“El Pacto me dejó solo”: Gustavo Bolívar se confiesa

En octubre de 2023, Gustavo Bolívar era el candidato del partido de gobierno en las elecciones a la Alcaldía de Bogotá. En ese momento, la imagen de Petro estaba a la baja. Cuando le pregunto a Bolívar por esa alcaldía, no puede resistir hacer una mueca: “A mí me dejaron solo y me tocó el peor momento del gobierno”. Las principales ciudades de Colombia, que habían sido ganadas por la izquierda en las elecciones de 2019, empezaron a perderse. Desde entonces, ha existido un resquemor contra Bolívar acaso injustificado dentro del Pacto Histórico.

Es un martes 11 de agosto cuando entrevisto a Gustavo Bolívar. Tiene el celular encendido. Está terminando de estructurar una escuela de liderazgo en donde tendrá como profesores, nada más y nada menos que a Gustavo Petro y a Iván Cepeda. La relación con ellos dos es inmejorable, pero, ojo, cuando le pregunto que con quienes está bien del Pacto, quienes se mantienen firmes con él, solo se le ocurren estos dos nombres.

Bolívar ha sido apartado sistemáticamente del Pacto. Sobre él pesa un prejuicio: no es raizalmente de izquierda. Sus orígenes políticos vienen del nuevo liberalismo. Fue una de las personas más cercanas al exministro de Justicia Enrique Parejo, quien tuvo que reemplazar a Rodrigo Lara cuando este fue asesinado el 30 de abril de 1984. Un hombre de temple recio, no se calló ante las amenazas y siguió promulgando la necesidad de imponerles a los carteles de la droga lo que más les dolía, la extradición. Por eso tuvo que ser exiliado a Hungría donde fue nombrado embajador en Budapest. Allí lo alcanzó la mano de Pablo Escobar Gaviria. Le pegaron cinco tiros en la cabeza, pero sobrevivió. Incluso Bolívar me cuenta que de vez en cuando ve a su maestro, quien ya va a cumplir 100 años. “Está perfecto”, me dice.

Bolívar ha sido uno de los pocos casos de la política colombiana que llegó a un cargo público siendo rico y salió siendo clase media alta. Todo comenzó para él en la política cuando conoció a Gustavo Petro. Quiso ayudarlo desde siempre. Supo que había salido de la Alcaldía de Bogotá desplatado, así que le ofreció darle 10 millones de pesos en 2012 para que se mantuviera. Petro los rechazó. Cinco años después, se volvieron a encontrar. En 2017, Petro ya estaba seguro de lanzarse a la presidencia y Bolívar fue uno de sus bastiones. Perdieron en segunda vuelta contra Iván Duque, candidato uribista. “Yo estaba en Cuba dictando algunos cursos de guion cuando me enteré de que me habían metido a la lista del Senado. Entonces era senador, decidí no cobrar un peso y dedicarme de lleno a la política”.

En ese momento, se aprestaba a estrenar la cuarta temporada de su exitosa serie Sin tetas no hay paraíso, grabada para Telemundo, pero tuvo que cancelar su participación para venir a prestarle un servicio al país. Bolívar es mirado con resquemor por un sector del petrismo, que lo considera demasiado frívolo por haber escrito tres éxitos rotundos de la televisión colombiana Sin tetas no hay paraíso, El Capo y Pandillas guerra y paz. Lo que me sorprendió al verlo fue saber que va a por todas: quiere ser presidente en 2030. En esto fue contundente: “No me importa que el Pacto me haya dejado solo, si algo me acostumbró la vida es que, al caer, el único movimiento posible es levantarse”. Ha empezado el camino con su escuela de liderazgo. ¿Tendrá la suficiente gasolina para hacerlo?

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.