Juliana que mala eres.

Como dice la canción ¡Juliana que mala eres, que mala eres Juliana! y descarada también, porque con esa carta dirigida al país que publicó Juliana Guerrero no queda mucho por decir.

Es a penas lo mínimo eso de pedir perdón y asumir las consecuencias de sus actos, pero es absurdo presentar el reconocimiento del delito que cometió como el mas grande acto de humildad. Y claro que creo en las segundas oportunidades y en que las personas podemos ser mejores después de equivocarnos, como ella misma escribe, pero eso comienza por dimensionar el daño causado y no posar de ejemplo de integridad, porque los delitos no son errores simplemente. Juliana es muy joven y ya había logrado acercarse a espacios de mucho poder político donde podía haber construido una trayectoria política distinta, y precisamente por eso es lamentable que se haya dejado ganar por la ambición.

Ahora bien, hay algo que desde una perspectiva feminista debo resaltar, y es que ha sido lamentable ver cómo en medios de comunicación y redes sociales se ha insistido en poner en el centro de la discusión la belleza de Juliana especulando sobre sus supuestos amoríos con hombres que habrían influenciado en su ascenso, quitándole total agencia a sus actos. Ella es una mujer adulta que tomó decisiones a la que se le debe cuestionar por lo que hizo y no por cómo se ve o con quién se acuesta. Además, porque, si bien aceptó el fraude procesal, recordemos que aún existen graves acusaciones públicas que la involucran, junto con su hermana, en una presunta red de cobros para lograr influenciar asignación contratos. Denuncias que, por supuesto, deben investigarse con todas las garantías.

Pero entonces debe quedar claro que Juliana Guerrero no es ni representa al Pacto Histórico. Quienes instrumentalizan el proyecto colectivo para obtener beneficios personales deben responder formalmente ante la justicia y políticamente ante las miles de personas que han trabajado de forma honesta durante años por esa apuesta. Ensucian las causas colectivas, le dan razones a la derecha, profundizan la desconfianza en las bases y por eso me parece acertado insistir en que, sin excusas, quien haya pertenecido al proyecto político del cambio y haya cometido delitos debe responder.

Y con todo lo que en muchos escenarios puedo estar de acuerdo con el expresidente Petro, es central que, esta vez reconozca su equivocación política pues defendió a Juliana públicamente cuando ya existían serios cuestionamientos alrededor de su trayectoria. Insisto en esto porque defender unos ideales y su proyecto político no significa justificar enceguecidamente cada decisión de sus dirigentes.

Ojalá esta sea la oportunidad para Juliana de reflexionar sobre todo lo que perdió para su futuro político por dejarse ganar de la ambición y, como ella misma dice, demostrar que es posible ser mejor después de equivocarse. Pero también es la oportunidad para que el proyecto político que instrumentalizó reflexiones porque no puede haber ni silencios, ni complacencias. Si durante años hemos señalamos estas prácticas cuando venían de otros sectores, tenemos la obligación de hacerlo cuando ocurren cerca de nosotras. Esa es la única forma de sostener la apuesta anticorrupción.

Y para Juliana, por ahora, queda sonando “Tú eres una descarada, tú eres mala, aléjate no vuelvas

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Ghina Castrillón Torres