A Andrés Felipe Arias lo consoló en la cárcel en Estados Unidos poder escribir un libro sobre el Imperio romano. Lo escribía sin acceder todo lo que podía al internet, desde sus años en el Columbus School de Medellín demostró tener una memoria eidética, de esa que llaman fotográfica. Ni siquiera llevaba cuadernos. Todo hay que decirlo, aunque estudió en un colegio de niño rico y se graduó en Los Andes, todo lo hizo a punta de inteligencia, de becas. Entonces consiguió, a pulso, un puesto en el Banco de la República.
En el año 2000, Álvaro Uribe Vélez tenía 48 años y acababa de hacer un doctorado en Oxford. Regresaba a Medellín y allí se encontró, en una fiesta en el Club Campestre, al joven Arias. Lo impactó lo que sabía de economía y desde ahí estrechó el lazo. Tuvo de maestros a Alberto Carrasquilla, el hombre que generó, con sus medidas desbocadas como ministro de Hacienda de Duque, lo que se conoció como el estallido social. A los 29 años fue nombrado viceministro de Hacienda de Uribe y, a los 31 años, fue ministro de Agricultura. Había que verlo en televisión en esos años para comprobar que había sucedido lo inevitable: a Andrés Felipe los humos se le habían subido a la cabeza.
Como Paloma Valencia ahora en la campaña presidencial, Andrés Felipe creía que Uribe era Dios. Los periodistas que lo conocieron en esa fecha afirman que tenía 12 fotos de Uribe en su oficina. Incluso le copió su acento. Por eso, empezaron a llamarlo “Uribito”. Por consejo de su mentor, empezó a leer biografías de grandes mandatarios como Churchill o Lincon. Su destino era ser presidente de la república.
Todo pasó muy rápido para Uribito. En un momento pensaron que lo mejor para él sería aspirar a la Gobernación de Antioquia, pero se saltó todas las filas. Su mentor, quien era llamado por sus seguidores como “presidente eterno”, determinó que lo ideal era que aspirara de una a ocupar la Casa de Nariño. Para esto tendrían dos opciones, una de ellas era abrazar al Partido Conservador, la otra era cobijarse con las familias que se habían aprovechado de Agro Ingreso Seguro. No, no eran familias campesinas pobres como se vendió al principio, sino que acá fueron beneficiados pesos pesados, como la familia Dávila Abondano. Una de las mujeres más cotizadas en el país en ese momento, Valerie Domínguez, tenía una relación con Juan Manuel Dávila, uno de los beneficiados.
En un año, todo se le terminó a Uribito. En la consulta previa del Partido Conservador le ganó Noemí Sanín, y la juiciosa investigación de Harold Abueta publicada en la Revista Cambio de entonces, hizo que estallara el escándalo de Agro Ingreso Seguro.
En 2011, a los veinte días de haber nacido Juan Pedro, el segundo hijo que tuvo con su esposa Catalina Serrano, Andrés Felipe Arias fue detenido acusado de haber entregado irregularmente algunos de los subsidios de un ambicioso programa de modernización del campo, cuya inversión alcanzaba los 2 billones de pesos. Este fue formulado en cooperación con el organismo internacional IICA, que fue escogido como la agencia ejecutora de los recursos cuyos beneficiarios eran direccionados por comités controlados por el Ministerio de Agricultura en el que Andrés Felipe Arias tenía mando y decisión. Por eso terminó enredado. Desde entonces empezó el calvario. Catalina en esa época no trabajaba. Ella, acostumbrada a operar en el sector financiero, vio cómo las puertas se iban cerrando una a una frente a su cara. Además, su hijo estaba recién nacido. Quiso arrendar el apartamento que habían comprado, pero nadie quería tener que ver con el nombre de Andrés Felipe Arias. En los restaurantes la gente se levantaba de la mesa porque no querían tener nada que ver con la esposa de un cuestionado personaje. Encontró trabajo en la facultad de economía de la Universidad Católica, pero también de allí debió retirarse. Arias fue detenido preventivamente en la Escuela de Caballería, acusado de peculado por apropiación a favor de terceros y celebración de contratos sin cumplimiento de requisitos legales. Allá lo visitaba los domingos con estoicismo Catalina Serrano, acompañada de sus dos pequeños Eloísa y a Juan Pedro. En 2013 obtuvo libertad bajo fianza y viajaron a Estados Unidos cuando su caso era estudiado por la Corte Supema de Justicia. Allí se encontraban cuando se hizo pública la condena de 17 años y Andrés Felipe decidió no regresar a cumplirla, por considerar que no existían garantías y que se trataba de un caso de persecución política asociado a su jefe Álvaro Uribe Vélez. El 24 de agosto de 2016, Interpol ordenó su detención con fines de extradición.
Por una serie de estratagemas dilató su extradición a Colombia. Cuando llegó, fue tratado como un héroe por el mismo uribismo. Ahora incluso es invitado a foros virtuales de economía, reta al presidente Petro en X, y es un activo asesor económico de Paloma Valencia. Hay que recordar que Uribito fue condenado en el 2014 a 17 años de cárcel ¿Por qué está por ahí, como si no hubiera pasado nada? Porque la justicia en Colombia es para los de ruana.



