A finales del 2003 Donald Trump era un fracaso absoluto. Estaba en la bancarrota y pocos creían en él. Fuera de Nueva York mantenía su imágen de insaciable tiburón de los negocios. El discípulo predilecto del abogado Roy Cohn, el hombre que lo enseñó a ganar siempre. Pero las revistas especializadas de economía y negocio sabían que era sólo un fraude. Un personaje de caricatura que intentaba sorprender a los provincianos con sus inodoros de oro y las cabezas de alces pegadas en pared. La sarcástica escritora Fran Lebovitz dijo lo siguiente sobre él “Trump es la idea que una persona pobre tiene de una persona rica”. Si, aún decenas de torres en el mundo llevaban su nombre al igual que complejos hoteleros, pero bastaba visitar sus oficinas para ver que el imperio se venía abajo. Muebles desvencijados y empleados inconformes eran señales que se convertían en un incendio. Pronto los vientos de la suerte soplarían a su favor.
Su figura de opereta, con el mechón de pelo rojo como el de la zanahoria, recuperaría toda la popularidad perdida a comienzos del siglo XXI gracias a El Aprendiz. La idea de Burnett terminó devolviéndole a Trump el prestigio perdido. El primer episodio fue el 8 de enero del 2004. El programa intentaba encontrar al nuevo tiburón de los negocios. Eran jóvenes desconocidos expertos en ventas inmobiliarias, gestión de restaurantes, política de consultoría, ventas y comercialización que vivían durante una temporada entera en un ático -al menos así fue hasta las primeras seis temporadas- y al final tenían que esperar el veredicto de Donald Trump quien decía quien era despedido. De hecho, la serie se hizo famosa por la línea que en cada programa decía el hoy presidente de los Estados Unidos “You are fired”. Cada vez que aparecía Trump en pantalla venía acompañado de un redoble de batería, de planos que buscaban mostrarlo como una especie de Dios de los negocios. Burnett jamás creyó que la gente se tomara en serio al personaje. Pero no entendía la literalidad de los espectadores norteamericanos.
Burnett, durante el primer mandato de Trump, nunca se mostró abiertamente partidario de sus políticas. En el seudo progresista ambiente de Hollywood es un pecado capital ser trumpista. Pero en esta, su segunda victoria, Burnett se ha quitado la máscara y ha permitido que se haga público el crédito de que él fue el creador del monstruo. Porque sin El Aprendiz el presidente electo sería un payaso condenado al olvido. Se dice que dentro de El Aprendiz Trump cometió todo tipo de exhabruptos, los comentarios homófobos y racistas que lo han hecho famoso y se supone que existen más de 80 horas de morbosidades y salidas de tono del que será, desde el próximo 20 de enero, como el nuevo presidente de los Estados Unidos.



