La negociación  con los grupos armados no debe ser una opción cerrada para este gobierno

El Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales cumple 40 años. Para celebrarlos, se hizo un seminario internacional llamado Colombia y el mundo: violencia, democracia y paz en el que una de las protagonistas fue nuestra subdirectora, Laura Bonilla. Ella estuvo en uno de los paneles que se hacía estas preguntas: ¿Cómo es la compleja relación entre violencia y democracia en el mundo? ¿Cuáles han sido los esfuerzos estatales, gubernamentales y de la comunidad internacional en los últimos diez años?

Hay que recordar que el 26 de noviembre se cumplirán diez años del Acuerdo de Paz entre las extintas FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos. En algunos aspectos de la nueva Colombia, la que arrancó el pasado 7 de agosto, el acuerdo es el causante de la expansión de este tercer ciclo de violencia que vive el país. Para Laura Bonilla “Ningún proceso de paz puede ser un perchero en el que se le pueda poner todo”. Laura hizo las siguientes preguntas: ¿Por qué el factor de tener mesa de negociación puede llevar a que los grupos armados sigan creciendo? ¿Está funcionando la acción de las Fuerzas Armadas para detener a los grupos? ¿Tener o no tener un cese al fuego tiene una correlación muy grave? Una de las preguntas que más retumbó en el auditorio Alfonso López Pumarejo fue ¿Estamos fallando en la paz y también en la guerra?

La reflexión fue sobre la búsqueda de la paz total. Se evidenciaron, en esta mesa de conversación, los problemas de diseño y de metodología que hubo, por ejemplo, en las conversaciones que tuvieron como objetivo la búsqueda de la paz urbana. Se señalaron problemas de articulación con las autoridades locales y muchas dificultades para ponerla en la agenda de las ciudades. Nunca hubo un marco jurídico para este proceso. Así también, se señalaron logros en este proceso: se puso la agenda de la paz urbana en el país. Se llevaban décadas hablando del conflicto rural pero no del conflicto urbano. Otro de los logros fue la participación de la organización civil; con los diálogos de paz de La Habana se entendió cómo construir la paz.

Se habló en la mesa de los señalamientos que está haciendo el nuevo gobierno con la paz total. Incluso, se llama a los que fueron miembros de esas mesas de negociación como “El cartel de la paz total”.

La construcción de la paz en Colombia a diez años de la paz. Acá se realizó un balance sobre la paz total. Laura Bonilla estuvo acompañada de negociadores de paz, como Armando Novoa. Las conclusiones de esta primera rueda, que abordó el cambio que ha habido en la narrativa, de ir sobre la paz a la ofensiva militar, se destacaron los aprendizajes que pueden servir de análisis con la pregunta  ¿Y ahora qué? Colombia, a través de su proceso histórico y su experiencia en conflictos nos lleva a que cualquier tipo de negociación con un grupo armado nos lleva a algunos entornos, a cambios en conflictos armados. Es que el tipo de negociación cambia y el enfoque territorial también nos cambia. Hay que entender ciertas dinámicas particulares. Por eso, se debe pensar siempre en la sociedad civil. No se pueden concebir negociaciones sin la parte de la sociedad civil. Uno de los puntos más destacados es que se tiene que alistar este gobierno para una negociación.

Lo que viene con todo esto es que hay diferencias en los ciclos. Se crecen los actores armados de una manera más rápida que antes. El reclutamiento es más rápido y no hay formación política. El acceso a tecnología acelera estos ciclos al poder armado. Si lo vemos por el lado positivo, tenemos que pensar que se va a llegar a un punto de negociación también más rápido. El gobierno nuevo dice que quiere meterse en todos los conflictos, en todos los frentes, y esto va a presionar a las Fuerzas Armadas y seguro termina mal. Puede llevar a violación de derechos humanos y se relajarán las normas de la democracia, como hacer militarización en la ciudad. A mediano plazo, a segundo y tercer año de gobierno, podemos esperar grupos armados más consolidados. El grupo armado podría afianzarse más en el arraigo y los grupos se prepararán para esto y todo esto puede derivar en mayores afectaciones a población civil.

Las organizaciones sociales que están en territorio solo hablan con el Estado cuando hay explotación de sus recursos o una mesa de negociación. Hay que entender el ciclo de violencia para saber cómo negociar colectivamente. “En estos tiempos autoritarios, nos toca insistir en las cosas que nos van a funcionar”.

 

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