El margen empezó a estrecharse después del décimo boletín. Llegó a estar sobre los cinco puntos, pero, hacia las cinco de la tarde, esta se redujo ostensiblemente a medida que eran escrutados ciudades claves del Pacífico, la costa Atlántica y Bogotá. Se redujo tanto que bajó de un punto. Muy temprano en lanchas, camperos, en todo lo que se moviera, en todo lo que flotara, la gente desde las regiones se movilizó para conseguir un milagro, evitar que una idea con la que ellos no estaban de acuerdo se impusiera. La reacción del presidente fue la misma que en primera vuelta, entrar en profunda negación, apelar al fraude. Sobre las 6:30 de la tarde ya se sabía que había pasado algo inédito en la historia de la democracia colombiana, un outsider había sido elegido presidente. Otra vez, ninguna de las encuestas acertó. Aunque todas daban como ganador a Abelardo de la Espriella, ninguna pudo apuntar a un resultado tan estrecho: menos de un punto.
La primera reacción del candidato Iván Cepeda fue no aceptar los resultados. La brecha fue de poco más de 250.000 votantes. Si bien la segunda vuelta entre Samper y Pastrana, en 1994, fue todavía más estrecha, ahora hay más votantes, por lo tanto, desde lo porcentual si fue un resultado completamente inédito en su estrechez. Los resultados los recibió Iván Cepeda en el Royal Center en Chapinero, Bogotá, uno de los sectores de la capital con más afluencia progresista. Lo que pidió Cepeda fue un escrutinio, contar voto por voto, pero esto difícilmente podrá revertir ese resultado. Cepeda hizo un llamado a la resistencia y a movilizaciones pacíficas.
Mientras tanto, desde la ventana al mundo de Barranquilla, Abelardo y su campaña se preparaban para la fiesta. Antes de hacerlo recorrió en una camioneta completamente blindada y encerrada en un vidrio las principales calles de Barranquilla. Sobre las nueve de la noche apareció quien se hace llamar “El Tigre”, se subió a la tarima y en medio de una música atronadora dio un discurso que fue de menos a más en intensidad de virulencia. Arrancó afirmando que gobernaría para todo el país, incluyendo a los que no creen en él, a los que no lo votaron, contradiciendo lo que había dicho en su campaña de gobierno, el de “Destripar” a la izquierda. Igual afirmó que tanto Cepeda como Gustavo Petro deberían empezar “a empacar sus maletas” e irse del país.
Mientras tanto un grupo de abogados de ambas campañas se encarga de supervisar el escrutinio. Las posibilidades de reversarlas son prácticamente nulas. El resultado es irreversible, Abelardo de la Espriella es presidente.



