Durante el Encuentro Nacional Minero-Energético, realizado en la ciudad de Cali los días 14 y 15 de junio, se reunieron más de 400 personas de diferentes regiones del país. Este espacio permitió avanzar en la construcción de un camino colectivo que, aunque apenas comienza, dejó importantes hitos para el sector minero-energético colombiano: la creación de la Plataforma Nacional Minera, la Federación de Mujeres Mineras y la Federación de Comunidades Energéticas.
A lo largo de los dos días se desarrollaron mesas de trabajo, diálogos permanentes e intercambios de experiencias que permitieron reconocer las diversas realidades y complejidades de los territorios. Las voces de mineros y mineras, liderazgos comunitarios, representantes de comunidades energéticas y organizaciones sociales evidenciaron que detrás de cada proceso existen historias de vida atravesadas por el trabajo, la resistencia, la organización colectiva y la defensa del territorio.
De esta manera, el encuentro no solo permitió construir propuestas para el sector, sino también reconocer a las personas y comunidades que, desde sus conocimientos y experiencias, impulsan una transformación minero-energética más justa, participativa y acorde con las realidades territoriales.
Las voces de las mujeres fueron las que más se sintieron, diferentes lideresas de territorios históricamente vulnerados hicieron presencia, departamentos como Nariño, Chocó, y de otras regiones del país, compartieron sus experiencias como mineras, trabajadoras, cuidadoras, lideresas comunitarias y defensoras del territorio. Sus testimonios permitieron visibilizar los desafíos que enfrentan diariamente, entre ellos las brechas de género, la falta de oportunidades laborales en sus territorios, las dificultades para acceder a procesos de formalización, recursos y espacios de decisión, así como las múltiples responsabilidades familiares y comunitarias que asumen.
Una de estas historias es la de Disney Patia Ramírez Cocio, lideresa social del municipio de Lloró, Chocó, e integrante del gremio minero. Su vínculo con la minería forma parte de un legado familiar que ha estado presente desde su niñez y que ha influido en su relación con el territorio, la comunidad y los procesos organizativos.
Disney es una mujer activa en Asonarjú, una organización ancestral dedicada a la defensa de los derechos humanos y al fortalecimiento de las comunidades del territorio. Este proceso articula a 13 consejos comunitarios y 21 asociaciones, demostrando que la asociatividad constituye una herramienta fundamental para unir capacidades, representar los intereses colectivos y avanzar en la protección de los derechos de las comunidades vinculadas con la actividad minera.
Su historia permite comprender que, en territorios como Lloró, la minería no representa únicamente una actividad económica. También constituye una fuente de sustento para numerosas familias, se relaciona con la seguridad alimentaria y hace parte de las prácticas, conocimientos y formas de vida construidas históricamente por las comunidades. Por esta razón, hablar de minería desde una perspectiva territorial implica reconocer las condiciones sociales y económicas que rodean la actividad, así como la necesidad de acompañar a las organizaciones para fortalecer sus capacidades y proteger sus medios de vida.
Como mujer lideresa y feminista, Disney manifiesta el orgullo que siente al contribuir al desarrollo social, político y cultural del gremio minero. Su participación demuestra que las mujeres no ocupan un lugar secundario dentro de estos procesos: son protagonistas de la organización comunitaria, la defensa de los derechos humanos y la construcción de propuestas para transformar el sector desde las realidades territoriales.
Su vinculación con el proyecto Construyendo Territorios, desarrollado conjuntamente por el Ministerio de Minas y Energía y la Fundación Paz y Reconciliación (PARES), representa una oportunidad para visibilizar estas experiencias y fortalecer los procesos asociativos del territorio. En donde a través de este tipo de iniciativas, las voces comunitarias pueden ser escuchadas y sus conocimientos incorporados en la construcción de políticas, estrategias y rutas de acompañamiento para el sector minero.
Otra de las voces que representa el liderazgo de las mujeres en el sector es la de Melisa Cadena, representante legal de la Asociación de Mujeres Mineras Madre Tierra, del municipio de La Llanada, Nariño. Su historia también está vinculada con una tradición familiar minera y con una actividad que constituye uno de los principales motores económicos de su territorio.
Desde su experiencia, Melisa reconoce que la minería hace parte de la identidad, la historia y los medios de vida de las familias de La Llanada. Sin embargo, también plantea la necesidad de transformar las condiciones bajo las cuales se desarrolla la actividad, especialmente aquellas que afectan la participación y el reconocimiento de las mujeres. Por ello, desde 2023 lidera iniciativas orientadas a incorporar la perspectiva de género en la reforma al Código Minero y a reivindicar los derechos laborales de las mujeres vinculadas con el sector.
Su liderazgo permite visibilizar que las mujeres han participado históricamente en diferentes labores de la cadena minera, aunque sus aportes no siempre han sido reconocidos ni valorados de manera suficiente. Frente a esta realidad, la Asociación de Mujeres Mineras Madre Tierra trabaja para fortalecer su organización, ampliar sus oportunidades y promover una participación más efectiva en los espacios de decisión relacionados con el sector.
Uno de los principales propósitos de la asociación es avanzar hacia una actividad minera que pueda armonizarse con la protección del ambiente y la defensa del territorio. Para Melisa, no se trata de desconocer la importancia económica de la minería, sino de promover prácticas más responsables que permitan proteger los bienes naturales, preservar las condiciones de vida de las comunidades y garantizar un futuro digno para las nuevas generaciones.
Las experiencias de Disney Melissa, aunque provienen de territorios diferentes, guardan algo en común; evidencia que las mujeres sostienen la economía de sus familias, lideran asociaciones, defienden los derechos humanos, protegen sus territorios y construyen alternativas productivas. Gracias a el Encuentro Nacional Minero-Energético estas voces pudieron encontrarse y pasaran de experiencias locales a una construcción colectiva.
Finalmente, este encuentro permitió reconocer que las mujeres no solo hacen parte de la actividad minera, sino que también son protagonistas de su transformación. Sus conocimientos, liderazgos y propuestas son fundamentales para avanzar hacia una minería más justa, responsable y comprometida con la vida, la protección ambiental y la paz territorial.



