A domesticar élites para garantizar la implementación: Carlos Montoya



Todos estamos de acuerdo en que los mandatarios locales deben hacer parte activa del proceso de implementación de acuerdos entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC, no solo en la fase de pedagogía, sino en concreto en la ejecución de los programas, planes y proyectos necesarios para el desarrollo de los Acuerdos de La Habana. No obstante, hoy resulta difuso el rol que tendrán las alcaldías y las Gobernaciones, más aun si se piensa en el historial de corrupción y malos manejos administrativos por parte de mandatarios locales y nacionales en los municipios y departamentos.

Hasta el momento no ha sido posible desentrañar el concepto de paz territorial, la tercera fase propuesta por Jaramillo se ha quedado en Bogotá y la estrategia de pedagogía para la paz ha sido insuficiente para dinamizar un diálogo en los territorios acerca de las implicaciones del proceso de paz. Los gobernadores y alcaldes poco conocen sobre el impacto territorial que tendrán los acuerdos, basta con revisar los planes de desarrollo propuestos por las autoridades locales y luego aprobados por concejos municipales, para darse cuenta de los vacíos que tienen estos con respecto a los acuerdos firmados en La Habana. Es decir, no existió sinergia entre las autoridades nacionales y locales para que se pudiera avanzar en estrategias concretas que apalancaran el proceso de paz desde los gobiernos locales.

A todo esto se suma el hecho de que existe el riesgo de que los interlocutores desde el Gobierno central sean los políticos regionales que históricamente han centralizado los recursos en los territorios para consolidar su poder político. Hasta el momento la paz territorial no ha dejado v