El Esmad como obra de arte 

Desde el fin de semana pasado decenas de bogotanos se han acercado al Museo Nacional no solo a apreciar las obras que contiene, sino a recibir clases en sus escaleras. La acción del actual gobierno de intentar borrar parte de la historia colombiana, de negar algunos de sus derechos llevándose más de treinta piezas, despertó la indignación de muchos y nos recordó que el Museo es nuestro y que debemos protegerlo. En los últimos días, el efecto ha sido absolutamente contrario de lo que quieren inculcarnos los que están molestos con la diversidad artística y con el cuidado de la memoria: los bogotanos han asistido no solo a manifestaciones frente al museo -que fue alguna vez una cárcel-, sino que han entrado y se enteraron de las joyas que hay. No solo los descomunales cuadros de Botero están ahí, sino la mascarilla mortuoria de Jorge Eliécer Gaitán y hasta un meteorito que cruzó nuestros cielos justo antes de que Bochica creara el mundo. 

El sábado pasado, cientos de espontáneos comenzaron a llegar al museo después de que entrara un delegado del Ministerio de Cultura y se llevara las obras sin mayor explicación. Con el correr de las horas, la multitud creció y entonces apareció un componente inesperado: el Esmad. Sábado y domingo las tanquetas estuvieron ahí para dispersar a la gente. Pero el lunes, la multitud regresó y el ESMAD -que ahora tienen un nuevo nombre- estaba ahí. No volvieron a haber provocaciones ni de un lado ni del otro. Los profesores daban sus clases en las escaleras, los jóvenes con la bandera Palestina entraban y algunos incluso conocían el museo. Lo impresionante es que, en algún momento de esta semana, el ESMAD estaba ahí incorporado al paisaje. Algunos estaban adentro, sentados, casi aburridos, porque ahí no pasaba nada, no cumplían ninguna función, aunque alguien que acabara de llegar sin contexto y los viera pensaría que eran una instalación de un artista conceptual: hombres armados sentados con la cabeza gacha, como si hubieran perdido una guerra contra un puñado de escultores y llevaran la carga de sus escudos, de sus armaduras. 

En tiempos ásperos es muy importante encontrar razones para reír porque si no desaparecemos. Y en medio de lo que ya se convierte en una categoría, en paisaje, encontramos otras maneras de hacer arte con nuestros ojos, con nuestros sentidos y el espíritu. Bien puede ser un cuadro ellos, los que quieren llevar el orden a punta de chorros de agua y bolillo. En lugares como el Museo Nacional, todo puede convertirse en arte hasta cuatro tombos vestidos de Robocop bostezando de puro aburrimiento.  

Noticias al Minuto

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.