Francisco Véjar es un poeta chileno, radicado actualmente en Colombia. Fue amigo personal del poeta Teillier y es autor de la antología Poemas de la realidad secreta sobre su obra, publicada en Visor, España.
Jorge Teillier, hoy 24 de junio de 2026, cumpliría 91 años. Nació en Lautaro el mismo día en que muere Carlos Gardel, en Medellín, Colombia. Por cierto, Teillier fue admirador del zorzal criollo, hasta el día de su muerte. Se trata de una de las voces más significativas de la poesía hispanoamericana, a partir de los años cincuenta en adelante. Su primer libro de poemas lo publicó en 1956 y lo tituló: Para ángeles y gorriones. Fue una autoedición. La mitad del dinero lo puso su padre y el resto, lo consiguió el poeta, vendiendo suscripciones a sus compañeros de la Universidad de Chile, donde estudiaba pedagogía en historia. Ahora bien, sorprende la madurez poética que alcanza en este libro. Un ejemplo de ello, es “Nieve nocturna”, poema que escribió Teillier cuando aún no terminaba su bachillerato en Victoria, ciudad ubicada en el sur de Chile. Ahí escribió: “¿Es que puede existir algo antes de la nieve? /Antes de esa pureza implacable, / implacable como el mensaje de un mundo que no amamos / pero al cual pertenecemos / y que se adivina en ese sonido / todavía hermano del silencio. / ¿Qué dedos te dejan caer, / pulverizado esqueleto de pétalos? / Ceniza de un cielo antiguo / que hace quedar solo frente al fuego”.
A partir de esa publicación, la crítica lo ovacionó. Hernán Díaz Arrieta, más conocido como Alone, lo destacó entre los mejores de su generación. Y Teófilo Cid, surrealista chileno cercano a Vicente Huidobro, también lo hizo. Uno de sus grandes aciertos fue mantenerse inmune al influjo de Pablo Neruda, que gravitaba enormemente por esos días con el Canto general (1950), y se acogía su llamado a las juventudes a que asumieran el compromiso político a través de la escritura. En 1954, Nicanor Parra irrumpe con Poemas y antipoemas. Este libro representa una nueva forma de poetizar que rompe con el canon nerudiano. El mérito de Teillier fue mantenerse lejos del influjo de Neruda y Parra, y haber conseguido crear un lenguaje y universo propios.
Lo descrito anteriormente no significa que él no tuviera una posición política. Desde niño, su padre lo llevó a conocer el mundo de los mapuches y de la naturaleza. Era usual que a la casa familiar de Lautaro llegaran: Pablo Neruda o Pablo de Rokha. En Muertes y maravillas (1973), incluyó el texto que lleva por título: “Retrato de mi padre militante comunista” y dice: “En las tardes de invierno / cuando un sol equivocado busca a tientas / los aromos de primaveras perdidas, / va mi padre en su Dodge 30 / por los caminos ripiados de la Frontera / hacia aldeas que parecen guijarros o perdices echadas”. Y más adelante continúa: “Desde hace treinta años / grita “Viva la Reforma Agraria” / o canta “La Internacional” / con su voz desafinada / en planicies barridas por el puelche, / en sindicatos o locales clandestinos, / rodeado de campesinos y obreros, / maestros primarios y estudiantes, / apenas un puñado de semillas / para que crezcan los árboles de mundos nuevos”.
Años antes, publica Poemas del país de nunca jamás (1963), libro dedicado a Beatriz Ortiz de Zárate (su segunda esposa), a sus padres y a los habitantes del País de Nunca Jamás. Es un homenaje al Peter Pan de James Matthew Barrie. Algo de eso había en Teillier. Parecía no envejecer y se fue temprano. Apenas tenía sesenta años cuando murió, el 22 de abril de 1996. En el prólogo a la antología que él mismo preparó para la Editorial Universitaria y que se titula: Muertes y maravillas, anotó: “Mi mundo poético era el mismo donde ahora suelo habitar, y que tal vez un día deba destruir para que se conserve: aquel atravesado por la locomotora 245, por las nubes que en noviembre hacen llover en pleno verano y son la sombra de los muertos que nos visitan, según decía una vieja tía (,,,) Yo escribía lo que dictaba mi verdadero yo, el que trato de alcanzar en esta lucha entre mí mismo y mi poesía. Porque no importa ser buen o mal poeta, escribir buenos o malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre. De qué le vale escribir versos a tanto personaje resentido, encerrado en una oscuridad sin puertas de escape, que vemos deambular por el mundo literario”.
Con todo, después del golpe de Estado, acaecido el 11 de septiembre de 1973, sus padres partieron al exilio y sus dos hijos, Sebastián y Carolina se fueron a Perú junto a Sybila Arredondo, su madre. El poeta queda desamparado en la ciudad de Santiago. Deja de ser director del Boletín de la Universidad de Chile. Se refugia en casa de Cristina Wenke y se produce un cambio radical en su vida. Poco a poco, empieza a desaparecer la mirada desinteresada de las cosas y ya no está el lar como centro de operaciones, sus mejores amigos están en el exilio o muertos, hay toque de queda y ya nadie acoge la inocencia. Entonces, se produce un cambio de lenguaje y entra la contingencia. Dicho temple se puede percibir, recién, en Para un pueblo fantasma (1978) y específicamente en Cartas para reinas de otras primaveras (1985). Este último libro lo publica al cumplir cincuenta años. Por entonces, vivía en los predios de Cristina en ‘El Molino del Ingenio’, ubicado entre La Ligua y Cabildo; ambos pueblos pertenecen a la Región de Valparaíso. Allí tenía una pequeña casa de madera con su biblioteca. En las paredes había retratos de su abuelo francés, de su hija siendo aún adolescente, del poeta René Guy-Cadou y de viejos boxeadores. En el escritorio de esa biblioteca escribió, “Sin señal de vida” donde dice: “Aprende a portarte bien / en un país donde la delación será una virtud, / aprende a viajar en globo / y lanza por la borda todo tu lastre / los discos de Joan Baez, Bob Dylan, los Quilapayún, / aprende de memoria los Quincheros y el 7° de Línea. / Olvida las enseñanzas del Niño de Chocolate, Gurdjieff o el Grupo Arica, / quema la autobiografía de Freud / o los 20 Poemas de Amor en edición firmada y numerada por el autor”.
Ya no están las noches mágicas del sur de Chile ni las maravillas de la infancia. Ahora bien, en ‘El Molino del Ingenio’ concluyó los siguientes poemarios: El Molino y la Higuera (1993) y En el mudo corazón del bosque (1997).
Despediremos esta breve semblanza, con un fragmento del último poema que escribiera Teillier en vida. Se llama “Viendo Casablanca donde Lorenzo Peirano” y leemos: “Rick el “Boss” / no recuerda en dónde estuvo anoche / y yo tampoco. (…) / ¿Cómo habla un Boss? / ¿Habrá ñoquis hechos en casa? / Por qué Miguel Antonio no quiere salir del corral? / ¿Hablaremos del pazzo campana / o de la bella suicida Antonia Pozzi? (…) / Hasta luego, hasta luego. / Voy a juntarme con Montale y Dora Markus / en la Casa de los Aduaneros. / “Tócala otra vez Sam”. / Tal todo no es más que una simple melodía / y nadie debiera recordarme. / “Tócala otra vez Sam”:



