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Bojayá, la peor masacre que cometió las FARC

Por: Redacción Pares


Foto tomada de: The New York Times


Este 24 de junio la sala de amnistía o indulto de la JEP le otorgó el indulto al ex comandante de las FARC Ricardo Palmera, conocido por su alias Simón Trinidad. El hecho por el que se le indulta fue la masacre de Bojayá por haber ocurrido antes de los acuerdos de paz firmados en noviembre del 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño.

Bojayá resumió el horror de la guerra. Fue el 2 de mayo del 2002. Los Bloques José María Córdoba de las Farc y los paramilitares del Bloque Elmer Cárdenas se entrelazaron en un combate en las cabeceras municipales de Vigía del Fuerte y de Bojayá. La batalla había empezado dos semanas antes, el 20 de abril.  Ante el traqueteo de las metralletas, la población se escondió en la iglesia municipal. Eran más de 300 personas. Nadie dio la orden de esconderse allí. Fueron porque, como atestiguaron varios sobrevivientes “era la casa de Dios”, así que nada malo podría pasar si estaban amparados allí. Detrás de la iglesia se apostaron los paras. Las FARC no repararon en nada. Lanzaron una pipeta llena de metralla que erró en el cálculo, rompió el techo de la iglesia y cayó sobre el altar mayor. El saldo no pudo ser más devastador: la explosión mató en el acto a 79 personas. Según el portal Rutas del Conflicto 48 de ellas eran menores de edad. 13 personas morirían después de permanecer convalecientes y seis morirían de cáncer por los efectos causados por la explosión años después.


El periodista Jesús Abad Colorado fue el primero que entró a ver el horror. Aún no se repone de lo que vio. Nadie lo haría. La iglesia, destruida, mostraba los pedazos de cuerpos. Lo que permanecía casi intacto fue el torso y el rostro del cristo de yeso que adornaba la nave central. Desde entonces este se transformó en uno de los símbolos de la tragedia. Cuando vino el papa Francisco en el 2017 a su visita en Colombia respaldando los diálogos de paz se refirió a este cristo e incluso hizo una homilía delante de él en el parque de las Malocas en Villavicencio.

Lo de Bojayá fue una historia más que se pudo evitar si se hubieran tomado en cuenta las alertas tempranas que se habían hecho a la Defensoría del Pueblo. Desde 1997 la comunidad reportaba presencia del Bloque José María Córdoba de las FARC. Con el auge del paramilitarismo los enfrentamientos eran cada vez más constantes. Incluso en el 2015 el Estado colombiano fue condenado por omisión en los hechos que provocaron la masacre. Ese mismo año, en octubre, fue capturado Jairo Alirio Puerta Peña, uno de los cabecillas de esta acción.


El 30 de septiembre del 2016, dos meses antes de que se firmara la paz en el teatro Colón de Bogotá, Iván Márquez y Pastor Alape pidieron perdón por la masacre de Bojayá en el territorio mismo. El evento se realizó en una iglesia de la vereda La Loma y frente al Cristo mutilado se agachó la cabeza ante la infamia.


Además de las muertes Bojayá produjo el desplazamiento de 5.771 personas que fueron a parar en su momento a Quibdó.


Varias reacciones han traído la decisión de la JEP con respecto a Simón Trinidad quien, a sus 73 años, paga una pena de sesenta años por el secuestro de tres estadounidenses en el año 2002. Esta decisión de la Jurisdicción Especial para la Paz no traería cambios para las condiciones de reclusión de este hombre en un futuro próximo.

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