La Fundación Paz y Reconciliación ha tenido una relación de más de cinco años con la investigadora y líder social Linda Posso, una mujer aguerrida, disciplinada, un alma vieja a pesar de su juventud. A través de ella sabemos del nivel de devastación que ha tenido Buenaventura después del terremoto del pasado 10 de agosto. Hace unas horas envió un video en el que exigía la acción urgente del Estado: “En Buenaventura necesitamos médicos, necesitamos rescatistas. El hospital está colapsado”. Afortunadamente, este llamado ha sido atendido porque este fin de semana fue activado el barco hospital Benkos Biojó. Además, arribaron a la ciudad diez ambulancias.
En Buenaventura está pasando algo que no estaba en nuestros cálculos. Mientras el foco de la noticia se fue hacia el eje cafetero y Cali, mientras la preocupación se albergaba en la poca comunicación que se tiene con Chocó, Buenaventura empezó a olvidarse. Es un loop que se repite sin cesar. Buenaventura simplemente no cuenta, está bloqueada de nuestra mente. A casi una semana de la tragedia se vienen conociendo detalles del nivel de devastación. Hay zonas rurales en donde simple y llanamente no se puede entrar y, por eso, no se conoce en qué estado se encuentra la gente.
Uno de los últimos balances oficiales ha arrojado que en Colombia el terremoto deja 294 muertos, 3.395 heridos y 398 desaparecidos, pero se teme que exista un subregistro. Buenaventura es de las ciudades que menos ha sonado en este momento. A pesar de todo lo que los colombianos tenemos una deuda histórica con este puerto. Según la Superintendencia de Transporte, entre enero y septiembre de 2025, su zona portuaria movilizó 16,4 millones de toneladas de carga, equivalentes a 20,8 % de la carga movilizada por las sociedades portuarias de servicio público en Colombia. Contenedores, materias primas, vehículos y mercancías entran y salen por una infraestructura indispensable para nuestra economía.
Se estima que hay, por lo menos, 2.000 viviendas destruidas. En el área urbana, unas 7.000 viviendas han sufrido daños. En el área rural se han contado alrededor de 1.800 viviendas con afectaciones. Por lo menos hasta el miércoles, la vía estuvo cerrada, la ciudad incomunicada y el nivel de desesperación aumentaba con el paso de los días, ya que se tenía la certeza de que se encontraban sobrevivientes entre los escombros.
Un factor que ayudó a que la catástrofe no fuera aún más grande fue que los niños no estaban en clases. Pero en los colegios hay preocupación, porque se reportan 29 instituciones educativas afectadas. Linda Posso, desde terreno, ha comprobado que los daños son mayores. “La infraestructura está al borde del colapso”. Esta semana, la ciudad se paralizó. Se está intentando llevar alimento y agua a las casas. “El tema de desigualdad se intensificó en esta ciudad. Pero no sabemos qué va a pasar con las niñas y los niños, no sabemos qué va a pasar con ellos, si van a regresar a los colegios. Se puede pensar en la virtualidad, pero cuál si los niños se quedaron sin casa”.
Muchas familias están de duelo, otras familias tienen a sus seres queridos en hospitales. “El vicepresidente estuvo en la ciudad, habló de transferencias monetarias, pero esperemos que se manifiesten en hechos concretos”.
Este domingo se siguen recibiendo ayudas y el mismo pueblo está movilizado para evitar que la tragedia sea aún peor.



