De cómo Dilian y Ligia quieren esquivar el control político de Duvalier

Frente al debate sobre quién administrará el muelle turístico de Buenaventura y ante otras denuncias señaladas por el congresista Duvalier Sánchez, la respuesta ha sido ridícula. Lo acusan de “misógino” y esto obliga a recordarles a la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro y a la alcaldesa de Buenaventura, Ligia del Carmen Córdoba, que no toda crítica contra las mujeres es misoginia y no todo ejercicio de control político constituye violencia política de género.

La instrumentalización del discurso feminista revictimiza a las mujeres que enfrentan violencias de género y afecta la credibilidad de una lucha que nos ha tomado décadas construir. El feminismo no es el comodín que las blinda para evadir el control político.

Empecemos por lo básico, pues Misoginia es el conjunto de actos que desprecian, castigan o buscan relegar a las mujeres por el hecho de serlo. Además, la violencia política contra las mujeres, definida en la Ley 2453 de 2025, es toda acción, omisión o discurso que, con base en elementos de género, tenga por objeto o resultado obstaculizar, desestimular o anular el ejercicio de sus derechos políticos.

La clave está en comprender que la dimensión del género se trasgrede cuando el ataque se dirige porque se es mujer, como basada en estereotipos, sexualización o descrédito por su género, no cuando se cuestionan actos de gobierno, decisiones presupuestales o presuntas irregularidades. Como cuando el pasado febrero el Consejo Nacional Electoral (CNE) le ordenó al congresista eliminar un video de sus redes sociales y pedir disculpas a la gobernadora del Valle, porque se refirió a su apariencia física.

A partir de las denuncias de Duvalier Sánchez, es necesario recordar que la ciudadanía vallecaucana tiene derecho a información verificable, de contratos, cronogramas, interventorías y resultados. Y cuando en las formas del congresista haya expresiones que agreden por ser mujer, es claro que deben activarse las rutas de denuncia todas las veces que sea necesario, y esto no se le puede olvidar a Duvalier. Sin embargo, lo anterior no significa que aplica para todo lo que él diga en contra de la gobernadora y la alcaldesa. No se pueden estirar los conceptos para volverlos un escudo contra quien les hace control.

Hasta empezaron a configurar una narrativa para graduar a Duvalier de violento contra las mujeres pues cada que pueden muchas personas (incluyendo funcionarias de la gobernación y la alcaldía) especulan en redes sociales sobre sus aparentes amantes. Pero definitivamente mi intención no es defender a quien señala hechos de corrupción con métodos que, con seguridad, pueden mejorar.

Mi llamado es a que no instrumentalicen las banderas feministas. Ese uso cínico del conocimiento engaña a la opinión pública y atenta contra la legitimidad de las herramientas legales conquistadas por los sectores feministas. Todas las mujeres en ejercicio del poder político requieren garantías para ejercer sus cargos sin violencia, pues, de ninguna manera podemos darle espacio a la agresión machista, pero se deben trazar líneas claras para el control político.

Y aprovechando que están tan preocupadas por las violencias de género, invito a la gobernadora y a la alcaldesa a que publiquen los protocolos y acciones que adelantan para atender las Violencias de Género, que las cifras no son las más alentadoras. Insisto en que el movimiento feminista es una apuesta política para, entre otras cosas, dignificar la participación de las mujeres y cuando se manipulan nuestros discursos nos hacen daño a todas.

Si el objetivo es proteger los recursos públicos y evidenciar que el congresista se equivoca, respondan con información clara, propicien audiencias públicas con veedurías ciudadanas, academia, organizaciones sociales y prensa local. Como dicen por ahí, el dato mata el relato.

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Ghina Castrillón Torres