Hace menos de un mes, en la ciudad de Cali, se logró la consolidación de una Federación Nacional de Comunidades Energéticas, un hito que representa un avance significativo en la organización y articulación de estas iniciativas en Colombia. Esta figura surge para poder seguir construyendo redes que permitan conectar las experiencias territoriales, compartir conocimientos y fortalecer la participación de las comunidades en la transición energética del país.
Mas de 90 comunidades de diferentes regiones del país se reunieron en busca de expresar sus necesidades, formular propuestas e incidir en las decisiones relacionadas con el desarrollo energético de sus territorios. Este encuentro permitió reconocer que, aunque existen realidades y niveles de avance distintos, las comunidades comparten el interés de participar activamente en las decisiones y de impulsar soluciones energéticas que respondan a sus capacidades, conocimientos y necesidades.
La federación permitirá promover el intercambio de aprendizajes, fortalecer los modelos de gobernanza comunitaria y avanzar en la sostenibilidad técnica, social, ambiental y financiera de los proyectos. Asimismo, también tiene como propósito construir una agenda colectiva con capacidad de incidencia ante las instituciones y demás actores vinculados al sector energético.
Es importante mencionar que surge, gracias al trabajo articulado de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES), el Ministerio de Minas y Energía a través de la dirección de formalización minera y la Dirección de energía, durante el gobierno de Gustavo Petro. Su creación contribuye a avanzar hacia la consolidación de una política nacional de comunidades energéticas que reconozca la diversidad de los territorios, promueva una participación comunitaria efectiva y garantice que la transición energética se construya desde las necesidades, capacidades y conocimientos de las propias comunidades.
A partir de su consolidación, el principal reto consistirá en garantizar que la federación mantenga una relación permanente con las comunidades y responda a las realidades particulares de cada territorio. Para ello, desde la Fundación PARES, seguirá en constante acompañamiento con las comunidades, en aras de seguir fortaleciendo las capacidades organizativas de sus integrantes y establecer mecanismos transparentes para la toma de decisiones y la rendición de cuentas. De esta manera, la federación podrá contribuir a que las comunidades energéticas se conviertan en procesos sostenibles de organización, autonomía y transformación territorial.
Otro de los elementos más importantes de esta federación será la posibilidad de poner en diálogo las experiencias de comunidades rurales, urbanas, campesinas, indígenas y afrodescendientes que enfrentan condiciones energéticas diferentes. Esta diversidad permitirá identificar problemáticas comunes, reconocer soluciones construidas desde los territorios y promover rutas de acompañamiento que no respondan a un único modelo, sino a las características sociales, culturales, ambientales y económicas de cada comunidad.
También este espacio constituyó una participación efectiva de las mujeres, las juventudes, quienes históricamente han tenido una representación limitada en las decisiones relacionadas de sus territorios. Sus experiencias permitirán incorporar nuevas perspectivas sobre el uso de la energía, las actividades de cuidado y la sostenibilidad comunitaria, fortaleciendo una transición energética más justa e incluyente.
Otro desafío será asegurar la continuidad de los proyectos después de su puesta en funcionamiento. Para ello, no será suficiente con instalar infraestructura; también será necesario fortalecer los conocimientos comunitarios para la administración, el mantenimiento y el seguimiento de los sistemas energéticos. La federación podrá facilitar alianzas con instituciones públicas, organizaciones sociales, universidades, empresas y organismos de cooperación que contribuyan a la asistencia técnica, el financiamiento y la formación de capacidades locales.
La consolidación de esta federación nacional demuestra que las comunidades no deben ser consideradas únicamente como beneficiarias de la política energética, sino como actores con conocimientos, propuestas y capacidad para liderar sus propios procesos. En esa medida, esta apuesta representa una oportunidad para avanzar hacia un modelo energético más democrático, descentralizado y participativo, en el que la generación de energía contribuya al bienestar colectivo, al fortalecimiento de las economías locales y a la transformación sostenible de los territorios.
Bibliografía
Ministerio de Minas y Energía. (2026, 15 de julio). Gobierno nacional impulsa la creación de la primera Federación Nacional de Comunidades Energéticas y fortalece la democratización de la energía en Colombia.



