¿A quién escucha el gobierno?

Por: Walter Aldana  Político social alternativo 


En la prehistoria surgieron civilizaciones para el relacionamiento de las personas, la ciudad, el Estado y el mercado: las tres varitas mágicas que, en unión con la tecnología y la escritura, permitieron el avance estos componentes de una coexistencia pacífica. Y fue la agricultura (no el extractivismo de los recursos naturales) lo que dinamizo lo que hoy se conoce como “desarrollo”.


Para nuestra hermosa América, los mayas se congregaron alrededor del centro ceremonial, pero nunca fueron un solo Estado. Se constituyeron en teocracias militares diversas, es decir que solo la descentralización permitía dar salida a las problemáticas caracterizadas como regionales.


En contravía a las lecciones de la historia, el Gobierno nacional pretende, con disciplina de perros, alinear todos los pensamientos disimiles de mandatarios y mandatarias de gobernaciones y alcaldías en relación al manejo del orden público. Mientras el poder central (que administra 2.600 metros más cerca de las estrellas y alejado de lo que pasa en las regiones) pretende, por ejemplo, levantar los bloqueos de vías a partir del uso de la fuerza bruta y las balas —combinándose presuntamente para tal fin Policía y “paraestados” civiles—, algunos mandatarios y mandatarias locales se la juegan por el dialogo y la constitución de mesas de concertación.


Por ello, llama la atención la expedición del decreto número 575 del 28 de mayo de 2021, denominado de “asistencia militar” y dado a conocer a altas horas de la noche (como cualquier acción de pillaje tras las sombras que esconden a lo ilegal). El zarpazo a la autonomía de las autoridades locales se produce desconociendo su carácter de funcionarios y funcionarias elegidas por votación popular.