Más allá de la experiencia acústica

Después de haber sido la correctora de un grandísimo libro, me dio mucho gusto saber que sería presentado en la FILBO 2026. El evento se programó en una de las salas del fondo de Corferias, una de las que están identificadas con letras. Tuve que navegar ríos de gente que se movía entre la entrada y los distintos pabellones. Al reconocer la sala, recordé que en ese mismo lugar había visto el año pasado al escritor argentino Andrés Neuman, acompañado por un pésimo sonido. Ni por un segundo se me ocurrió que algo así pudiera pasar de nuevo, pero pasó. En esta ocasión, el académico Ricardo Sánchez conversaba con el periodista Gonzalo Guillén sobre su reciente libro Matar no es fácil. Rápidamente me di cuenta de que desde mi puesto no escucharía nada, así que me senté lo más cerca que pude de ellos. Debo decir que escuchaba con mayor claridad la conversación de los dos jóvenes que supervisaban la entrada a la sala. Si usted conoce la estructura de esas salas, sabe que además de ser amplias, están conectadas unas con otras. Uno, dos o tres eventos sucedían al mismo tiempo y competían por ser escuchados, en la sala donde yo me encontraba, el sonido era tan malo que ni alambrando a los expositores la cosa mejoró. Y cuando quiso mejorar, ellos debían hacer silencio por unos segundos, para dar paso a los aplausos de las salas contiguas.

A pesar de todo, el libro no sucumbió a sus vecinos y salió victorioso en busca de lectores, gracias al presentador, quien escogió muy bien los fragmentos a comentar, y a su autor, respaldado por un trabajo de calidad. Sin embargo, me pregunto con qué impresión se fueron los de la última fila.

Es evidente que desde hace rato se deben replantear aspectos logísticos dentro de la organización de la feria, no tengo la solución y sé que no debe ser nada fácil, sé, además, que hacen un esfuerzo monumental moviendo tanta gente y tantos eventos, pero es una lástima todo lo que se desperdicia por no tener las condiciones adecuadas. Los visitantes de la feria esperamos cada año con ansias esta temporada y queremos seguir asistiendo, no nos espanten.

Y a propósito de organización, aunque no hago parte de ningún colectivo, debo decir a título personal que no tener mujeres en la mesa inaugural de la feria fue un completo desacierto. En un país donde tenemos una ganadora del Premio Reina Sofía de poesía, como Piedad Bonnett, es fácil asumir que debe haber más mujeres haciendo grandes cosas en literatura, y para que lo sepan: son un montón.

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María del Rosario Laverde