los grupos post-desmovilización paramilitar. Hoy, al menos, gran parte del mundo político y académico parece coincidir en que estos grupos son una de las más grandes amenazas  en el postconflicto. La realidad es la siguiente.

Luego de la desmovilización paramilitar en el país surgieron tres tipos de grupos:

1. Los disidentes, es decir, estructuras que nunca se desmovilizaron.

2. Los rearmados, es decir, estructuras que entraron al proceso de Ralito, se desmovilizaron y luego de un tiempo se rearmaron.

3. Grupos emergentes, es decir, surgieron grupos que indirectamente se vinculaban a los grupos paramilitares, pero que tenían una génesis nueva.

Entre 2006 y 2011 se dio la primera generación de estos grupos y en total llegaron a existir hasta 36 estructuras en el país. Luego de 2011, debido a un proceso de cooptación entre estructuras criminales y sobre todo producto del modelo de persecución de la fuerza pública, estas organizaciones comenzaron un proceso de adaptación criminal bastante particular y varias de estas redes criminales se consolidaron. En la actualidad de los 1 102 municipios que tiene el país, estos grupos operan en cerca de 300 municipios, en algunos con presencia más fuerte que en otros.

Pero estos grupos neoparamilitares no son lo que solían. En realidad, han dejado de ser estructuras criminales para convertirse en redes de organizaciones criminales. La estructura operativa dejo de verse desde una perspectiva lineal y jerárquica y pasó a ser funcional en forma de red, en la cual aseguran diferentes nodos de operatividad en el territorio nacional