En un resultado inesperado por muchos, Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido presidente de Brasil con un poco más de 64 millones de votos que representan el 51,79 % del total de los votantes de la población brasilera.
Lula se recompuso de la derrota en primera vuelta y enfrentó una campaña de desinformación masiva, censura en redes y con un claro intervencionismo extranjero para dar la vuelta a la situación y conseguir de esta manera una victoria que lo reelige y que dará paso a su cuarto mandato presidencial.
Crónica de la jornada
La jornada arrancaba con la expectativa que había dejado la primera vuelta donde el candidato derechista, Flavio Bolsonaro había sacado una ventaja de 1,87 % sobre el presidente, Lula Da Silva.
Bolsonaro había logrado consolidar unas mayorías absolutas que, en primera vuelta, lo dejaban como el claro favorito de la contienda. Incluso, durante las cinco encuestas que se dieron entre la primera y la segunda vuelta, el candidato de la extrema derecha obtenía la victoria en cuatro de las cinco, con una ventaja que iba desde el 2 hasta el 5 %.
Pese a las encuestas que no lo favorecían, las tres semanas siguientes a la primera vuelta fueron una demostración política de Lula, que logró conectar con la ciudadanía, romper el miedo que generaba un cuarto mandato, impulsar una agenda social por encima de la agenda “bolsonarista” y romper discursivamente a su rival en los diferentes debates en los cuales se midieron.
Este impulso, sumado al movimiento zonal que se dio en el Río Grande y en Mato Grosso, donde el oficialismo se movió para reducir el abstencionismo de primera vuelta llevaron los comicios a un desenlace poco esperado, en el cual Lula y su movimiento lograron un crecimiento de 11 millones de votos que le permitieron superar al candidato de la extrema derecha, Flavio Bolsonaro.
La “polémica” de la jornada
La jornada, estuvo marcada por la extraña decisión del Tribunal Superior Electoral de ampliar la hora de cierre de las votaciones por dos horas más a solicitud de la campaña de Lula Da Silva, argumentando que en varias ciudades se había presentado dificultades de acceso al transporte público.
La campaña de Bolsonaro se acogió a la solicitud, pero dejó en claro que su solicitud solo iba dirigida a ciudades en el sur y el sureste (donde su campaña era más fuerte) las cuales había tenido problemas durante la jornada por las condiciones climáticas adversas.
Al final, la polémica se desató a razón de que el juez Kassio Nunes, presidente del Tribunal Supremo, no se pronunció sobre la solicitud, lo que obligó a que fuera Cristiano Zanin, juez del Tribunal Supremo de Brasil, el que autorizara la ampliación de la jornada.
Dicha ampliación se dio sobre las 5:01 de la tarde, un minuto más tarde del cierre de la jornada, lo que generó una fuerte confusión, toda vez que varias urnas fueron cerradas y, según la ley electoral brasileña, no podían volver a abrirse.
En medio de ese debate, las mesas que quedaron abiertas mantuvieron la jornada en funcionamiento, con toda la crítica encima por cuenta de que, en el momento en que el juez Zanin autorizó la ampliación del escrutinio, ya había arrojado un porcentaje ínfimo de resultados.
Este suceso llevó a la campaña de Bolsonaro a rechazar de manera pública el triunfo de Lula, denunciando que el juez Zanin hacía parte del equipo jurídico cercano al oficialismo y que su decisión, además de viciada, se dio fuera del marco temporal permitido, lo que atenta contra las leyes del Tribunal Superior Electoral de Brasil.
La campaña del “bolsonarismo”, además de no reconocer los resultados, amenazó con denunciar la elección y el resultado por los vicios de trámite ocurridos con la decisión del juez Zanin. Por ahora, no hay una acción jurídica formal de la campaña.
¿Qué viene para Lula en este cuarto mandato?
Pese a las controversias, el margen de Lula es bastante amplio, por lo cual el análisis pasa más por el gobierno que tendrá Lula que por un hipotético caso de anulación de la elección.
Siendo así, Lula tiene de frente su mandato más complejo, por un lado, por los estrechos márgenes de victoria, que deja en claro que el porcentaje de la sociedad que está en contra de su modelo y de su visión de país es un porcentaje considerable al cual Lula tendrá que escuchar, para poder fortalecer la democracia, pero también, para garantizar el tránsito del gobierno en armonía con el pueblo.
Dicha polarización y división entre modelos de país se exacerba si miramos, por un lado, las gobernaciones, donde Lula solo tendrá 5 gobernadores aliados, 16 que se alinean más con los movimientos opositores y 6 en independencia política.
El panorama se vuelve aún más complejo si se mira el Congreso Federal, en donde la derecha liderada por el Partido Liberal de los Bolsonaro tendrá las mayorías políticas con 48 senadores de derecha (59,3 %) y 303 diputados (59,1 %).
Con dichas mayorías, Lula deberá acudir a los partidos de centro que representan un 20 % de ambas cámaras con el fin de robustecer su propia coalición y de esta manera configurar un bloque que permita llevar a cabo negociaciones políticas con la oposición con el fin de mantener un trámite legislativo fluido que permita la discusión política y el tránsito del gobierno.
Lula logró romper con el miedo y con el voto castigo que se emitía contra el oficialismo, pero tiene el reto de configurar un gobierno con una amplia oposición, unir al pueblo bajo un parámetro social incluyente y lograr impulsar un acuerdo que permita escuchar a la oposición para poder construir un gobierno que transite hacia las reformas que espera el oficialismo.
Su triunfo es histórico, es la demostración política del político “más grande de Brasil”, es la consolidación de su figura, pese al declive y caída que ha venido teniendo el Partido de los Trabajadores.
Se gana más por Lula y por su figura que por la máquina política que lo acompaña. Por eso, serán Lula y su figura “renovada” después del triunfo las que garanticen la consolidación del nuevo gobierno y la discusión política con la oposición, una oposición que, como ha pasado en toda América Latina, crece al paso del tiempo.



