Los años en los que Alejandro Ordóñez pensó en convertirse en sacerdote

De manera sorpresiva, aunque ya había algunas alarmas previas, el presidente Abelardo de la Espriella anunció la salida de Rodrigo Lara y la llegada al Ministerio del Interior de Alejandro Ordóñez. Para el sector cercano a la Patria Milagro, Ordóñez, conocido por sus misas en latín y por practicar la fe a través de los rigores del lefevrismo, es como una especie de funcionario ideal para el nuevo gobierno. Había salido del ostracismo gracias a la designación que tuvo como embajador de la OEA. Su regreso al país será fundamental no solo para manejar las mayorías en el Congreso, sino para liderar causas en lo que se considera como “la batalla cultural”, una de ellas tiene que ver con revisar la despenalización del aborto y demás libertades individuales que estarían en peligro.

Después de la muerte de su esposa, en 2023, Alejandro Ordóñez decidió meterse en un monasterio, retirarse de la política y ser sacerdote. Cumplir uno de sus sueños. Sería sacerdote de la comunidad lefrevista a donde pertenece desde hace décadas. Cuando fue procurador general de la nación, Ordóñez se hizo famoso por asistir a ceremonias religiosas en donde el sacerdote daba la espalda a los feligreses y daba la misa en latín. En esta comunidad se recluiría en un seminario en los Estados Unidos. El dolor lo llevó a esto, ya que su esposa, Beatriz Hernández, quien fue diagnosticada en 2018 de padecer la dolorosa enfermedad de la Esclerosis Múltiple, falleció cinco años después. En ese momento, Ordóñez tenía 68 años.

El seminario queda en Dilwyn, estado de Arizona y se llama Tomás de Aquino. Este seminario es mucho más riguroso que uno normal. Acá se formarían “sacerdotes santos, hechos a la imagen y semejanza de Cristo”. La oración sería algo fundamental todo el día. Se oraba por los pecados propios, y, por supuesto, por los pesados pecados del mundo. Todas las noches, Ordóñez hablaba con un director espiritual que le seguiría la disciplina y a quien tendría que darle cuentas constantemente. El pensum sólo le permitiría terminar su noviciado a los 75 años, ya que tendría varios años de filosofía y teología. Pero, la pasión de Ordóñez, así a él le cueste trabajo entenderlo, es la de la política.

El dolor de la muerte de su esposa se apaciguó no solo con la oración, sino también con la adrenalina que da la política. El arribo de un gobierno tan afín a sus creencias religiosas y que se autodenomina como Patria Milagro fue un gran aliciente para salir al mundo real y tomar primero las riendas de la embajada ante la OEA, donde ya había estado en los años de Iván Duque, sino para tener encima las responsabilidades políticas más urgentes que necesita el proyecto de Abelardo de la Espriella con sus ambiciosas contrarreformas y reformas. Ante los continuos fracasos de Rodrigo Lara Restrepo, Ordóñez y su mano dura están listos para dar la guerra por Cristo Rey.

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