Tres días de la “Operación Furia Épica”, una guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, con aproximadamente 153 personas muertas en Irán, ataques en Baréin, Kuwait, Catar, Irak, Arabia Saudita, Omán, Siria, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Chipre (27 bases en total); evacuaciones masivas en el sur de Líbano, y sur de Beirut; tráfico marítimo detenido en el estrecho de Ormuz y la muerte del líder iraní Ali Jamenei, y de su sucesor el Ayatollah Alireza Arafi; intervención de Hezbolá en el Líbano y de Hutíes en Yemen.
Tres días en los cuales el gobierno de Donald Trump fuerza un cambio estratégico a nivel interno de Irán, pero con repercusiones a nivel regional y posiblemente mundial en el mercado de hidrocarburos. Esta escalada militar responde a una doctrina de seguridad de EE. UU. de coerción y fuerza armamentista que está cruzando líneas rojas en donde en la punta del conflicto vemos misiles de alta tecnología, ataques con drones, daños a bases militares y una conducción de capacidad militar nuclear; pero en el fondo hay un poderío geográfico y unas amenazas en el precio del petróleo.
Irán no es un actor común, allí se encuentra una de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta, que casualidad igual que en Venezuela, pero además Irán controla territorialmente el Estrecho de Ormuz por donde se transporta casi que el 30% del petróleo y gas mundial y pasan más de 20.000 buques al año; no hace falta un bloqueo total para que desde ya el mercado energético entre en alerta y genere una incertidumbre global, y esto lo deja ver que 3 buques fueron atacados cerca del Estrecho este fin de semana y a hoy empieza a subir un 10% el barril de crudo y el gas un 25%, ya hay una advertencia de Irán de que los buques no deben cruzar el Estrecho. Así que Irán le importa EE. UU. es por la energía y la presencia en el Golfo Pérsico, allí es donde está el verdadero poder de esta crisis en el Medio Oriente, y es la capacidad que tiene Estados Unidos, junto con Israel, de alterar la región y generar una tensión en los mercados petroleros que reaccionan al riesgo y disparan los precios, desencadenando un efecto domino en donde sube el precio del barril, y se inflan los mercados globales, convirtiéndose el petróleo en una herramienta de guerra, inclusive en un arma indirecta porque se sobrepasa el ataque a sitios de interés, como el ataque de la refineria Ras Tanura en Arabia Saudita, sino que se condiciona el mercado, porque un alta sostenida de crudo golpearía las economías de Europa y Asía y tensiona todas las cadenas productivas que dependen del petróleo.
También hay que hablar de que algunas economías se beneficiarían, entre ellas Colombia, que podría ver aumentos en sus ingresos si el precio se mantiene alto, aunque sea un beneficio temporal.
Surge una pregunta ¿esta guerra va a cambiar realmente el régimen de Irán? Y es que el escenario que se plantea mas real es que no, se modificarían los liderazgos. El Ayatollah Alireza asesinado y quien se presumía tomaría el control es de la misma línea radical que se ha mantenido, así que varios que están detrás del poder se quedarían esperando, que casualidad igual que en Venezuela, entre ellos el último Sha de Irán exiliado en EE. UU. – heredo del trono Pahlavi-; así que lo que seguiría es una nueva reacomodación interna de Irán en una misma línea de gobierno radical Islamista pero con muy buenas relaciones con Estados Unidos, y así Rusia y China perderían un aliado regional fuerte y Estados Unidos reordenaría la estrategia regional marcando un poderío en el tablero del Medio Oriente.
Esa no es solo una guerra de misiles o diplomacia, es una guerra de petróleo y poder regional y así se convierte en una guerra de expectativas: expectativas políticas, económicas, y a largo plazo, expectativas de vida. Que casualidad igual que en Venezuela.



