Conocí a Abelardo de la Espriella en el año 2018. En esa época, el abogado no tenía entre sus planes ser presidente del país. En ese momento pensaba algo muy diferente para su vida: ser un cantante de ópera. Si bien, su disco con arias italianas no fue un éxito, logró lo que esperaba: captar la atención de su público. Para el estratega argentino Ángel Becassino Abelardo aspiraba a eso, a ser el centro de la atención nacional: “Por eso quiso ser actor, cantante de vallenatos, luego intentó tener un vino y un ron propio. En todas estas cosas fracasó, en lo único que le fue muy bien, fue como candidato”.
Sí, en eso lo logró. Su primera gran victoria fue derrotar al uribismo. El 31 de mayo empezó a dar un batacazo: este outsider consiguió derrotar, por más de 9 millones de votos, a quien iba a ser en teoría su principal obstáculo: Paloma Valencia. Su ofensiva mediática y en redes fue agresiva y constante. Sirvió primero para aplastar a Paloma y luego siguió para descalificar a su rival en segunda vuelta: Iván Cepeda.
Aunque dijo que era de los nunca, es decir, de outsiders que jamás estuvieran involucrados en la política, esto no se cumplió a rajatabla. A la campaña de Abelardo llegaron clanes como los Char, los Barguill y obtuvo apoyo tácito de expresidentes como Iván Duque. El arribo a su campaña de José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda de Duque, reafirmó que esta ala política estaría con él.
La fórmula no fue apegarse a las ideas, sino a las emociones. Abelardo fue efectivo a la hora de hacer una campaña enfocada en el show televisivo. Le sirvió para apoderarse de los símbolos, uno de ellos fue la camiseta de la Selección Colombia, otro el lema del ejército, ¡Firmes por la patria!, además, en pleno fervor del Mundial, empezó a usar cánticos futboleros en apoyo a su campaña.
Abelardo es un presidente joven, tiene 47 años y nació en Bogotá, aunque su familia es de Sahagún, Córdoba. Si bien eran “riquitos de pueblo”, como se lo dijo su mamá a La Silla Vacía, estaban lejos de tener el poder de las grandes familias pertenecientes a la élite bogotana. Su papá, Abelardo de la Espriella Juris, fue concejal de su municipio e incluso aspiró a ser gobernador de su departamento, pero no lo logró y eso que lo intentó dos veces.
De la Espriella se hizo famoso en el país cuando apareció en los diálogos de Ralito, acompañando a los comandantes paramilitares como uno de los asesores jurídicos. Siempre soñó con fortuna y fama. Sus primeras aspiraciones fueron tener un avión privado con el que llevaría a su abuela a Miami cada vez que quisiera. Otra de las defensas que lo catapultó a la fama fue la que hizo a David Murcia Guzmán durante el proceso de la captadora de dineros. Desde entonces, se ha visto envuelto en varios escándalos, algunos tan graves como una supuesta cercanía a los grupos paramilitares. Nada de esto le ha sido probado.
Abelardo es la respuesta del país a la inconformidad que significaron los cuatro años de Petro, que no estuvo libre de cuestionamientos, algunos tan graves como lo sucedido con la UNGRD. Algunos de sus enunciados, como el de afirmar que “destriparía” a la izquierda, generan preocupación en los que no piensan como el nuevo presidente. Aún no sabemos si este dicho fue nada más una parte del show televisivo que montó, y que le funcionó, como lo hizo Trump en Estados Unidos y Milei, dos de los mandatarios que más contentos se vieron por el triunfo del Tigre, un producto perfectamente diseñado y que inaugurará uno de los periodos presidenciales más raros de la historia política nacional: la del presidente como un influencer. Cambia, todo cambia.



