Foto: RTVC Noticias
Hubo una foto histórica que se tomó el pasado lunes 20 de julio en el Congreso. Aunque los dos implicados no se enteraron de que la foto se las tomó, ahí estaban, gritando por lo que consideraban una victoria en conjunto. Se trataba del alfil de Álvaro Uribe, Rafael Nieto y de la senadora y sobreviviente del holocausto de la UP Aída Avella. Ellos levantaban los brazos alborozados porque la unión entre las bancadas del CD y del Pacto Histórico impidió que Alfredo Deluque, el candidato apoyado por Abelardo, fuera el nuevo presidente del senado. Lo que se vivió después fue digno de un sainete: el presidente electo llegó a afirmar que él jamás había expresado su apoyo a ningún candidato.
Mientras tanto, Uribe se quejó públicamente del trato recibido por el ejército digital de Abelardo. Incluso convenció a los 18 miembros de su bancada para que aparecieran como “avejitas” que iban a atacar al tigre si seguía atacando al expresidente. La victoria de Honorio Enríquez significó la primera derrota para un presidente que aún no se ha posesionado.
Se esperaba que el calor de la confrontación fuera cediendo, pero nada de esto ha ocurrido. Al contrario, se han ahondado las diferencias. Una de las razones por las que Uribe no quiere perdonar a Abelardo fueron los ataques que realizaron personales el ejército digital del nuevo presidente a Uribe y su familia. El abuso de la utilización de IA exasperó al líder del CD, así lo dijo en el programa que tiene con José Obdulio Gaviria y que se llama Los cuchos. Lo único que quiere Uribe es que el presidente electo pueda remover de sus cargos o hacer una disculpa pública por la actividad que vienen realizando Vincent Ramos, Oswaldo Ortiz y Miguel Zárate. Además, se cuestiona la injerencia en campaña de Carlos Suárez, abogado y estratega que se ganó la animadversión de Uribe en el 2009 cuando era quien defendía los intereses de Salvatore Mancuso en la cárcel de Estados Unidos y por intermedio de él se conoció el ex jefe paramilitar con una comisión encabezada por Piedad Córdoba, Iván Cepeda y Danilo Rueda, además estaba allí el actual ministro del Interior, Rodrigo Lara Restrepo. Esto le permitió a Cepeda a tener testimonios contra Uribe por parte de narcoparamilitares como el Tuso Sierra y arrancar un proceso judicial cuyas ondas consecuencias aún está pagando el expresidente.
Lejos de alejar del gobierno a Carlos Suárez, el nuevo presidente lo sigue apoyando y usó de nuevo a su ejército digital para defenderlo y burlarse de Uribe quien volvió a tratarlo de “bandido” en un nuevo trino. Lo único claro que queda es que estas heridas difícilmente se van a cerrar.


