La bitácora electoral de PARES: así está el panorama político a seis semanas de las presidenciales

A seis semanas de la primera vuelta, la contienda presidencial colombiana entra en esa fase particular en la que los partidos dejan de simular neutralidad y empiezan a hacer cuentas. No es un secreto que, en este ciclo electoral, la decisión de respaldar a uno u otro candidato está menos atravesada por afinidades ideológicas que por los cálculos propios de la supervivencia política, en tanto quién garantiza curules, quién preserva la burocracia regional, quién permite que las estructuras locales sobrevivan al desgaste del gobierno Petro sin pagar un costo demasiado alto en 2027.

De allí que el reacomodo que estamos viendo esta semana no deba leerse solamente como un alineamiento programático, sino más bien como un ejercicio de ingeniería electoral que venía incubándose desde hace meses y que ahora se desata de forma casi sincrónica. A esto se suma un elemento que tradicionalmente no pesaba tanto en las contiendas colombianas, pero que en esta oportunidad ha tomado un protagonismo inusitado, que ha sido la intervención más o menos velada del Departamento de Estado norteamericano, quien empieza a jugar sus propias cartas en un tablero donde los equilibrios internos ya de por sí son bastante frágiles.

En esta entrega vale la pena detenerse en dos asuntos. El primero es el mapa de apoyos políticos que ya comienza a consolidarse, mientras que el segundo es la forma como Washington está decidiendo participar, no como espectador, sino como actor, en la política electoral colombiana.

—La mayoría de los partidos ya se echó al agua por sus candidatos

Tal y como preveíamos en nuestra entrega anterior, la mayoría de los partidos políticos están tomando postura frente a qué candidatura apoyar hacia la Presidencia de la República. De los 13 candidatos, solo 2 han recibido de manera masiva estos apoyos (Iván Cepeda y Paloma Valencia). También estas decisiones han generado fuertes cismas al interior de sus colectividades, siendo el caso del Verde el más grave en sus rupturas internas.

No es para menos. La decisión del Partido Alianza Verde fue apoyar, en su mayoría, las negociaciones para acercarse a la candidatura de Iván Cepeda. Esto es importante porque aún no es un apoyo tácito, pero sí demuestra, en cierto modo, el viraje que ha tomado la colectividad en los últimos años, siendo el campo de disputa entre los remanentes del bloque original mockusiano y las crecientes tendencias de centroizquierda progresista, que han emergido de la mano de Carlos Amaya, antiguo aliado de Claudia López, quien hoy juega sus cartas con las del gobierno nacional.

Esta decisión llevó al partido a aprobar la proposición de dejar en libertad a JP Hernández para que se escinda del movimiento y funde uno nuevo junto con algunos políticos verdes de derecha, así como a la propuesta de Angélica Lozano y Catherine Juvinao de también buscar la escisión para organizar una colectividad política que articule lo que queda del llamado “Claudismo”. En ambos casos, el partido estaría dispuesto a ceder.

Señalaba el reelecto senador, Ariel Ávila, en Revista Cambio, sobre la urgencia de darle un nuevo viraje al partido, al afirmar que figuras como Mockus ya no se encuentran en el mismo, por lo que es necesario abrir nuevas discusiones políticas e ideológicas al interior de la colectividad.

Si bien esta base mockusiana fue una de las que impulsó al partido fundado en 2007 con la personería jurídica de la Alianza Democrática – M19, es verdad también que el partido ha sido un campo de disputa entre la izquierda y la centroizquierda desde 2014, cuando la mayor parte del primer movimiento del hoy presidente Petro, “Progresistas”, terminó metido en ese partido para no perder su base electoral. De allí surgieron figuras como Angélica Lozano y se establecieron otras como Antonio Navarro, que terminaron luego renunciando al progresismo para moverse hacia el centro.

Ahora, en este escenario, queda claro que el partido dará un nuevo viraje hacia el progresismo. Por otro lado, Lozano y Juvinao aterrizaron en la campaña de Claudia López, mientras que Katherine Miranda terminó dando su respaldo a Paloma Valencia. JP Hernández, ahora con su propia personería jurídica, aun no canta su voto, pero está claro que estará entre Valencia y De la Espriella.

En las toldas liberales aún no sale humo blanco frente a sus apoyos. Lo que sí emergió fue una foto de María Paz Gaviria, hija del presidente del partido y excandidata al Senado, con Paloma Valencia. Aunque los liberales siguen en diálogos exploratorios para tomar su decisión, que la hija de César Gaviria haya decidido lanzar su apoyo, puede mostrar que la decisión de la dirección liberal tendería a ir hacia allá. Eso sí, también el senador Mauricio Gómez Amín lleva apoyando la campaña de Abelardo de la Espriella desde hace varios meses, y María Eugenia Lopera sigue cercana a las bases liberales que son progresistas. La decisión liberal debería llegar el próximo 20 de abril.

Los que sí se decidieron fueron los conservadores, que ya habían dicho la semana pasada que no apoyarían a Iván Cepeda. Luego de una reunión en el Capitolio Nacional con Paloma Valencia, los de Efraín Cepeda y Nadya Blel decidieron de forma unánime apoyar a la candidata uribista, con lo que Valencia cuenta ahora con la mayoría de los apoyos del Partido de la U y del Partido Conservador, con los que aspira a conquistar dos bastiones: el Valle del Cauca y la costa Atlántica.

De hecho, Valencia, según un análisis de La Silla Vacía, estaría apalancada en el voto conservador para recuperar terreno en la Costa, donde Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda estarían compitiendo por movilizar el voto hacia Gustavo Petro en 2022, y que ahora mismo se encuentra huérfano. También Héctor Olimpo Espinosa, del Partido Liberal, ha buscado que su partido se decline por Valencia. Hay que recordar que Espinosa tiene estructura política en Sucre, mientras que, en el Magdalena, Valencia busca impulsarse con el apoyo del alcalde de Santa Marta, Carlos Pinedo, quien tiene un representante a la Cámara de su grupo político con el aval del Centro Democrático.

Cambio Radical también tomó una decisión de fondo y, a diferencia de los tradicionales, permitirá que sus bases y congresistas apoyen cualquier candidatura. Esto permite que el partido, que estaba dividido entre los seguidores de Valencia y el clan Char, que está declinado hacia Abelardo de la Espriella, quede bien con cualquiera de las dos opciones hacia la segunda vuelta. También le permite movilizar maquinaria política, especialmente en Barranquilla y el Atlántico, donde el Pacto Histórico logró poner dos representantes y donde se espera que Cepeda tenga una alta afluencia de votantes.

Con esto, se suma la decisión del Partido de la U de apoyar a Paloma. Siendo así, la candidata del Centro Democrático se está quedando con el apoyo de un partido tradicional (Conservador), un partido de base santista (Partido de la U) y una buena parte del partido de Germán Vargas Lleras (Cambio Radical). Valencia espera también recibir el apoyo de los liberales pronto.

Por su parte, De la Espriella indicó el pasado domingo 12 de abril, en entrevista con Vicky Dávila en Semana, que había recibido varios mensajes de políticos y figuras importantes de los partidos para reunirse y concretar algunos apoyos y que a todos los había rechazado. En especial, habla de cómo Alfredo ‘Ape’ Cuello lo buscó y su forma de rechazarlo. De la Espriella ha sido muy reticente a buscar el apoyo de la mayoría de los partidos, siguiendo el mismo libreto que construyó Milei para llegar a la Presidencia de Argentina, esta vez, bajo el argumento de los “nunca” como forma de movilizar el voto antipolítico en Colombia.

Iván Cepeda recibió, al corte de este artículo, el apoyo del Movimiento Nacional de Víctimas y el de la candidatura de Óscar Benavides, el congresista afro que le ganó en este ciclo electoral la curul especial a Miguel Polo Polo. Ambos apoyos tienen relevancia, en tanto son gestos simbólicos de comunidades racializadas y del movimiento de víctimas con la campaña de Cepeda. Y, aunque es cierto que es complicado contabilizar el voto que impulsan los movimientos sociales, sí es verdad que Benavides tiene una buena base electoral, que se ubica sobre 150 mil votos.

—Estados Unidos lanzó una nueva advertencia sobre Colombia

En la última semana se conocieron unas imágenes donde presuntamente estaban amenazando a Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, quienes, en la actualidad, se ubican detrás de Iván Cepeda como los candidatos más opcionados a ganar la Presidencia de la República.

Según los múltiples reportes, los candidatos recibieron unas coronas fúnebres con las cuales buscaban intimidarlos. Sin embargo, las amenazas contra los candidatos, al parecer nunca existieron y las imágenes difundidas en redes sociales, cuentan con ediciones o alteraciones. Pese a esto, ambos candidatos levantaron injurias y señalaron al gobierno del presidente, Gustavo Petro, de no brindarles las garantías electorales ni las garantías debidas de seguridad.

Ahora bien, lo problemático del caso, va más allá de las amenazas o señalamientos que están haciendo los candidatos de la derecha contra la administración del presidente de la República, el problema está en la injerencia que se podría estar presentando por parte de los Estados Unidos y el gobierno del presidente Donald Trump, el cual cuenta con varios aliados de la derecha colombiana.

En un comunicado del pasado martes 14 de abril, el Departamento de Estado de los Estados Unidos alertó con profunda preocupación la falta de garantías electorales en el sistema colombiano. Según el portavoz del gobierno norteamericano señaló que “La administración Trump está profundamente preocupada por los recientes reportes de amenazas contra los candidatos presidenciales colombianos Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella”.

Según el Departamento de Estado, son los grupos armados y las organizaciones narcoterroristas los responsables de esta intimidación que están viviendo los candidatos presidenciales opositores.

La situación que no ha logrado esclarecerse le pone nuevos tintes a la campaña presidencial, por un lado, los candidatos opositores cuestionando al gobierno del presidente Petro y enarbolando, una vez más, la bandera de Miguel Uribe, candidato presidencial asesinado a mediados de 2025.

Un caso bastante bajo, pero que se ha vuelto una bandera de la campaña de la derecha que ha utilizado e instrumentalizado la imagen de Uribe Turbay para hacer una campaña que estaría girando sobre la desinformación. Es claro que el gobierno del presidente Petro tiene cierto grado de responsabilidad de omisión ante las amenazas que recibió el entonces candidato, pero aún no existen pruebas materiales de cualquier tipo de relación entre el gobierno y el atentado, ni con presidente Petro ni mucho menos con el candidato de la izquierda, el senador Iván Cepeda.

También alerta nuevamente la potencial intervención que puede hacer Estados Unidos en la contienda electoral colombiana, en tanto puede estar profundamente viciada por el lobby político que ejercen los candidatos de la derecha con los funcionarios estratégicos del gobierno del presidente Trump.

—A modo de cierre:

A seis semanas de las elecciones presidenciales en Colombia, el mapa político está quedando mucho más claro. La mayoría de los partidos tradicionales llegan a las campañas de Valencia y De la Espriella con el reto de movilizar el voto de estructura, en una elección donde no existen suficientes incentivos para impulsarla y los costos políticos son altos. De hecho, el principal reto es asegurar que las estructuras sí se movilicen, pues muchos de estos apoyos terminan siendo vocales al no existir movilización de recursos masivos o capacidad de acceso a burocracia regional, que es lo que termina moviendo en muchos casos este tipo de maquinaria en elecciones regionales o a Congreso.

También es claro que estos apoyos buscan voltear tendencias en regiones como el Valle o la costa, que se han convertido en bastiones electorales del progresismo desde 2022, al menos en el marco de elecciones nacionales. Valencia espera que tanto la estructura de Dilian Francisca Toro, como las estructuras conservadoras en la costa tengan suficiente capacidad de movilización para superar tanto a Cepeda como a De la Espriella, aunque es bien sabido desde el ciclo electoral de 2022 y 2018 que en estas regiones el voto uribista es más bien escaso.

Por ahora, solo queda esperar la decisión que el Directorio Nacional Liberal tome, para organizar de primera mano cómo este apoyo se puede traducir en bancadas en el Congreso, aunque con las que se han cantado está claro que Valencia parte con ventaja en gobernabilidad, al sumar el apoyo de la mayoría de los partidos que hoy son independientes o están en oposición al gobierno Petro. Aquí, el reto de Valencia es construir una bancada que pueda ser igual o más grande que la que tuvo Petro en 2022. Esto, con la finalidad de tener mayorías amplias que le permitan retrotraer la mayoría de las reformas del gobierno e implementar la suyas propias, que ahora mismo giran sobre la agenda de salud.

Noticias al Minuto

* Las opiniones, análisis, interpretaciones y posturas expresadas en los informes, artículos y contenidos publicados en este espacio son responsabilidad exclusiva de sus autores e investigadores.

La Fundación Paz y Reconciliación (PARES) no necesariamente comparte, adopta ni se compromete institucionalmente con dichas posiciones.

Estos contenidos se presentan en el marco del ejercicio de investigación, reflexión académica y debate público, con el propósito de aportar a la comprensión de las realidades sociales y políticas del país.

Picture of Oscar A. Chala y Diego Alejandro Pedraza

Oscar A. Chala y Diego Alejandro Pedraza

Investigadores de la Línea de Democracia y Gobernabilidad