Antonio Navarro: hizo la paz y honró la política

Antonio Navarro apareció por primera vez en los medios de comunicación cuando, como miembro de la guerrilla del M19, defendía la negociación de la paz. En ese empeño sufrió un grave atentado, pero persistió en su propósito. Fue una muestra de valentía y reciedumbre que lo acompañó a lo largo de su carrera política.

Tras firmar la paz, honró la política y mantuvo en alto las banderas de la reconciliación, sin vacilar ante el asesinato de Carlos Pizarro. Lo sucedió como candidato presidencial y tuvo una destacada trayectoria: copresidente de la Asamblea Nacional Constituyente, ministro de Salud, alcalde de Pasto, senador de la República y gobernador de Nariño.

Su encuentro con el presidente Virgilio Barco, horas después del asesinato de Pizarro, revela su carácter. Aunque Barco estaba dispuesto a atender grandes peticiones del M19, Navarro solo le pidió que le permitiera enterrar a Pizarro en paz.

Son treinta y seis años de una trayectoria política impecable. Muy pocos políticos colombianos pueden contar con ese legado. Muy pocos pueden ir de responsabilidad en responsabilidad con la frente en alto, sin un solo escándalo de corrupción sobre sus hombres.

Muy pocos pueden contar la historia de ser idóneos en la administración pública y también en la labor parlamentaria. Gobernar es un asunto difícil y lo es más cuando el país durante un largo trecho de su historia republicana les cerró las puertas a opciones distintas al bipartidismo tradicional.

Merecía más. Tenía el talante y el conocimiento para ser presidente de la república. No tuvo el abrazo del tiempo. Cuando la izquierda logró el arraigo y las circunstancias favorecieron su ascenso al poder, Antonio Navarro ya no tenía el vigor y la vigencia para ir tras el honroso y exigente cargo.

Pero junto a otros desbrozó el camino. Lo hizo atreviéndose a dar el paso hacia la paz en medio del inmenso reguero de sangre en que terminó la década del 80 del siglo pasado. Después del asesinato de cuatro candidatos presidenciales y del sacrificio de más de tres mil militantes de izquierda.

Lo hizo sacando adelante en compañía de las fuerzas progresistas, contra viento y marea, la más ambiciosa reforma política del siglo veinte: la constitución de 1991 que le regaló al país el pluralismo político y abrió las puertas para que treinta años más tarde la izquierda pudiera llegar a la presidencia de la república.

Álvaro Gómez y Horacio Serpa, quienes compartieron con Navarro la presidencia de la Asamblea Constituyente, se fueron antes. El país recuerda a los tres como grandes figuras de la política nacional. Hoy hacen falta ante el ambiente de decadencia.

Por los quebrantos de salud no pudo jugar un papel preponderante en la conducción de las fuerzas progresistas en los últimos años. En un protagonismo más acendrado y certero del Partido Verde o en el ejercicio del primer gobierno de la izquierda.

La izquierda y el país le deben mucho a Antonio Navarro. Las nuevas generaciones tendrán que recordarlo como un hombre decente en el debate y en la acción política, cosas que están en grave declive en la vida nacional.

Noticias al Minuto

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León Valencia Director

Director de la Fundación Pares, un centro de pensamiento especializado en investigaciones sobre los conflictos sociales y políticos colombianos. Ha sido columnista de la revista Semana y los diarios El Tiempo y El Colombiano. Dirigió la investigación académica sobre la parapolítica que condujo a uno de los mayores escándalos judiciales del país. Ha escrito diversos libros sobre la realidad nacional, entre los cuales están: «La parapolítica, la ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos; «Adiós a la política, bienvenida la guerra»; «Mis años de guerra»; «Con el pucho de la vida»; El regreso del uribismo; «Los clanes políticos que mandan en Colombia» y su más reciente novela «La sombra del presidente». Recibió el Premio Simón Bolívar de periodismo en 2008 en la modalidad “Mejor columna de opinión”.