¿Quién es Gustavo Petro?

Por: Camilo Díaz Suárez, Investigador nacional

Línea de Democracia y Gobernabilidad


Gustavo Petro Urrego es el ganador de la segunda vuelta presidencial en Colombia, con 11’226.150 votos, el 50,47% de la los votos, según el 99% del escrutinio de la Registraduría Nacional. El electo presidente tiene 62 años y cuenta con una trayectoria de vida y política que lo ha posicionado como el actor que modificó el escenario político del país en 2018 y ahora en 2022.

Durante toda su vida ha trabajado para llegar hasta este momento, desde que en su adolescencia empezó a formar su ideario político, que lo llevaría a militar en el M-19, al exilio, al Congreso, a la Alcaldía de Bogotá y a aspirar a la presidencia de Colombia en tres oportunidades, siendo escogido finalmente este 19 de junio de 2022.


Los orígenes de Gustavo Petro

Nació en Ciénaga de Oro, Córdoba, pero con 9 meses llegó a Bogotá. Vivió su infancia viviendo en diferentes barrios de la ciudad, mientras que su adolescencia la pasaría en el municipio de Zipaquirá, Cundinamarca, por un traslado laboral de su padre. En dicho municipio estudió en el colegio San Juan Bautista de La Salle.


En Zipaquirá vivió dos hechos que se convertirían en las raíces de su pensar político. El primero de ellos fue evidenciar la desigualdad social en su colegio; mientras que el segundo fue el robo de las elecciones a Gustavo Rojas Pinilla, puesto que su mamá hizo parte de la Alianza Nacional Popular (Anapo). De esta forma, empezó a tomar una conciencia de justicia social, que fue reforzando con distintos acontecimientos de la época y en un grupo de estudio del que hizo parte, que era dirigido por el Partido Comunista de Colombia (PCC). Así, empezó a ser consciente de los movimientos campesinos, sindicales y estudiantiles de la década de los años 70.


Por esa época, movimientos estudiantiles de Bogotá llegaron a formar círculos de estudio en Zipaquirá, uniéndose Petro a uno de ellos. A su vez, en 1974 surge el Movimiento 19 de Abril (M-19), conformado por exdirigentes de la Anapo y disidentes de la guerrilla de las FARC, que adoptaron la estrategia urbana de guerra de guerrillas de los Tupamaros de Uruguay. Con la popularidad creciente del M-19 en zonas marginales de las ciudades, Zipaquirá vio células nacer de la mano del exlíder de la Anapo en el municipio, Everth Bustamante.

Con esa influencia, en su último año de bachillerato fundó, junto con otros compañeros, el grupo JG3. Su propósito era impulsar la “revolución” y organizar el movimiento sindical de Zipaquirá. Así, nació la organización llamada Intersindical, que juntaba a todos los sindicatos del municipio. Por ello, fueron considerados para ser parte del M-19 en Zipaquirá.

Mientras eso pasaba, Petro, por sus buenas calificaciones y buen desempeño en el Icfes, logró entrar a estudiar Economía en la Universidad Externado de Colombia. Fue en su segundo año de estudio universitario que decidió, oficialmente, hacer parte del primer comando del M-19 en Zipaquirá.

Personero, concejal, guerrillero clandestino y firmante de paz: su militancia en el M-19


Algo que sostuvo a Petro para inclinarse por el M-19 fue su orientación democrática y no socialista. Su ingreso a esta guerrilla coincidió con el mandato de Julio Cesar Turbay Ayala (1978-1982), que se caracterizó por una profunda represión social, bajo la idea de la Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos que, en el marco de la Guerra Fría, impulsó en sus países de influencia la represión a las amenazas de revolución comunista.

Esto llevó a una fuerte persecución, que terminó en la captura de varios altos mandos del M-19. La guerrilla tuvo que empezar a reforzar entrenamientos en técnicas de clandestinidad y resistencia a la tortura. Uno de los duros “golpes” del M-19 fue el robo de 5.000 armas del Ejército Nacional en el Cantón Norte, algunas de estas se guardaron en San Cayetano, Cundinamarca, lo que llevó a darle relevancia a la columna en Zipaquirá, que se llamó José María Melo. Además, ante la represión de Turbay, el M-19 tomó una postura más rural y armada en el Caquetá.

En ese escenario, en 1980 Gustavo Petro fue nombrado personero de Zipaquirá, mientras el comando al que pertenecía se distanció del M-19 rural, liderado por el comandante general Jaime Bateman. Aislados del M-19, el comando de Zipaquirá continuaba su accionar urbano e intentó comenzar una lucha política en la legalidad en el municipio. Con ello, se creó la organización política Carta al Pueblo, que decidió aspirar a las elecciones al Concejo de Zipaquirá en 1982, logrando elegir a Bernardo Chinchilla.


Entre las acciones que empezaron a tomar como organización estuvo la construcción del barrio Bolívar 83, mientras Petro era el personero del municipio. La construcción se levantó en unos terrenos que pertenecían a la iglesia de Zipaquirá y que fueron ocupados por miles de personas impulsadas por el movimiento Carta al Pueblo y el mismo Petro, que se encargó de explicarles sus derechos a los fundadores del barrio y la manera de luchar por ellos. Como fue una invasión, desde la institucionalidad los desalojaron, pero ante el descontento que se había suscitado por el desalojo, el municipio terminó por donar los terrenos en los que se construyó el barrio.


Por esa acción Petro fue expulsado del M-19. Es en ese momento, en 1984, cuando decidió lanzarse como concejal de Zipaquirá, alcanzando 800 votos y ocupando su primer cargo de elección popular. Con la organización política Carta al Pueblo creó una red de coordinadores de movimientos regionales, con lo que volvería al M-19 y, por su relevancia en el mundo de la legalidad, fue uno de los firmantes del cese al fuego en Corinto, Cauca, promovido por Belisario Betancourt.


Sin embargo, la Operación Garfio del Ejército, que pretendía desplazar al M-19 del Campamento de La Libertad, ubicado en la verdad Yarumales en Corinto, puso en jaque el cese al fuego. La orden del Ejército era la captura de integrantes públicos del M-19. Incluso, el Ejército patrullaba el barrio Bolívar 83 constantemente, lo que llevó a que Petro fuera capturado en 1985 y llevado a la Escuela de Caballería en el Cantón Norte. Allí, como se pudo saber después, sufrió tres semanas de diversos tipos de tortura física, para que diera alguna información del M-19. Luego de estas tres semanas, los militares pidieron un médico de la Procuraduría para valorarlo, quien sostuvo que el preso había tenido un buen trato. Más tarde, en 1986, un tribunal militar sentenció a Petro a dos años de cárcel, que pagó en La Modelo, la cárcel de Ibagué, la de Zipaquirá y La Picota. Durante su estancia en la cárcel sucedió la toma del Palacio de Justicia.


Tras su salida de la cárcel fue acogido de nuevo por el M-19 y, en el Congreso de los Robles, fue ascendido a la dirección nacional, implicando para él una clandestinidad total, que vivió en Santander. En la zona no tuvo mayor trascendencia, ya que había una alta presencia de paramilitares, el ELN, las FARC y el EPL. Intentó fundar un frente militar en el sur del Cesar, sin mucho éxito.


Fue capturado de nuevo en Barrancabermeja, con panfletos del M-19. En ese momento, se movilizaba con una identidad falsa, porque tenía una orden de captura en su contra por pertenecer a la dirigencia del M-19 y fue recluido en la cárcel del municipio: La Tigrera. En 1988 fue liberado, sin que las autoridades se percataran de que lo habían capturado a él.


De ahí saltó a Ibagué, Tolima, donde empezó a impulsar una negociación de paz del M-19, para lo cual se reunió con políticos del departamento y la dirigencia de varios grupos armados. Luego de tomar impulso, el gobierno de Virgilio Barco buscó un acuerdo paz con Carlos Pizarro, el entonces comandante general del M-19.

Pese a que Pizarro se mostró reticente al comienzo, finalmente se decantó por hacer un acuerdo de paz, que Gustavo Petro comunicó a la opinión pública con el llamado “Comunicado de Ortega”. Así, el 9 de marzo de 1990 se firmó la paz y el M-19 dejó las armas. Virgilio Barco, mediante la Ley 77 de 1989, autorizó indultos a sus integrantes. Sin embargo, varios puntos acordados en el acuerdo de paz se cayeron en el Congreso, por lo que Pizarro renegoció algunos temas, entre los que quedó acordada una Asamblea Nacional Constituyente.

Gustavo Petro, el exiliado

Con la dejación de las armas, el M-19 inició una lucha política en la legalidad, constituyendo el movimiento Alianza Democrática M-19, con el que se lanzaron a la Alcaldía de Bogotá, aspiración en la que Pizarro sacó 70.000 votos, preparándose para lanzarse a la presidencia de la República, teniendo como candidato al mismo Pizarro. Carlos Pizarro fue asesinado en 1990 en medio de lo que fue una ola de atentados en contra de aspirantes a la presidencia. Mientras tanto, Petro, al ser uno de los pocos miembros con experiencia política, estaba siendo coordinador de la campaña. Tras la muerte de Pizarro, el movimiento decidió lanzar como candidato a Antonio Navarro, quien consiguió cerca de 700.000 votos.

Pese a no conseguir la presidencia, con el llamado de una Asamblea Nacional Constituyente la Alianza Democrática M-19 logró 19 de 70 constituyentes. Además, se acordó hacer una alianza con el movimiento conservador de Álvaro Gómez Hurtado, Movimiento de Salvación Nacional, el cual les daba una mayoría en la asamblea. Pero, como sostiene Petro, lo que le tocó ceder a los constituyentes del M-19 con el Partido Liberal, marcó el fin del movimiento, que en las elecciones legislativas de 1991 solo logró 9 curules.


En esas elecciones legislativas Gustavo Petro se lanzó como representante a la Cámara por Cundinamarca, resultando elegido. Durante su primer periodo como congresista, realizó debates como el de la privatización de Álcalis de Colombia, que se encargaba de la transformación química de la sal. En 1994, junto con José Cuesta, otro militante del M-19, decidieron impulsar la candidatura a la Alcaldía de Bogotá de Antanas Mockus. Con este antecedente intentaron configurar un nuevo movimiento popular y aspirar a las elecciones legislativas de 1994, pero se quemaron y el M-19 solo logró una curul.


Esto se dio en un contexto en el que estaba ocurriendo el asesinato sistemático de integrantes de la Unión Patriótica, y Petro fue amenazado públicamente por un grupo llamado Colsingue. Ante este panorama, y ante la amenaza sobre su vida, César Gaviria decidió nombrarlo en un cargo diplomático en Bruselas, como refugiado. Durante su estancia en ese país, Petro entró a la Universidad Católica de Lovaina para estudiar un diplomado en Medio Ambiente y Desarrollo Poblacional.

Petro hizo parte del cuerpo diplomático del entonces embajador de Colombia en Bélgica, Carlos Arturo Marulanda, quien, posterior a su renuncia en 1996, en 2002 fue capturado y extraditado de España a Colombia por el delito de desplazamiento forzado. Aunque fue liberado el mismo año de su extradición, en 2014 la Unidad de Justicia y Paz pidió que fuera investigado de nuevo por estos hechos. Debido a la renunica de Marulanda, en 1997 Petro también renunció a su cargo diplomático para regresar a Colombia.

El Congresista

Tras su regreso a Colombia lanzó su aspiración a la alcaldía de Bogotá en 1997 por la Alianza Democrática M-19, alcanzando apenas 7.000 votos. Tras esa derrota, aspiró al Senado, junto con Antonio Navarro como fórmula para la Cámara de Representantes en 1998, por el movimiento Vía Alternativa. Con esa fórmula lograron ser la lista más votada en Bogotá, alcanzando cerca de 150.000 votos. A partir de ese momento, Petro consolidó su reconocimiento político a nivel nacional.

Su relevancia como parlamentario se ha dado por los distintos debates que ha hecho en contra de hechos de corrupción y, fundamentalmente, por denunciar la parapolítica. Una de sus primeras denuncias fue el favorecimiento a amigos de Andrés Pastrana en el caso del manejo de la crisis y posterior intervención del Banco del Pacífico. Además, en Bogotá empezó a ganar mayor reconocimiento por debates que propuso como el de la discusión de la expansión urbanística del norte de la ciudad.


En 2002 se bajó a la Cámara de Representantes en la circunscripción de Bogotá, también por el movimiento Vía Alternativa. En el 2006 regresó al Senado, esta vez por el Polo Democrático Alternativo, teniendo la tercera votación más alta en el país, con 143.443 votos.


Fue nombrado en varias ocasiones como el mejor congresista, resaltando su labor legislativa y, sobre todo, los debates que propuso. Quizás, los más relevantes, y que lo catapultaron políticamente, fueron los que realizó sobre la parapolítica. En 2005 denunció que en Sucre la clase política estaba aliada con los paramilitares. Señaló a varios políticos de Sucre como Salvador Arana, exgobernador de ese departamento y entonces embajador de Colombia en Chile, y quien efectivamente fue condenado por su responsabilidad en crímenes cometidos por paramilitares.


Pero fue en 2006, siendo de nuevo senador, que dio a conocer 2.000 nombres de dirigentes antioqueños vinculados con los grupos paramilitares, diez de ellos congresistas en ese momentos y ex congresistas. Además, develó que Santiago Uribe Vélez, hermano del expresidente Álvaro Uribe, fue uno de los gestores de “Los Doce Apóstoles”.

Sumado a ello, fue uno de los primeros que denunció los falsos positivos realizados por el Ejército durante el gobierno de Álvaro Uribe. Incluso, uno de sus últimos debates fue sobre las persecuciones a la oposición en el marco de las chuzadas adelantadas por el antiguo Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).

Con su labor de control político ganó un gran reconocimiento público, con el que decidió su siguiente aspiración: la alcaldía de Bogotá.

La aspiración fallida a la presidencia y su impulso a La Bogotá Humana

El paso previo a convertirse en alcalde de Bogotá fue su candidatura a las elecciones presidenciales del 2010. Sentó las bases con Antanas Mockus, con quién se planteó la idea de salir del Polo y fundar un nuevo partido. Así, nació el Partido Verde, que fundaron junto con Lucho Garzón. Pero con la inclusión de Enrique Peñalosa al partido, Petro decidió volver al Polo y ser su candidato presidencial, elegido en una consulta interna en la que se enfrentó a Carlos Gaviria. En esas elecciones sacó 1.329.515 votos.

Durante aquéllas elecciones Petro sintió que no tuvo el apoyo total de su partido y, además, tomó la decisión de denunciar a los hermanos Moreno Rojas por el “Carrusel de la Contratación” en Bogotá. De esta manera salió del Polo y fundó el movimiento Progresistas. Con este movimiento, impulsando la idea de la “Bogotá Humana”, quedó elegido con el 30% de los votos, cerca de 732.000, en unas elecciones que tuvieron una abstención de alrededor del 60%. Además, su movimiento consiguió 8 de las 45 curules en el Concejo de Bogotá.

Este fue el primer reto de gobernabilidad que enfrentó Petro en su trayectoria. Pese al éxito del movimiento Progresistas, la bancada mayoritaria en el Concejo de Bogotá fue de oposición. Esa relación con el Concejo llevó a que la alcaldía de Gustavo Petro tuviera una crisis de gobernabilidad. Nada más, con la oposición que tenía, tuvo que aceptar cerca de 600 modificaciones a su Plan de Desarrollo para que fuera aprobado por el Concejo.

La mala relación con los concejales de Bogotá llevó al hundimiento de diferentes propuestas, como la modificación al Plan de Ordenamiento Territorial (POT), la modernización tributaria, la creación de la empresa Metro, vigencias futuras para colegios en concesión, la eliminación de corridas en la Plaza de Santamaría, entre otras.

Su crisis más grande se dio con el esquema de Basura Cero de recolección de residuos que intentó implementar. Con este, le quitó a operadores privados la recolección de basuras, que llevó a que durante tres días en Bogotá no hubiera recolección, llevando a un crisis ambiental. Eso llevó a que la Procuraduría lo destituyera e inhabilitara por 15 años. Ante ese escenario, Petro acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que le concedió medidas cautelares para dejar sin efectos la decisión de la Procuraduría por la violación de los derechos políticos del exalcalde de Bogotá.

A partir de lo anterior, el Tribunal Superior de Bogotá aceptó una tutela que pedía aplicar las medidas cautelares de la CIDH, llevando a que el entonces presidente, Juan Manuel Santos, tuviera que restituir en la alcaldía a Gustavo Petro. Además, las investigaciones por estos hechos que adelantaron la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía fueron archivadas.

Esa crisis de gobernabilidad llevó a que en 2015, terminando su mandato, Petro tuviera apenas una favorabilidad del 18%. En temas de gestión enfrentó varios desafíos. De acuerdo con una investigación del Nuevo Siglo, Petro habría cumplido con el 57,1% de su plan de desarrollo. Se destacó en un buen desempeño de los indicadores económicos, educativos, medio ambiente y cultura; mientras que en la seguridad y la movilidad no se destacaron tanto.


Una vez terminado su mandato en la Alcaldía de Bogotá, tomó la decisión de aspirar a la presidencia de Colombia. Mientras llegaban las elecciones, tras su apoyo a la candidatura de Juan Manuel Santos en 2014, impulsó el plebiscito por el Acuerdo de Paz. Con esa bandera, empezó a impulsar su candidatura para el 2018.


En un comienzo, defendiendo la idea de la paz, quiso apoyar la candidatura de Humberto de la Calle, pero no quería tener relación con el Partido Liberal. Con la intención de buscar acuerdos, habló con otros políticos como Claudia López, Angélica Lozano y Antonio Navarro. Se exploró la posibilidad de hacer una consulta y lanzar listas conjuntas al Senado. La consulta se había planteado entre Sergio Fajardo, Claudia López y Petro. Pero, con la adhesión de Claudia a la candidatura de Fajardo, este último decidió no hacer una consulta con Petro, quien terminó haciendo una con el exalcalde de Santa Marta, Carlos Caicedo.


La consulta entre Caicedo y Petro recibió el nombre de Inclusión Social por la Paz y recibió cerca de 3 millones 500 mil votos, repartidos en 2.845.108 para Petro, por el movimiento Colombia Humana, y 514.382 para Caicedo, por Fuerza Ciudadana. Con estos resultados, Petro se consideró a sí mismo como una opción real para la presidencia, ya que hasta entonces estaba considerando apoyar la candidatura de Humberto de la Calle.


Así, llegó la primera vuelta presidencial en la que tenía como fórmula presidencial a Ángela María Robledo. A partir de una estrategia de campaña de llenar plazas, consiguió la segunda votación más alta de la izquierda en primera vuetla presidencial: 4.851.254 votos, pasando a segunda vuelta con el candidato del Centro Democrático, Iván Duque.


Sin lograr el apoyo del otro candidato alternativo de esas elecciones, Sergio Fajardo, que también había conseguido más de 4 millones de votos, se enfrentó a una segunda vuelta en la que sus opositores utilizaron un discurso que caló mucho en la ciudadanía: la amenaza de que Colombia se iba a volver Venezuela, en un momento en el que el país vecino vivía sus puntos más críticos.

La crisis de Venezuela fue utilizada para infundir miedo y conseguir apoyo electoral, una estrategia a la que Gustavo Petro respondió desligándose de cualquier cercanía con Venezuela y refutando la idea. Sin embargo, no lo logró con suficiente éxito, por lo que en la segunda vuelta presidencial perdió con 8.034.189 de votos (41,81%) frente a 10.373.080 de votos (53,98%) de Iván Duque. Una vez más, la votación más alta de un candidato de izquierda en Colombia.

Al lograr el segundo puesto en las votaciones presidenciales, de acuerdo al Artículo 24 del Estatuto de la Oposición (Ley 1909 de 2018), le correspondió una curul en el Senado. Si bien no quedó elegido presidente, fue una gran victoria de cara al 2022. Además de los 8 millones de votos que consiguió en segunda vuelta, ocupó 4 curules en Senado y 2 en Cámara con la lista de la Decencia, que él impulsaba.

Con su idea de ocupar el cargo ejecutivo más importante de Colombia, para las elecciones presidenciales del 2022 volvió a inscribirse como candidato. Formó una coalición de partidos y movimientos de izquierda y centro izquierda, que recibió el nombre de Pacto Histórico, en la que están partidos como la Unión Patriótica, el Polo y Colombia Humana.

Tras una estrategia más sólida de cara a las elecciones legislativas y presidenciales, Petro logró construir una sola marca para sus listas de Congreso, la consulta presidencial y la primera vuelta. El primer golpe de éxito lo tuvo en las elecciones legislativas del pasado 13 de marzo, en las que el Pacto Histórico consiguió ser la lista más votada para Senado, ocupando 19 curules, y la segunda en Cámara, con 25 curules. Esto representó un saltó grande e inesperado respecto al 2018. Además, hizo una consulta interpartidista que sacó 5.573.844 de votos válidos, de los cuales obtuvo 4.487.551, posicionándose como candidato único de la coalición.

De esta manera, tras una larga lucha por lograr un fin político, que implica las transformaciones estructurales que desde su época en el M-19 ha buscado, Gustavo Petro busca ocupar la Presidencia de la República, como el primer presidente de la izquierda en Colombia, en uno de los escenarios más complejos de la política nacional, regional e internacional actualmente.

Petro vs. Petro


Algo que ha caracterizado la trayectoria política de Gustavo Petro es su personalidad cerrada y egocéntrica, que ha llevado a varios alejamientos y renuncias de aliados políticos suyos en diversos momentos. Como sostuvo el economista y filósofo colombiano Salomón Kalmanovitz Krauter, Petro es alguien egocéntrico, autoritario y voluntarioso.

Su ego ha estado excusado, hasta el momento, en perseguir su fin, englobado en la idea de justicia social en Colombia. Esa lucha perpetua que ha tenido Petro desde su adolescencia hasta esta contienda presidencial es la que considera tiene que llevar a cabo. Eso llevó a que en varios momentos, prefiriera enfrentarse a partidos políticos en los que militó o a aliados políticos.

Durante su militancia en el M-19, Petro mostró que no cedería a sus principios bajo ninguna circunstancia. Él era del ala política de la guerrilla y creía que la vida política era el rumbo que se debía tomar, mientras que otros dirigentes le apostaron a la insurrección. Eso llevó a que Petro no fuera cercano con la dirigencia del M-19 e, incluso, no fuera de los afectos de Carlos Pizarro.


Cuando ingresó a la vida política de la mano de la Alianza Democrática M-19 tampoco estuvo de acuerdo con la forma en la que se pretendía lograr los objetivos políticos, lo que llevó a que fundara su propio movimiento, Vía Alternativa. Con este movimiento conformaría después el Polo Democrático Alternativo, en el que empezaría a notarse aún más el poder de su ego.


Desde la perspectiva de Carlos Gaviria, el máximo referente de la izquierda colombiana en la década de los 2000, el ego de Gustavo Petro era algo que impedía la unión. Según Gaviria, Petro pretendía primar sus intereses sobre los del partido. Eso llevó a una profunda división al interior del Polo, que se hizo evidente en la lucha interna por escoger un candidato presidencial para las elecciones del 2010. Luego de no ser escogido presidente de la colectividad en el 2010 y de denunciar el “Carrusel de la Contratación”, Petro renunció al Polo. Tras salir del Polo, terminó enemistado con otros dirigentes del partido como Jorge Enrique Robledo, quien incluso sostuvo que la renuncia se debía solo a que no había sido elegido presidente del partido.

Con los disidentes del Polo, fundó el movimiento Progresistas, del que hicieron parte personalidades políticas como Carlos Vicente de Roux, Antonio Navarro Wolf y Angélica Lozano, quienes se apartaron de Gustavo Petro luego de su mandato como alcalde de Bogotá. De hecho, siendo alcalde, para el 2013, le habían renunciado 15 altos funcionarios del distrito, en su gran mayoría por su relación con Petro. A esto se suma, como ya se mencionó, la mala relación que mantuvo con el Concejo Distrital, con el que no consiguió llegar a acuerdos y sostuvo una notable enemistad.


Ese talante egocéntrico, e incluso autoritario, le siguió alejando de aliados políticos después de su alcaldía. Por poner otros ejemplos, Carlos Caicedo, con quien hizo la consulta interpartidista en 2018 para la presidencia, lo catalogó como alguien soberbio y de un gran ego. De igual forma, Ángela María Robledo, fórmula vicepresidencial de Petro en el 2018, renunció a la Colombia Humana en su momento, resaltando la falta de autocrítica de Petro.

Pese a que a lo largo de su trayectoria ha tenido el apoyo de personalidades políticas importantes como aliados, Petro se ha empeñado en continuar su forma de hacer las cosas, así eso le implicara perder a tales aliados. Pareciera que Petro hubiera tenido una forma schmittiana de ver la política, en considerar al otro como enemigo, creando un “nosotros” y un “ellos”, visión según la cual, si no están totalmente con él, están contra él.

Sin embargo, luego de su derrota presidencial en 2018, de cara al 2022, pareciera que entendió que, para lograr un triunfo, debía transformar sus nociones sobre enemistad. Casi como si se tratara del agonismo político de Chantal Mouffe, Petro cambió la noción de enemigo en adversario, no viendo al “oponente un enemigo a batir, sino un adversario de legítima existencia y al que se debe tolerar”.


A diferencia de lo hizo en su trayectoria política, en su mandato como alcalde de Bogotá y en su campaña presidencial de 2018, momentos en los que siempre riñó con sus opositores, para la campaña de 2022, bajo su idea del Pacto Histórico, aceptó a políticos de diversos sectores, siendo incluso varios de ellos cuestionados.

Quizás, cediendo a la idea de que la justicia social que él pretende se debe construir sin aquellos que han estado en el poder, para esta contienda presidencial aceptó y buscó el apoyo de políticos y partidos tradicionales.


Esto llevó a que, como señaló la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), aceptara el apoyo de seis clanes políticos con amplios cuestionamientos y que se han mantenido en el poder en sus regiones: el clan Julián Bedoya, clan Amín-López-Calle, clan Jaramillismo, clan Villamizar- García, clan Álvaro Pacheco y el clan Sánchez Montes de Oca. De igual forma, abrió las puertas para que hicieran parte de su campaña políticos que han apoyado al uribismo y al santismo, como Armando Benedetti y Roy Barreras, a la vez que buscó el apoyo de César Gaviria y el Partido Liberal.


Estos apoyos parecieran indicar que el mismo Gustavo Petro entendiera que tenía que ceder frente a ciertas posturas, para poder llegar a gobernar. Esa misma idea, en un eventual gobierno suyo, la deberá seguir aplicando, ya que en el Senado cuenta con el apoyo de solo 30 de los 108 senadores y en la Cámara cuenta con solo 47 de los 172 representantes.

Si el ego de Petro se sigue imponiendo, se va a enfrentar a un desafío de gobernabilidad como lo tuvo mientras fue alcalde de Bogotá. Enemistarse con el Congreso y tener una mala relación con su gabinete de gobierno afectará su eventual gestión como presidente. Así que a Petro le va a tocar llegar a concesos, en los que deberá dejar de lado el ego que lo ha caracterizado, para poder gobernar.