No todos los hinchas del fútbol son unos cretinos

Por años la intelectualidad de izquierda y sus posturas un poco santurronas han afirmado que el fútbol es solo “pan y circo”. Esto ha cambiado, sin duda, con el paso de los años. Una figura fundamental que ayudó a cambiar eso que parecía un paradigma inobjetable fue el señor Eduardo Galeano. Creador de una de las biblias de la lucha revolucionaria de los años setenta, Las venas abiertas de América Latina, a Galeano nunca le dio pena afirmar que era un futbolero absoluto. Se reconocía como hincha de dos equipos, del Nacional de Montevideo y de todo aquel que le diera la felicidad de una gambeta, de “jogo bonito”; era un tipo que iba por los estadios del mundo mendigando una finta, un taco, un escorpión. Por algo quiso tanto al fútbol colombiano. Le parecía que Valderrama y su corte habían logrado una hazaña: recordar que el fútbol no era para ganar o perder, sino que era un juego hecho para ser feliz.

Fue Galeano que nos recordó que hubo otros grandes escritores que no cayeron en el cliché barato de defenestrar al fútbol, que existieron personajes como Albert Camus, quien afirmó que toda la moral que él había conocido lo hizo por este deporte. También sabíamos del fervor que tenía Pier Paolo Pasolini, poeta y cineasta por el Genova, en donde jugó y que incluso dentro del mismo deporte hay futbolistas como Redondo o Valdano, que leen a Borges y escriben de maravilla.

Después vinieron otros monstruos a hablar de fútbol: Vásquez Montalbán, por ejemplo, analiza la pasión de los hinchas que convirtieron el fútbol en una religión. Juan Villoro, gran maestro mexicano, ha venido escribiendo constantemente sobre el deporte rey. En Dios es redondo nos cuenta cómo cubrió, como reportero, los mundiales de 1998 y 2002, además de hacerle una vivisección a Diego Armando Maradona, el más mortal de los dioses, a partir de su autobiografía, Yo soy el Diego de la gente. Entre todas las memorias de futbolistas, la del “Diez” es la más candente, sincera y la más políticamente incorrecta. El libro lo escribieron dos periodistas, Daniel Arcucci y Cherquis Biaio y la editorial le pagó al Diego un millón de dólares por derechos. Es una pieza de colección para los amantes del fútbol.

Pero fue Eduardo Galeano quien creó la gran obra maestra de los libros sobre este deporte, El fútbol a sol y sombra, recuerdo que la primera vez que lo leí lloré de la emoción cuando el uruguayo relata el gol que le metió en el último minuto Freddy Rincón a los alemanes en el mundial del 90. Cuando murió el “Coloso” en un accidente de tránsito, replicaron los periódicos esta pieza magistral de relato corto.

Ahí están también todos los álbumes de Panini que, si bien no son literatura, son una pieza de arte inestimable, el libro de Caparrós sobre Boca Juniors y una biografía sobre Robert Enke, el portero de la selección alemana que se le tiró a un tren a los 32 años y nos recuerda la terrible responsabilidad psicológica que conlleva ser arquero.

Así que nada, si bien, como diría Galeano, vamos a estar “Cerrado por fútbol” este mes, se debe disfrutar leyendo las mejores obras sobre “el deporte más bello del mundo”.

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