Mateo Pérez quería ser periodista y estaba haciendo lo correcto. Primero es que el destino del periodismo está en la independencia. Todos podemos convertirnos en un medio, pero nunca habíamos estado tan cerca de serlo. Eso lo entendió Mateo y, por eso, transformó su Facebook en un medio de comunicación destinado a ayudar a su pueblo, Yarumal, para poder denunciar atropellos, injusticias, ponerse siempre de parte del pueblo. Pero se enfrentó a un reto y fue el de cubrir el conflicto colombiano. Muy cerca de su casa se desarrollaban enfrentamientos del frente 36 de las FARC con el ejército. Este frente estaba al mando del temible alias Chala.
El joven tenía que mantener su medio vendiendo jugos en el garaje de su casa y también vendiendo pauta, una costumbre que tienen todos los medios de comunicación que existen, sobre todo en provincias. Lo primero que hizo Mateo para llegar al lugar donde ocurrían los hechos fue ponerse en contacto con las autoridades de ese municipio. Las puertas se cerraron en su cara y, además, el rechazo venía acompañado de un consejo: que ni se le ocurriera ir hasta esa vereda donde estaban pasando los combates.
Aunque no trabajaba con él en El Confidente —así se llamaba el medio que creó Mateo— su primo Jorge Rueda lo acompañó a distancia y ha venido recogiendo testimonios de la comunidad que le han permitido reconstruir las últimas horas que se conocen de Mateo. Una de las preguntas que hizo fue saber cómo hacía para llegar a Palmichal. Lo que se sabe es que siguió en su moto hasta el lugar donde estaba la vereda y en la entrada a ella se le aparecieron hombres armados en donde le pidieron papeles y luego se lo llevaron monte adentro. Horas después fue encontrada su moto que estaba completamente alterada, golpeada. También se vio en el suelo su teléfono celular.
Pero lo más grave es lo que afirman algunos campesinos sobre una posible tortura que habría recibido el joven periodista. Según su primo, Jorge Rueda, el nivel de violencia que recibió el comunicador fue considerable: “Lo que hemos recibido de la comunidad de la zona es bastante triste, bastante preocupante, porque no se habla solo de su asesinato, sino también de tortura, que Mateo fue muy agredido y lo fue por su labor periodística en el lugar”.
Colombia no puede vivir en un ambiente en donde existan rincones de su territorio donde no pueda ejercerse el oficio de hacer periodismo. Esto viola cualquier tratado internacional y merece la condena que está recibiendo a través de la FLIP.



