No había nada más perturbador que empezar el día y pasar por un puesto de revistas a las seis de la mañana y ver allí colgado una edición del periódico El Espacio. Podía tener titulares tan sutiles como “Le metieron 24 cuchilladas en el ojo y no murió, es más, ni siquiera perdió el ojo”. Desde crímenes pasionales -nombre con el que se tapaban los feminicidios en los años ochenta y noventa- hasta encuentros con extraterrestres. Por supuesto, en lugares como talleres de mecánica, los hombres mandaban a enmarcar la foto de la modelo que aparecía con sus tetas al aire en la última página.
El Espacio fue creado en 1965 por Ciro Gómez Mejía, él, a su vez, contaba con un equipo de trabajo que respaldaba un sello editorial, Argos. En este equipo estaba Jaime Ardila, quien, poco a poco, controlaría el periódico. Hay que recordar que entre otros periodistas afamados pasaron por sus páginas uno que firmaba como Juan Lumumba y que era, nada más y nada menos que Yamid Amat. En los ochenta, ya la familia Ardila controlaba el periódico. Desde su creación fue una copia deliberada de los grandes periódicos del mundo amarillistas. Eso estaba claro.
Jaime Ardila se casó con Helen Sierra y tuvieron un único hijo, Pablo Ardila, quien, como tantos otros nepo babys, era un hombre sin atributos. Su paso por el Gimnasio Moderno fue mediocre como todos los que dio en su vida. Terminó metido en la política y a los 38 años fue elegido gobernador de Cundinamarca. En 2007 cometió el error de su vida: tentado por el ego se dejó hacer un perfil por la revista Don Juan y abrió las puertas de su casa. Entonces los colombianos vimos la verdad, mesas con patas de elefante, una colección larguísima de relojes, la casa medía 2.500 metros cuadrados y las joyas que mostró ascendían a 3.000 millones de pesos. Recuerdo que la persona que fotografió esa casa fue Santiago Forero quien, si no estoy mal, ganaría un Premio Simón Bolívar por ese reportaje.
En el artículo de Don Juan supimos, por ejemplo, que el entonces gobernador pagaba una membrecía de 50.000 dólares anuales para pertenecer a un club de caza de elefantes en África. Fue tan estruendosamente letal y más autodestructivo que ese reportaje. Inmediatamente le abrieron una investigación y estuvo preso un par de años por enriquecimiento ilícito y por la explotación ilegal de una mina en Ricaurte. Pero en 2012 Pablo Ardila ya estaba libre. Se atrevió incluso a demandar a la nación por supuestos daños y perjuicios.
Se fue a vivir a España, donde volvió a mostrar su lado más exhibicionista. Alquiló una casa en la que vivió Ronaldinho, por la que pagaba 14.000 dólares mensuales. Carros de lujo y armas de oro llamaron la atención de las autoridades españolas, quienes no solo lo encanaron por no poder justificar estos gastos con la plata que ganaba, sino porque sobre él pesaba una acusación terrible: la de trata de personas.
Pablo Ardila aún está pagando cárcel en España. El periódico que inició su padre ya no se ve en ningún puesto de revistas. De hecho, ya casi no hay revistas para los puestos.



