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Amiguismo y comunicación de enemigo

Por: Guillermo Segovia Politólogo, abogado y periodista


“La agencia de comunicación estratégica, bendecida con contratos en el Gobierno Duque, fue seleccionada para mejorar «la percepción ciudadana» sobre la cartera. Habrá un especial énfasis en combatir las fake news”, afirmaba un artículo de la redacción judicial de El Espectador, publicado el pasado 21 de abril, sobre un contrato por $898 millones suscrito con la empresa de comunicaciones Alotrópico SAS por el Ministerio de Defensa (en cabeza del para entonces recién posesionado, Diego Molano).


Diego Molano conoce muy bien la empresa contratista, pues sus tres fundadoras, en 2015, fueron las comunicadoras Isabel Cristina Quiroga, Martha Isabel Restrepo y Lilian Polanía, subordinadas del actual ministro de Defensa cuando estuvo a la cabeza del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), entre 2012 y 2013, según informó la periodista Ana María Cuesta de la cadena radial La FM. Del 2014 al 2018, Molano fue concejal de Bogotá. En 2018 llegó al Gobierno Iván Duque y, a un mes de su posesión, de acuerdo a lo recogido por El Espectador, Alotrópico SAS habría tenido su primer contrato por $70 millones con el Ministerio de Cultura. Meses después, Molano fue nombrado director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (Dapre).


El medio de comunicación citado señalaba que a Alotrópico SAS le va bien de la mano de Diego Molano, “Por ejemplo, cuando estuvo a cargo del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre), la empresa tuvo un contrato por $219 millones, entre diciembre de 2019 y enero de 2020, para implementar la metodología «Transformar Comunicando»”. Luego, entre febrero y marzo de 2020, entre el Dapre y Alotrópico SAS se habría firmado un contrato por $360 millones para socializar “los temas de interés nacional que le sean asignados por el Presidente de La República mediante la metodología «Transformar Comunicando». Entre abril y diciembre de 2020 se ejecutó otro contrato, por $565 millones” para desarrollar la misma metodología. Según la información de El Espectador, por el lado hubo unos nueve contratos con un promedio de $65 millones, cada uno, para “Transformar comunicando”.


Con tan prestigiosos antecedentes, afirmaba el periódico: “Sin concursar con competencia alguna, la empresa Alotrópico SAS fue contratada directamente por el Ministerio de Defensa, en cabeza de Diego Molano, para manejar las comunicaciones estratégicas de la entidad.”


En forma coincidente, según lo corroboró el periodista Daniel Coronell, las tres propietarias de la empresa tienen vinculación familiar, son pareja de miembros de la fuerza pública. Incluso, en uno de los casos, con el encargado por la parte contratante de la implementación de la estrategia “Transformar comunicando” en la campaña “Colombia quiere la verdad”, desarrollada en pleno pico del Paro Nacional A-28 para cuestionar su legitimidad. Otra afinidad de las contratistas con Molano, quien, según el presidente Duque dijo para justificar su nombramiento como ministro de Defensa, “nació en el Hospital Militar”.


El contrato tiene como fecha de iniciación el 31 de marzo y se desplegará hasta el 24 de diciembre de 2021, cuando el contratista reciba un último pago, por ahora, en plena navidad, por $369 millones. “… se firmó por un total por $898 millones, para mejorar la “percepción ciudadana” y “proteger los imaginarios colectivos” que tenemos los colombianos sobre “la seguridad y defensa del Estado”, precisaba el diario.


La contratación directa y urgente de Alotrópico SAS para implementar la estrategia “Transformar Comunicando” está pavimentada: tiene registro de exclusividad en la Dirección Nacional de Derechos de Autor. De acuerdo con la página web de la empresa, “se trata de una combinación entre comunicación, mercadeo y ciencias sociales”. De esta manera se habilita la contratación directa como único oferente para desarrollar la estrategia. Según lo dispone la ley, el Ministerio debió demostrar que no cuenta con las capacidades necesarias para esa tarea. ¿Será que la oficina de comunicaciones del Ministerio o el departamento respectivo del Ejército carecen de personal idóneo?


De acuerdo con el contrato, “Con la implementación de esta metodología en las comunicaciones estratégicas del Ministerio de Defensa se busca desde un enfoque teórico-práctico implementar acciones de transformación y protección de imaginarios que tiene la población colombiana en relación con los temas relacionados con seguridad y defensa del Estado, usando aportes que desde otras disciplinas de las ciencias sociales como la psicología social, la sociología, la filosofía y la antropología se han desarrollado para alcanzar este propósito”.


La urgencia “de transformar y proteger imaginarios” explica que el contrato se firmara a las volandas el 31 de marzo, miércoles santo, cuando el ambiente del paro nacional se presagiaba en todo el país frente a los provocadores lanzazos a la integridad de la sociedad colombiana, prodigados desde el Ministerio de Hacienda, con una reforma tributaria alcabalera que colmó la paciencia contenida desde las jornadas de noviembre de 2019 y amainadas por la pandemia.


El Ministerio de Defensa se habría comprometido a pagar el 31 de mayo el 20% del contrato (por $179 millones), fecha en que Alotrópico SAS debía documentar un “análisis de contexto y situaciones coyunturales” y un “protocolo de mensajes según las conversaciones ciudadanas e institucionales sobre la defensa y seguridad que pudieran generar la coyuntura o crisis”. Además, tenía el compromiso de haber gestionado encuentros ante la opinión pública para amplificar los mensajes de la cartera dirigida por Molano. La campaña “Colombia es mi verdad” (motivo hoy de denuncia, pues la Fundación para la Libertad de Prensa comprobó que intentó combatir mentiras mintiendo) se desarrolló por esa fecha.


Otro desembolso de $359 millones se habría fechado para el 31 de agosto, cuando Alotrópico SAS debió demostrar que llegó a la ciudadanía con un “lenguaje compresible” sobre los temas de defensa y seguridad ciudadana. El tercer y último pago del contrato, para el manejo de las comunicaciones del primer año de Molano en su cartera, se hará en diciembre.


Ministro que en su período se ha caracterizado por un lenguaje marcadamente guerrerista, como lo recuerda su calificativo de “máquinas de guerra” a los niños reclutados forzosamente por organizaciones ilegales, muertos en operativos militares; y sus ataques verbales contra los manifestantes en el paro nacional con la etiqueta de “terroristas” y “movimiento subversivo”. Al tiempo, el general Zapateiro, comandante del Ejército, lanzaba gritos de guerra -¡Ajua!- y advertía, con un video de serpientes persiguiendo un lagarto: “No nos dejaremos vencer por más víboras venenosas que quieran atacarnos”. A lo que se suman las denuncias por “perfilamientos” realizados contra periodistas y opositores desde instancias castrenses. Anacrónica y peligrosa comunicación de enemigo.


¿Qué hicieron las amigas del ministro Molano, a la vez fundadoras de Alotrópicos S.A., contratista de comunicaciones del Ministerio, para implementar la enigmática y exclusiva estrategia “Transformar comunicando”?


Según la investigación adelantada por la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP):


A finales de abril y comienzos de mayo de este año, durante los días más fuertes de las manifestaciones sociales, el Ministerio de Defensa y las fuerzas militares comenzaron una campaña para atacar a quienes los critican y cuestionan. Para hacer esto, se valieron de videos y publicaciones en redes sociales pero también de estrategias de ciberpatrullaje y vigilancia en línea. Estas acciones emprendidas por el Ministerio de Defensa y las fuerzas militares, en las que se han invertido más de 21 mil horas, no han tenido ningún contrapeso ni control institucional, y se agrandan en medio de mentiras y de opacidad.


El 6 de mayo, las redes sociales y la página web del Ministerio de Defensa y otras entidades adscritas amanecieron vestidas de negro. El último mensaje que aparecía en sus redes era: “Intento de bloqueo”. Parecía un ciberataque. De las 6 a las 9 de la mañana, ningún funcionario estaba autorizado para atender a periodistas ni medios de comunicación. A las 9, las redes se restablecieron y comenzó la campaña “La verdad en un mar de mentiras #ColombiaEsMiVerdad”. Se publicó un video en el que una voz en off decía “nos intentan bloquear, pero nosotros seguimos de pie”.


Luego, el ministro de Defensa Diego Molano y los comandantes de todas las fuerzas militares mencionaron algunas noticias que, a su juicio, consideraron falsas y recalcaron el valor de su trabajo en la protección de los colombianos. En el video se omitió, por completo, la aclaración de que nunca hubo un ciberataque real y que todo este espectáculo hacía parte de su estrategia para llamar la atención de la ciudadanía. Esta era una campaña contra las mentiras que inició con una mentira.


La campaña #ColombiaEsMiVerdad partió de la creación de un enemigo: los y las usuarias de redes sociales que criticaban o cuestionaban el accionar de la fuerza pública, especialmente, durante el paro nacional. Con esto, iniciaron acciones de ciberpatrullaje para combatir lo que, según ellos, son noticias falsas que circulan en Internet. No es claro bajo qué criterios definen qué es cierto y qué no. Sin embargo, el MinDefensa anunció que entre el 28 de abril y el 27 de junio identificó 157 noticias falsas a través de acciones de ciberpatrullaje.


Para tratar de posicionar la protesta como el obstáculo del progreso y causa de todos los males del país, desde el Gobierno transgreden la Constitución en cuanto a las libertades de pensamiento, expresión, prensa, organización y movilización (¿Es legítimo y legal en una democracia adelantar estrategias de comunicación y propaganda dirigidas a estigmatizar y perseguir ideas políticas contrarias y mecanismos de participación amparados por la Constitución?), y aprovechan grietas en los parámetros de contratación administrativa (¿Quién certificó la idoneidad y exclusividad de la metodología “Transformar comunicando”? ¿Los funcionarios de planta del Ministerio no están en capacidad de desarrollar estrategias?).

El ministro Molano salió al quite a las denuncias de la FLIP con la deplorable justificación de que se trataba de una “campaña pedagógica”, explicación que nada explica y que sí aumentó las dudas. Además, evadió responder por su cercanía con las contratistas. Amparados en la “vista gorda” de los organismos de control, asumen que las colombianas y los colombianos somos una montonera a la que se “transforma comunicando” para que acepte, en mansedumbre, el autoritarismo, la propaganda antidemocrática, el derroche y el enriquecimiento entre amigos, entre otras conductas repudiables. Pero parece que no es así, no obstante que, por ahora, la aplanadora del oficialismo lo tape y lo tolere todo.

 

* Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona a la que corresponde su autoría y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares) al respecto.