• Laura Natali Cano Murillo

Dilian Francisca Toro y Cielo Gnecco: baronesas que han sido soporte de poderosos clanes políticos

Por: Laura Cano

Periodista Pares


El debate para que el país sea paritario dentro de las esferas políticas y de entes de toma de decisiones ha sido largo y constante, y aunque se han dado pasos hay una realidad que se espera que no se repita en las próximas elecciones: las mujeres baronesas como las que ocupan la política en el país, bajo la idea de las cuotas de género.

Como se mencionaba en el informe Baronesas electorales en Colombia, las baronesas son: “Mujeres tradicionalmente cisgénero y heteronormadas que, en el marco de las dinámicas políticas colombianas, han heredado caudal económico, político, clientelar y electoral de manos de algún padre, hermano, primo, tío y/o esposo. Generalmente, se convierten en herederas luego de que los hombres que originariamente ostentaban este caudal fueron condenados por la justicia y/o murieron. Sin embargo, esta denominación también hace referencia a mujeres que han construido un caudal propio, sin haberlo heredado de alguien más, aunque estos casos sean excepcionales. En cualquiera de las dos circunstancias, es interesante comprender que son mujeres que, en el marco de su ejercicio político y de poder, han tenido que adoptar comportamientos y actitudes tradicionalmente asociadas a lo masculino y a la práctica masculinizada de la política colombiana”.

De acuerdo con las investigaciones realizadas por la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), para las próximas elecciones legislativas de 2022 en Colombia, de 2432 candidaturas, solamente 929 son mujeres, de las cuales 21 pertenecen a clanes políticos; y, entre estas, únicamente 3 candidatas pertenecen a clanes políticos liderados por mujeres. Mientras tanto, se registran cerca de 17 candidatos hombres en las filas de estos clanes liderados por mujeres. En este sentido, puede afirmarse que las baronesas no incentivan la inclusión política de las mujeres y, en cambio, perpetúan en su ejercicio las brechas de acceso al escenario público en sus propias estructuras clientelares.

Hoy queremos presentar algunos de los perfiles de las mujeres baronesas que desde hace años se han posicionado como las herederas del poder de los clanes, apoyando a que estos se perpetúen, y sigan montando fichas tanto en el Congreso como en la presidencia.

Dilian Francisco Toro

En un principio esta política sonaba como candidata presidencial, sin embargo, dejó atrás su aspiración dentro de la coalición Equipo por Colombia, incluso luego se conoció que el partido de la U, al que pertenece, le dio el aval al exalcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa.



No obstante, y a pesar de que Dilian Francisca ya no estará en la contienda hacia la presidencia, esto no supone que no pondrá a jugar su capital político. Incluso desde Las2Orillas se afirmó que: “Ya se está proyectando en una nueva campaña para ella. Toro estaría considerando lanzarse a la Alcaldía de Cali en 2023, aprovechando que la gestión de Jorge Iván Ospina no está siendo muy respaldada por la gente. (...) Dilian no se ha quedado quieta y está recorriendo el Valle del Cauca donde tiene su fuerza electoral.”

Sobre Dilian Francisco Toro hay que señalar que es oriunda de Guacarí, Valle del Cauca, y hace parte de la cúpula política del departamento desde que tenía 25 años, incluso la vena la heredó de su abuelo, quien fue seis veces alcalde del municipio donde ella nació, cargo que ella también llegó a ocupar en el año 1992.

Por otra parte, su salto a la política nacional se dio en las elecciones legislativas de 2002, cuando llegó al Congreso como senadora con un total de 71.721 votos. Como se menciona en el informe: “Esto, para muchas personas, fue reflejo de la herencia electoral de su esposo, Julio César Caicedo, quien para ese entonces salía del Congreso”. En 2006, luego de decir que apoyaba a Álvaro Uribe Vélez, el Partido Liberal, que le venía dando el aval desde que llegó a la Alcaldía de Guacarí, le retiro el apyo y la expulso de este grupo político. No obstante, luego se convertiría en parte fundamental del para entonces naciente Partido de la Unidad.

Uno de los primeros escándalos en los que se vio implicada Toro se dio cuando “fue señalada por tener presuntos vínculos con la parapolítica, pues testigos como la excongresista Rocío Arias aseguraron haber escuchado que Dilian Francisca tenía relaciones con paramilitares en el Valle del Cauca, particularmente con el bloque Calima y Libertadores del Sur”, como narra el informe de Pares.

Ante esto la Corte Suprema de Justicia le abrió una investigación por sus presuntos vínculos con el Bloque Calima de las AUC en el año 2006. En el 2013 se le dictó medida de aseguramiento, pero para ese entonces ella renunció a su curul y el caso pasó a la Fiscalía, ente que lo cerró 2018. No obstante, sobre su nombre recae otro escándalo que ha pesado más en su carrera política: la indagación que la Corte Suprema de Justicia, iniciada en 2012, por presunto lavado de activos, al haber adquirido unos predios que resultaron siendo de Víctor Patiño Fómeque, líder del cartel del Valle.

Por otra parte, y regresando a los cargos políticos de Toro, en 2015 quedó como gobernadora de su tierra, del Valle del Cauca, allí, incluso, fue catalogada como “la mejor gobernadora” por la Fundación Colombia Líder. Su reconocimiento en esta función la llevó a ganar un amplio respaldo electoral y político.

Gracias a eso fue que, luego de que ella terminara su periodo, Clara Luz Roldán llegara a la Gobernación en las elecciones de 2019 y obtuviera 953.358 votos propios, “en su mayoría, de las maquinarias electorales regionales”, se expone en informe de Pares. Roldan venía de ser jefe de la campaña de Toro a la Gobernación en el 2015, y luego fue la cuota política de la gobernadora en Coldeportes, donde fue directora del Departamento Administrativo (2016-2018).

Pero no solo ella es una de las fichas de Toro en el Valle del Cauca. Como ha encontrado la Fundación, “Toro también manejaría con propiedad las cuotas y puestos de las entidades estatales, presuntamente mediante favores políticos, asegurando así su poder y protección en el nivel nacional, departamental y municipal . De acuerdo con las fuentes de Pares, sus cuotas políticas en la Asamblea Departamental del Valle del Cauca serían los diputados del Partido de la U, Juan Carlos Garcés, Juan Rengifo Arboleda, Mario Germán Fernández y Ramiro Chaux. Asimismo, en el Concejo de Cali sus cuotas serían Tatiana Fernández y Audry Toro, ambos del Partido de la U”.

Además, actualmente en el Congreso sus fichas son Jhon Arley Murillo Benítez, representante a la Cámara por Colombia Renaciente; Norma Hurtado Sánchez, Elbert Díaz Lozano y Jorge Eliécer Tamayo Marulanda, representantes a la Cámara por el Partido de la U; y José Ritter López Peña y Roosvelt Rodríguez Rengifo, por la misma colectividad, en el Senado. Además, se prepara para las elecciones del 2022, y ya tiene en la mesa del juego electoral a Juan Carlos Garcés Rojas, Roosvelt Rodríguez Rengifo, Norma Hurtado y Caterine Ibargüen Mena, al Senado. Mientras que para Cámara de representantes serían: Víctor Manuel Salcedo Guerrero, Jorge Eliécer Tamayo Marulanda, Julián David López Tenorio y Ángela Patricia Hernández Álvarez.

Cielo Gnecco

De la familia de uno de los clanes más poderosos del país: el clan Gnecco, de allí viene Cielo Gnecco, otra de las baronesas de Colombia. El Clan Gnecco tuvo un vuelco luego que su mayor líder, Jorge Gnecco, fuera asesinado en 2001, por lo que podría ser una venganza por parte del exparamilitar alias “Jorge 40”. No obstante, desde el 2011 hubo de nuevo un ascenso político de este clan, el que se dio por medio del poder económico de la familia y el constreñimiento electoral.

Hay que recordar que el ‘Clan Gnecco’ inició a través de cinco hermanos: Jorge, José Eduardo, Cielo, Nelson y Lucas, quienes desde los 90 incursionaron en la política, conformando un clan que se adueñaría de la política en el César. Para 1992, Lucas Gnecco ya se había quedado con la Gobernación del departamento. Sin embargo, su poder no solamente se quedó en el César, pues para ese mismo año Hugo Gnecco, sobrino de Jorge Gnecco, se quedó con la Alcaldía de Santa Marta. En ese momento empezaron algunos de los cuestionamientos al clan, pues luego se conocería que Hugo había nombrado funcionarios sugeridos por el Bloque de las Autodefensas Resistencia Tayrona.

Luego llegaría otro escándalo cuando Rafael Bolaños, cuñado de Lucas Gnecco, tras ser elegido en el 2000 como gobernador del Cesar, fue destituido por fraude contractual. Adicionalmente, otra sombra que persigue al clan es la relación entre Jorge Gnecco con los paramilitares Hernán Giraldo y ‘Jorge 40’, quienes compartían rutas de contrabando y negocios de armas. No obstante, en las dinámicas de confrontación por el poder, Giraldo y ‘Jorge 40’ entraron en enfrentamientos, y el grupo de los Gnecco presuntamente habría decidido apoyar a Hernán Giraldo.

Esta situación habría llevado, como se mencionó, a que Jorge Gnecco fuera asesinado en el 2001 por tropas del Bloque Norte de las AUC. En ese año, además, la familia tuvo una disminución de su poder político; para el 2002 el único puesto que lograron fue con Luis Monsalvo, quien llegó a la Cámara de Representantes. Mosnalvo Gnecco, además, llegó a la Gobernación por primera vez en 2011, año en el que de nuevo el clan fue tomando fuerza en esta región del norte del país. Vale la pena traer a colación que en el 2021 la Fiscalía General de la Nación imputó a Luis Alberto Monsalvo Gnecco, tras evidenciar presuntas anomalías en un contrato del Programa de Alimentación Escolar (PAE) suscrito en agosto de 2015, año en el que ejercía su primer periodo como gobernador, pues Monsalvo, quien además es hijo de la baronesa, repitió gobernación en el 2020.

Por otra parte, se señala en el informe de Pares, el clan ejerce tiene a su favor “el constreñimiento electoral que ha estado marcado por dos dinámicas: la primera, por el conocimiento público de la presunta alianza violenta entre los Gnecco, ‘Kiko’ Gómez y ‘Marquitos’ Figueroa, unión que les permitiría tener un acumulado electoral bajo la amenaza del uso de la violencia; y la segunda, por la amenaza económica, principalmente de empleo, pues es ampliamente conocido que los Gnecco manejaría buena parte de la contratación estatal del departamento del Cesar. De forma que votar por sus candidatos podría ser, en algunos casos, la única manera de sostener o aspirar a algún empleo público en la región”.

Este Clan, que hoy tiene como una de sus amas y señoras a Cielo Gnecco, y que de nuevo tiene miras a quedarse con cargos de elección popular, durante las elecciones para el periodo para el periodo 2018-2022, se quedó con dos curules en Senado (José Alfredo Gnecco Zuleta y Didier ‘Lobo’ Chinchilla) y dos en Cámara de Representantes (Alfredo Ape Cuello y Eloy ‘Chichi’ Quintero). Además, para el próximo marzo ya están intentando encaminar al Congreso a Christian José Moreno Villamizar, José Alfredo Gnecco Zuleta, Didier Lobo Chinchilla, Alfredo Ape Cuello y Carlos Felipe Quintero Ovalle.

Estas son solo dos mujeres de las tantas que le vienen haciendo el juego a los clanes políticos, no solo para que se mantengan en el poder y pongan candidaturas cada cuatro años en el Congreso y presidencia, sino también para seguir manteniendo políticas patriarcales, sin perspectiva de género, y sin escuchar las agendas, prioridades y demandas de las mujeres.