Programas deportivos hay muchos, periodistas también, pero pocos son tan respetados como el gran Iván Mejía Álvarez. Creo que nació en 1950 en Cali. Era un niño bien en Cali. Uno de esos rebeldes del Berchamns que nunca se acomodó a eso que llamaban el orden establecido. Le gustaba ir al cine de San Fernando, a ver todo ese ciclo de películas extrañas que publicaba un muchacho de gafas que lo hacía ver como un búho y cuyo nombre era Andrés Caicedo. El cine, el fútbol y la literatura alguna vez confluyeron en su camino, pero él escogió el fútbol, por supuesto.
Tengo una gran admiración por Mejia. En Todelar fue una voz dura de oposición al sistema del fútbol en los años ochenta, completamente cooptado por el narcotráfico. Él respondió ante eso no afiliándose a ningún sistema. Algo de lo que no se pueden sentir muy orgulloso muchos de sus colegas.
Hoy le escribí a Iván Mejía en la tarde y no me contestó. Estoy escribiendo un artículo sobre fútbol y literatura, y le quería preguntar por alguno de esos libros que le gustan, sobre Santiago Segurola, sobre Vásquez Montalbán. Después vi las redes y me di cuenta de que estaba siendo recibido en RTVC. Allí fue tratado como lo que es: la última verdadera estrella, junto con Hernán Peláez, del periodismo deportivo colombiano.
Iván siempre siguió la misma dirección, la difícil la que usa el salmón, como diría Calamaro. En los noventa, cuando todos estaban enamorados del Bolillo, fue el único que se dio cuenta de su limitación intelectual, de la poca curiosidad que tenía por el fútbol europeo, de la alcahuetería con el Tino. A Medellín no podía ir. Decir la verdad en un país como Colombia tiene un costo muy alto. Y se impuso sin venderse. A mí me gusta Mejía no porque sea de izquierda, sino que, para un periodista en Colombia, decir que ser de izquierda es patear la lonchera, es graduarse de “empleado problemático”. Soy un romántico, me gustan los valientes.
Nunca es fácil ser como Iván Mejía, sin duda que es más cómodo ser como César Augusto. Se retiró porque se hartó de la rutina, del acartonamiento de un medio que envejecía como Caracol Radio. Estamos en una crisis muy profunda en el periodismo, tenemos que celebrar el regreso de un setentón como Iván porque no hay recambio. Estamos, en el periodismo futbolero, como el medio campo de la selección Colombia: el talento sólo lo ponen los viejitos.
Es refrescante saber que Iván va a estar acompañándonos en el mundial junto al gran Tato Sanint. Van a ver algo histórico: le van a pelear el rating a Caracol y RCN. Disfrutemos a Iván todo lo que podamos. No vamos a tener alguien como él en mucho tiempo. Volteen a mirar para atrás: solo verán una bola de heno rodada por el viento.



