Sergio Cabrera es uno de los tipos más inteligentes que conozco. Ha sabido ser modesto de verdad. Eso de ser el foco de atención no le gusta y es lo suficientemente sagaz como para que quede claro que no le importa, que no es falsa modestia, que las entrevistas son una mamera y que los homenajes no son más que la antesala de la muerte. En Yo Fellini, una especie de autobiografía que le ayudaron a escribir al italiano, afirmaba que el maestro se enfermó de muerte cuando la academia decidió darle un Oscar honorífico. “Lo que quería era financiación para hacer otra película”. Murió a los pocos meses. Cabrera no se toma tan en serio. Lo vi muy feliz en la ceremonia de los premios Macondo. En el fondo, seguía siendo el mismo muchacho que filmó Técnicas de duelo y cuando le dieron el premio intentó, incluso, taparse con él. A sus 76 años, sigue teniendo un impacto en todos los que lo conocen, sobre todo en las mujeres. Luce como un director de cine, habla como un humanista, luce como una estrella.
En Colombia no hay mucho cine, pero sí hay premios. El Macondo se engrandece al dárselo al más grande de nuestros directores. Hace poco tuve que hablar con una influencer de 21 años. Llevaba puesta una camisa que tenía un dibujo de una casa y luego la leyenda que decía “Ahí tienen su hijueputa casa pintada”. Le hice el comentario clásico que le haría un señor de mi edad: “Tu no habías nacido cuando hicieron esa película” y me respondió “Yo tampoco había nacido cuando crearon el mundo e igual vivo en él”. No me quedó claro si había visto La estrategia del Caracol, lo que estaba seguro es que no importaba. Ya era un clásico de nuestra cultura, estaba ya en ese renglón donde están las grandes obras de la humanidad, todos hablan del Quijote y solo unos pocos lo han leído.
Pero sí, claro que seguimos viendo La estrategia. Sergio logró otro milagro: en un país tan godo como este, pudo filmar la más popular de nuestras películas con una temática absolutamente anarquista, revolucionaria, capitaneada por un hombre con el temple de los viejos comunistas como era su padre, Fausto Cabrera. Para los interesados en saber sobre China, sobre Fausto y sobre el abandono de un par de hermanitos en Pekín durante la Revolución Cultural, les recomiendo leer Volver la vista atrás. Este no es un artículo sobre esto, esto ni siquiera es un artículo, es un mensaje urgente: en esta crisis cultural y existencial que vivimos debemos volver a las películas de Sergio Cabrera. Son un puñado de películas. En Colombia, pocos tienen la oportunidad de ser prolíficos en el cine. Hay que estar medio locos para no parar de filmar, desprenderse de la vanidad como Jairo Pinilla y filmar y filmar. Sergio no lo haría, es demasiado perfeccionista. Se nota. Por eso su filmografía está llena de joyas absolutas, Todos se van, Ilona llega con la lluvia, Técnicas de duelo – tres grandes adaptaciones- dos telenovelas absolutamente únicas para la televisión colombiana, Escalona y Doctor Mata, esta última absolutamente incomprendida incluso para la casa productora que la hizo, RCN, pero que fue amada y sigue siendo recordada por su público. Ahí, en esas películas, está Colombia, incluso en el relato de Wendy Guerra que se filmó en La Habana. Somos Caribe así que es inevitable.
Me cuesta mucho trabajo hablar de Sergio, como persona y como autor. Por lo general los genios son unos malditos bastardos, pocos son como él. Yo creo que fue China la que le despojó el ego. No sé si es estoico, jamás hablé de filosofía con él, pero hablar con él da la paz que podría dar en la antigüedad esos viejos sabios que no tienen ego, que renunciaron a él desde chiquitos. Es una cualidad que es difícil de aprender. Es una cualidad que se empieza a tejer empezando la vida. A pesar de todo el sufrimiento que causó ser hijo de un comunista radical, Sergio puede atesorar esto como la gran enseñanza de su padre: ser un hombre sin odios que jamás se enamoró de sí mismo. Tan solo quiso hacer su trabajo lo mejor posible. Le dieron un trofeo por eso, maravilloso. Pero la grandeza siempre estuvo y no se va a ir jamás. Ojalá pronto tengamos una nueva película de Sergio Cabrera.



