En un restaurante de La Candelaria Gustavo Petro por primera vez en cuatro años entraba a un lugar público. Al principio hubo dudas. No sabía cómo iba a reaccionar la gente al verlo. Testigos afirman que Petro se veía tranquilo, sin las afugias de estar en el constante escrutinio público que le traía ser presidente. No estaba solo. Lo acompañaba otro expresidente que se la jugó por la gente, Ernesto Samper. Los trabajadores del restaurante salieron a saludarlo. Algunos se tomaron una foto. El almuerzo se realizó sin estridencias, con normalidad. La aparición de Petro servía para acallar varios rumores, algunos de ellos graves, como afirmar que estaba buscando desesperadamente salir del país. Horas después, publicó otra foto en las afueras de Bogotá.
Con ellas dejaba claro que el expresidente, como él mismo lo ha dicho, no ha desaparecido, al contrario, está listo para unir todas las fuerzas incluida, acaso, una fuerza con la que siempre demostró ser como el agua y el aceite, el uribismo.
Cualquier fuerza suma, teniendo en cuenta las honduras de esta coyuntura. El pasado martes 18 de agosto el gobierno entregó 80 denuncias por presunta corrupción en el empalme con la administración Petro. Hay que recordar que una de las grandes promesas con las que llegó a ganar las elecciones Abelardo de la Espriella fue “destripar” la izquierda, esto quería decir que buscará las flaquezas que pueda encontrar del anterior gobierno para borrar y emproblemar al progresismo.
El propio presidente se reunió con la fiscal Luz Adriana Camargo en el búnker de la Fiscalía y le entregó las supuestas pruebas. Estas se encuentras contenidas en lo que se llama El libro de la verdad, que tiene 153 páginas y en donde se consignarían hasta 80 supuestas denuncias de corrupción del gobierno saliente. El libro ya se ha venido difundiendo en redes sociales. Entre los hechos denunciados se encuentran: opacidad en la contratación, desfinanciación de Colombia Mayor, Fallos con la ejecución de proyectos en el páramo de Santurbán entre otros.
Las irregularidades más graves se encuentras en la UNGRD, y también en la entrega de tierras, una de las banderas del gobierno que terminó su mandato el pasado 7 de agosto. En el Icetex, según el libro de la verdad, se realizaron 900 mil contratos en lo que parecería ser una nómina paralela.
La fiscal Luz Adriana Camargo fue enfática con lo siguiente: “Cada servidor que hace parte de mi administración debe verificar focos de corrupción, cerrarlos y poner a disposición de las autoridades la información correspondiente”.
El caso es que el expresidente está lejos de pensar en salir del país y cree que ninguno de estos supuestos escándalos de corrupción podría alcanzarlo. Se viene lo que más temió el anterior gobierno: soportar lo que ellos llaman persecución, una especie de cacería de brujas, que no deja de ser inquietante.



