Durante cuatro años no se respiraba en los medios de comunicación algo parecido al alivio. Desde el 6 de agosto en la tarde, tanto los periódicos tradicionales, las emisoras radiales, los canales de televisión, mostraban su ambiente optimista por el final del mandato de Gustavo Petro. El anterior presidente mostró siempre su resquemor ante estos medios tradicionales a quienes acusó de ser poco objetivos a la hora de juzgarlo y de pertenecer a grupos económicos que, por años, han estado monopolizando la verdad.
El nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, llegó a tener algunos roces con la prensa durante la primera vuelta presidencial. Incluso se recuerda un episodio de intercambio de ideas, en algún momento muy fuerte, con una periodista insignia de Caracol Noticias. El episodio ya está zanjado. En estos seis meses se respirará algo parecido a la luna de miel. Con la llegada de Álvaro Uribe a Cali a la posesión, después de que se manejaran versiones de que quien pondría la banda presidencial sería Nicolás Barguil, presidente de la Cámara y no Honorio Henríquez, presidente del Senado, en una jugada que terminaría de romper la relación con el Centro Democrático. Al final se limaron asperezas.
Petro se va en medio de escándalos de nombramientos a mujeres cercanas a su entorno, como Gabriela Muñoz, quien, a pesar de sus 20 años y de la poca experiencia que tiene en el sector, ostenta un alto cargo dentro de la aeronáutica civil y las hermanas Guerrero. Además, el día 6 de agosto salió del país la ex primera dama Verónica Alcocer y se refugió en Suecia, donde la recibió una líder del movimiento LGBTIQ+. Sobre el presidente saliente, Abelardo no hizo mención concreta y directa en su primer discurso en el batallón Pichincha de Cali, pero sí advirtió que perseguirá la corrupción que hubo en su predecesor.
Por ahora, los medios no hacen críticas ni a un gabinete que está completamente volcado a la derecha ni a los primeros decretos presidenciales. En uno de ellos se tomó la decisión de trasladar a cárceles de extrema seguridad a jefes de bandas criminales que sostenían conversaciones de paz durante los días de Petro. También, se cubrió, sin mayores comentarios, la decisión de llevar a Epa Colombia a una cárcel común en Ibagué.
Abelardo ha mostrado saber cómo manejar los medios y, con medidas más favorables para los grandes capitales como quitar el impuesto al patrimonio, tiene en el bolsillo a los dueños de los medios quienes, si nada extraño sucede, regresarán a ponerse de acuerdo en la mayoría de las decisiones que tome el gobierno. El poder regresa a la Casa de Nariño.



