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Antonio Navarro Wolff, el último de los presidentes de la constitución del 91 que sobrevive

Por: Redacción Pares


Foto tomada de: X-historia de Colombia


Hasta hace muy pocos años Antonio Navarro Wolff no había cambiado de muebles desde 1991. Poco antes de firmar, como uno de sus tres presidentes, la nueva Constituyente, el dueño de una mueblería decidió regalarle a Álvaro Gómez, a Horacio Serpa y a él un juego de muebles. Nunca los cambió. Siempre ha estado muy ocupado como para pensar en la cotidianidad. Esa rutina le ayuda a no pensar demasiado en su propia vida.


Cuando en 1974 Antonio Navarro decide entrar a la guerrilla, no era ningún estudiante o profesor varado sino que estaba en el curubito. Ya se había especializado en ingeniería del Medio Ambiente en Loughnoroug University en Inglaterra, ya había sido asesor del Departamento de Medicina Social en la Universidad del Valle y hasta director del plan de Estudios de Ingeniería Sanitaria en la U del Valle. Tenía apenas 26 años. Pero no quería simplemente vivir bien. Quería ser consecuente. Formaba parte del cada vez más numeroso grupo de colombianos indignados por el claro fraude que sufrió el general Gustavo Rojas Pinilla el 19 de abril de 1970 durante las elecciones presidenciales. Su respuesta fue responder al llamado que hacían revolucionarios como Jaime Bateman. El M-19 no se parecía a nada.


Sigue teniendo una rutina de monje benedictino. Se levanta mucho antes que el alba, a las tres y media de la mañana y como lo dijo hace unos años a la revista Bocas, “Dios no existe, pero ayuda” y por eso madruga. Madruga desde la época en que era guerrillero. Los parches en el M-19 eran generacionales. Bateman tenía en Iván Marino Ospina a su mejor amigo, Navarro y Pizarro, eran los parceros. Petro venía atrás de él. Lo definió, en esa misma entrevista de Bocas como “un muchacho inquieto”. Lo conoció Bogotá, antes de 1985, cuando arrancaron los diálogos de paz. Petro, recuerda Navarro, alguna incluso en el colegio de él en Zipaquirá. Después la política los juntó.


El primer golpe del que se tuvo que levantar fue en mayo de 1985. Estaban desayunando en una cafetería en Cali. Lo acompañaba Carlos Alonso Lucio, que en ese momento hacía parte del M-19. Aunque estaban en francos diálogos con el gobierno Betancur, un sector de la ultra derecha no quería ver a guerrilleros sentados en una mesa de negociación. Así que había amenazas. Navarro no vio al hombre que los rondaba y les lanzó la granada. Lo que recuerda fue la explosión. Afirma que la mesa de gruesa madera en la que estaba sentado lo salvó de morir. Igual se le incrustaron 136 esquirlas. Cuando despertó la pierna se le sostenía sólo por un tendón. Tenía una herida en la garganta. No podía hablar. Estaba el rumor de que los querían rematar. Había que sacarlos inmediatamente del país.


Periodistas preocupados e influyentes como Juan Gossain, Laura Restrepo, Yamid Amat y aupado por el propio Gabriel García Márquez, consiguieron que fueran recibidos en México. Allí Navarro fue operado de su pierna. Recuerda que la anestesia que le dieron mientras le amputaban la pierna era la raquídea. Eso quiere decir que aunque no sentía dolor, si era consciente de todo lo que estaba pasando. Fue un recuerdo que lo acompañará hasta el final. Igual estaba acostumbrado al dolor. En 1982, cuando lo capturaron después de la fallida toma guerrillera en Flandes, lo llevaron al Canton Norte y lo torturaron. Nunca quiso saber quien lo torturó. Se conformó con saber que habían sido parte del batallón Charry.


Regresó a Colombia con el perdón en el corazón. Acompañó a Pizarro en la aventura que lo llevaría a la muerte, la paz con el gobierno de Virgilio Barco. Cuando Pizarro era candidato presidencial lo mataron en un avión y lejos de abjurar del proceso exitoso que había llevado a deponer las armas dijo en televisión esta frase que quedó grabada en hilos de oro en la historia del país “Vamos a enterrar a Carlos en Paz”. Lo reemplazó en el tarjetón presidencial y obtuvo una histórica votación que lo hizo superar al candidato conservador Rodrigo Lloreda Caicedo.


Fue tercero, superado por César Gaviria y Álvaro Gómez. Gaviria escuchó el clamor de los jóvenes que sacaron la tercera papeleta y convocó una nueva constituyente. La Alianza Democrática M-19 se convirtió en la tercera fuerza política y participó activamente en la creación de la Nueva Constitución. Para la historia quedaría la foto de Álvaro Gómez, Horacio Serpa y el propio Navarro Wolff firmándola. Una foto tomada el 4 de julio de 1991. Fue uno de los tres presidentes de la Nueva Constitución y el único que queda vivo.


Navarro hizo una exitosa carrera política, en donde fue alcalde de Pasto, senador y trabajó de la mano de Petro en la alcaldía de este en el 2011. La relación se rompería un año después. Vinieron años muy duros que incluyeron la pérdida de un hijo de 18 años. En el 2022 intentó ser el empalme en el sector de minas y energías del gobierno Petro, pero renunció a último momento alegando motivos de salud. Su relación con Petro, es acaso, por lo mismo, tensa.

En trino en los últimos días, después de que Petro sondeara la posibilidad de una nueva Constitución para que fueran aprobadas sus ambiciosas reformas, Navarro fue escueto: “no luce necesaria una nueva Asamblea Nacional Constituyente en estos momentos”.


Con su habitual discreción Navarro, con 77 años está en sus cuarteles de invierno, con la agridulce sensación de que debería disfrutar mucho más el hecho de que uno de los hombres del grupo guerrillero del que fue parte hasta 1990, sea el presidente de la República. Pero tantas cosas han pasado que ya es difícil tener alegrías.

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