Fue una especie de revolución ciudadana, juvenil. Eran muchachos menores de veinticinco años los que salieron a la calle arropados por lo que se conoce como La séptima papeleta. En las elecciones de marzo de 1990, un país golpeado, habló a través de sus jóvenes. Ese día se llevaban a cabo las elecciones a Congreso. Y, por eso, estos muchachos lograron que les aceptaran depositar en las urnas una séptima papeleta. Esa séptima papeleta era un clamor de miles de muchachos que decían basta, basta a la violencia, al sicariato, al terrorismo. 1989 fue el peor año de la historia del país. Asesinaron en seis meses a tres candidatos presidenciales, un avión estalló en el aire mientras despegaba del aeropuerto El Dorado, en Bogotá estalló el carro bomba más cargado de explosivos que se haya visto en el país. Había miedo. No se podía ni siquiera salir a rumbear. Era el terror puro.
Uno de los orígenes de estos actos era la renuencia del establecimiento a dar un paso adelante y olvidarse, por supuesto, de la necesidad de cambiar una constitución que tenía más de cien años. Sí, pudo haber tenido una idea parecida el M-19 y Pablo Escobar, pero los muchachos de la séptima papeleta consolidaban una necesidad democrática. No podíamos seguir teniendo una constitución para los ángeles, necesitábamos una constitución que le hablara a los hombres. La del 91 fue una garantía para los ciudadanos. Por primera vez, aparecían instrumentos como la tutela para que un ciudadano de a pie no esté tan desprotegida por una justicia controlada por el poder.
La Séptima Papeleta fue el inicio en la política para pesos pesados como Claudia López, Fernando Carrillo, Antonio Sanguino, Sergio Díaz-Granados, entre otros. Se escuchó también a dos fuerzas desestabilizadoras del país, uno de ellos era el M-19, otro Pablo Escobar. Fue una conjunción de necesidades, de coyunturas, de necesidades. Fue un logro mancomunado en donde el país salió ganando. La firma entre tres fuerzas absolutas, la línea conservadora con Álvaro Gómez Hurtado, los liberales con Horacio Serpa, el M-19 con Antonio Navarro, ellos fueron los que firmaron el documento.
Se cumplen 35 años de este hecho. Por eso, mientras se realiza el XII Congreso Mundial de Derecho Constitucional, jueces y estudiantes de derecho se ocuparán de hacer respetar una constitución que ha intentado darles justicia a los hombres, a los colombianos y que en más de una ocasión ha sido blanco de atentados, de cambios, de malformaciones. El evento, realizado en la Universidad Externado, estuvo marcado por un mensaje reiterado de las altas cortes y exconstituyentes de preservar los principios fundamentales de la carta política, evitar el debilitamiento del sistema de pesos y contrapesos, y fortalecer el cumplimiento de sus promesas, entre estas el ordenamiento territorial, antes que promover su sustitución.
Así que la constitución se respeta y esto se hará siempre. Ningún gobierno podrá ser más grande que esto.



