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Retos del periodismo en el posconflicto

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Luego de la firma de la Acuerdos de Paz con las Farc y la posterior entrega de armas de parte de sus  integrantes, es claro que una de las cosas que debe cambiar en Colombia, es la manera en cómo el periodismo   ha narrado  los hechos y situaciones que tiene que ver con la confrontación armada.

El periodismo en Colombia durante el tiempo en  que las Farc enfrentaron al Estado con las armas, informó sobre el número de muertos de cada acto de guerra o de algún hecho violento que se presentaba,  y  pocas veces evidenció la realidad social de los territorios en nuestro país,  y más bien se dedicó a servir de vehículo de discursos políticos de distintos matices,  que se agredían y se acusaban verbalmente, creando un panorama más confuso.

Esto hizo que crecieran muchas generaciones que tuvieron conocimiento de una guerra al interior de nuestro país, sin entender sus razones. Que supieron de la existencia de un grupo armado que hacía reconocer como Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia – Farc, sin saber que les motivó a empuñar las armas y a mantenerse en la clandestinidad durante tanto tiempo.

Hoy cuando la paz con las Farc es un hecho irreversible, a los medios de comunicación en Colombia se les presenta un reto enorme: ejercer un periodismo sin incentivar la polarización política que se ha dado en el panorama en nuestro país. Contar como son los diferentes territorios que durante décadas fueron abandonados por el Estado y  que fueron dominados por la ilegalidad,  donde el Gobierno Nacional debe hacer grandes inversiones, tanto en infraestructura,  como en lo  social, para evitar que una vez más sean ocupados  por otras estructuras al margen de la ley.

Sin las Farc en armas, el periodismo nacional no tiene la excusa de los riesgos en seguridad para quienes lo ejercen, y no visitar esa Colombia profunda. Hoy no deben existir razones para confiarse de las voces que desde Bogotá suelen hablar de lo divino y lo humano, y no tener mucho más en cuenta a los liderazgos sociales en las distintas regiones, que conocen la problemática que los aqueja en el día a día.

Hasta hace unos años los periodistas se circunscribían a lo que decía un jefe de prensa del Ejército, ministerio de Defensa o de algún comunicado de la presidencia de la República. Hoy poco a poco se le ha dado espacio a voces de la sociedad civil, y aunque la idea de darle oportunidad a una tercera voz  en la opinión pública, ha calado, aún falta mucho por hacer en este sentido.

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Demasiados sucesos por cubrir,  más un conflicto armado con varios actores

Durante mucho tiempo Colombia ha vivido  una situación de orden público bastante complicada, no solo por la presencia de las Farc, el Ejército de Liberación Nacional – Eln y Reductos del Ejército de Liberación Popular –EPL, sino además por la presencia de la fuerzas de extrema de derecha, hoy agrupadas en las llamadas bandas criminales – bacrim, y organizaciones dedicadas al narcotráfico, actor que de una u otra forma ha estado relacionado con las anteriores.

Lo anterior sumado a los problemas de inseguridad por la delincuencia común, corrupción política y administrativa y el escandaloso número de violaciones a los Derechos Humanos en los que se ha visto inmersa la población civil, bien sea a manos de los grupos armados ilegales o de parte de agentes del Estado, hacen de Colombia un país sui generis, en donde el periodismo nacional, muchas veces se ve saturado de hechos que ocurren al tiempo en menos de doce horas, lo que le obliga a cambiar las prioridades noticiosas constantemente.

En este orden de idea, el periodismo  debería ser un elemento vital a favor del colombiano del común, sin embargo esto no muchas veces se cumple, en parte porque muchos periodistas informan desde Bogotá, cuando los hechos  que tienen que ver con la guerra, se libra en municipios y veredas, y quienes ejercen el oficio en lo local, muchas veces no se atreven a hacerlo con el rigor necesario,  en primer lugar  porque conviven con el actor ilegal de vecino, y temen por sus vidas y en el peor de los casos,  porque de una u otra forma han decidido hacer parte del conflicto, de manera pasiva, pero cohonestando con alguno de los grupos armados.

Otro factor que ha impedido que en los últimos años, el periodismo en Colombia aborde los temas del conflicto armado a profundidad, es el ingreso de las redes sociales en la vida cotidiana del ser humano.

Es innegable que el periodismo se ha dedicado a reproducir el debate que se da en las redes sociales.

La agenda política ha influido al periodismo en Colombia:

Desde comienzos del Siglo XXI dejó de existir la tesis general de que los medios de comunicación reflejan la realidad de algún hecho o acontecimiento importante en cualquier lugar del mundo, mucho menos si se trata de un conflicto armado.

A partir de un tiempo para acá se acepta que los medios de comunicación asuman una posición que ayuda a alimentar el conflicto o por el contrario a bajar la tensión, cuando se brinda una cobertura que va más allá del campo de batalla.   Esto ocurre desde el momento en que se hace más difícil acceder al lugar de los hechos, porque al hacerlo se tiene la tendencia a ser estigmatizado, bien sea por la desconfianza de una de las partes o porque a ambas les interesa que se muestren las cosas de acuerdo a sus intereses y no tanto a la verdad.

Esto hace que la veracidad, la distancia crítica y  la honestidad sean las primeras sacrificadas de la guerra. Mientras tanto aquellos periodistas que asumen una distancia crítica para informar acerca cómo se lleva la guerra son acusados de traidores o apátridas. Tratando de evitar este tipo de acusaciones, muchos prefieren acomodarse al bando dominante, en este caso, a quien está del lado de la legalidad.

En Colombia la agenda periodística es prisionera de la política de nuestro país, quien ha impedido que  se trabajen los temas a profundidad como debe ser.

Un claro ejemplo de lo anterior es la manera como desde el periodismo se abordó los temas que se discutieron a lo largo del proceso de paz en la Habana – Cuba. Según el director de la Fundación Paz & Reconciliación León Valencia, “la agenda del debate público del proceso de paz, fue manejada desde el uribismo, no porque los medios de comunicación sean uribistas, sino porque fue este sector quien puso la agenda, dominando la temática de cubrimiento que se limitó a cárcel o no cárcel para las farc y participación política, cuando La paz de Colombia pasa por los temas de narcotráfico, reforma al agro, verdad, justicia, reparación, asuntos bastante complejos que los medios de comunicación no supieron abordar”.

La consecuencia de este hecho, es que el 2 de octubre triunfó la narrativa de que el Acuerdo de Paz era beneficioso para las Farc, por encima de lo que beneficiaba al país.

Frente a los grandes temas del país los medios de comunicación pueden tomar posición, sin que necesariamente deban hacerse al lado, del Gobierno o  de la oposición, sino asumir una posición crítica, apostándole a una sofistificación de la información cuando de abordar el conflicto armado en Colombia se trate.

Desde el periodismo no se puede continuar abordando un tema del conflicto armado, siguiendo el discurso  de algún actor  político llámese Gobierno u oposición.

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