Adiós a la segunda vuelta

Por: Guillermo Linero Escritor, pintor, escultor y abogado de la Universidad Sergio Arboleda.


Gustavo Petro fue quien más votos de opinión obtuvo en las anteriores elecciones presidenciales. Sin embargo, no alcanzó la Presidencia porque su caudal electoral no receptó los votos de los empresarios –la mayor parte de ellos afectados por un miedo infundado hacia él– ni tampoco los votos de todas las personas pobres y desfavorecidas; porque, como sabemos, muchas de las personas “pobres de dinero” prefirieron cambiar su voto por cincuenta mil pesos, y muchas “pobres de cerebro” optaron por creerse las mentiras de ciertos sectores.


Hoy, tres años después de eso, y ya al borde de las próximas elecciones, el abanico de simpatizantes se le ha expandido a Petro y, aunque los votos que suman su caudal electoral siguen siendo los de opinión, esta vez se prevé que no procederán solamente de los pobres advertidos y de los empresarios progresistas, sino que, también –¡quién lo creyera!–, entre otros, provendrán de muchas personas cristianas y católicas que, independientemente de lo que ordenen los curas y los pastores, en el 2022 votarán por Petro.


Igualmente, es posible visualizar cómo la ola de acción política petrista, disparada en las redes sociales por las y los jóvenes que no contestan las grandes encuestas, alcanzará su máxima cresta el día de las votaciones. Con los votos de las personas menores de 30 años –que antes desatendían las contiendas electorales–, los votos de opinión arrasarán, por fin, a los conseguidos por piratas y mafiosos. Se verá, por primera vez, al menos en la conducta política de los electores, cómo en Colombia los buenos son muchos más que la gente de bien.