Aracataca sigue viviendo el horror de la guerra

Dicen que ya no se les puede decir Los Pachenca. Técnicamente, es fácil rastrear su origen. En Colombia los grupos armados muchas veces no se terminan, sino que cambian su nombre, como una empresa que quiebra y busca continuar cambiando su razón social. Ahora se hacen llamar Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada, pero tienen su origen desde finales del siglo XX cuando Hernán Giraldo armó a cientos de hombres, entre los que se contaban muchos de sus hijos y sobrinos, y creó el Bloque Resistencia Tayrona. Con la excusa de ofrecerle protección a los políticos y hacendados de la región que venían siendo azotados por la guerrilla, despojaron, mataron, asesinaron y desaparecieron. Pero lo más absurdo y escandaloso en esta guerra fueron sus delitos sexuales. A Giraldo se le conocía por su alias de “Taladro”, precisamente porque violó a más de doscientas menores de edad, un crimen por el que está siendo juzgado.

Las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada han decidido tocar uno de los pueblos sagrados del país: los arhuacos, que viven justamente en ese gigante natural de cabeza blanca. Buena parte de ese lugar pertenece a Aracataca, el municipio donde nació Gabriel García Márquez.

En Aracataca, donde la tierra todavía respira historias y los ríos parecen recordar nombres antiguos, hoy se está gestando una fractura silenciosa. Los territorios sagrados de comunidades indígenas están siendo presionados por la presencia de grupos armados al margen de la ley, que no solo ocupan el espacio físico, sino que alteran profundamente el equilibrio espiritual y cultural que sostiene la vida en estos territorios.

Sí, desde finales de marzo empezaron a llegar los primeros reportes. Se hablaba ya de una crisis humanitaria. Poblaciones como Serankway Duanawimaku habían quedado en el fuego cruzado. Esto produjo el desplazamiento de personas que simplemente se movían por instinto de supervivencia. Se deben mover sin tener en cuenta que, al hacerlo, dejan atrás todo lo que alguna vez construyeron: su pasado, sus bienes. En medio de la noche deben irse para evitar que el fuego que encendieron los malos no los queme y lo que queda son sus casas bramando fuego.

En la Sierra está Nabusimake, que es la capital del mundo para estos pueblos indígenas que viven en la Sierra. Esto queda al otro lado de Aracataca, por eso más de 2.500 personas pertenecientes a estas etnias no tuvieron otro camino que llegar a los alrededores de esta mítica ciudad del Magdalena en las últimas semanas producto de los combates entre los antiguos Pachenca y el Clan del Golfo. El viernes de la semana pasada, la Unidad para las Víctimas entregó ayuda a 450 familias que lo han perdido todo por los últimos conflictos. La comunidad más afectada es Sabanas del Gobierno.

Durante la jornada, se entregaron diez toneladas de elementos, compuestos por kits de albergue y escolares. Debido a las complejas condiciones geográficas y de acceso a la zona, los insumos tuvieron que ser transportados en helicóptero hasta el territorio.

La ayuda que entregó el gobierno llegó a los 186 millones de pesos.

Pero esto apenas es una gota en el desierto, se deben hacer planes de contención, compromiso con estos grupos  —algunos de ellos están en mesas de negociación—  para que no toquen a los pueblos que pudieron sobrevivir a la invasión española, a la ambición blanca, pueblos que han vivido en paz allí desde hace siglos. Hechos como el que sucedió en Sabanas del gobierno no deben volver a pasar jamás.

Noticias al Minuto

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Catalina Valencia

Coordinadora de la Línea de Interculturalidad