La reciente muerte de Naín Andrés Pérez Toncel, conocido como alias Naín o Bendito Menor, durante un operativo de la fuerza pública en Riohacha, La Guajira, no solo representó un golpe a uno de los cabecillas más mediáticos de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), por sus constantes apariciones en redes sociales, sino que abre un panorama de reorganización al interior de este grupo armado para mantener su capacidad de control en La Guajira y la Sierra Nevada, frente a un posible escenario de disputas con otras estructuras por la consolidación de gobernanzas armadas en este territorio del Caribe.
De acuerdo con información de inteligencia citada por medios de comunicación, Naín habría iniciado su trayectoria dentro de las ACSN en 2019 como sicario al servicio de alias Pinocho, señalado como uno de los principales líderes de la organización y designado durante el gobierno Petro como negociador en los Espacios de Conversación Socio Jurídica que se adelantaban en el marco de la Paz Total. En 2020 Naín habría ingresado al frente Javier Cáceres y, para 2021, habría asumido responsabilidades sobre el comando Urbano Especial Libardo Vergel, integrado por aproximadamente poco más de 20 sicarios a su servicio, quienes se dedicaban al control de las rentas derivadas del narcotráfico y la extorsión, además de la visible imposición de normas de control social en los videos en los que aparecía junto con sus hombres, con incidencia particularmente en los departamentos de Magdalena y La Guajira, en sectores de Riohacha, Dibulla y la Alta Guajira.
De acuerdo con el investigador Lerber Dimas, la facción liderada por Bendito Menor ya había presentado leves tensiones con la estructura principal de las ACSN, por lo cual su muerte podría producir un proceso de tensión y desorden social antes que un simple reemplazo en la comandancia. La figura de Bendito Menor había adquirido particular admiración entre los sectores jóvenes de la Guajira, que lo identificaban como la representación del modelo criminal a seguir, así quedó constatado en sus honras fúnebres, donde la comunidad lo despidió en medio de corridos, arengas y disparos al aire, lo que refleja la capacidad de incidencia y legitimidad que, desde el frente urbano que manejaba, alcanzo a ostentar. El capital criminal acumulado durante el último tiempo por parte del Libardo Vergel, traducido en recursos, redes, hombres, rutas y capacidad de injerencia en la regulación del orden social, puede conllevar a un escenario de competencia o de captura nuevamente por parte de las ACSN de un frente que, bajo el mando de Naín, había tomado cierto grado de independencia, que venía siendo vista con recelo.
La gobernanza armada en la Sierra Nevada
Naín empezó a adquirir notoriedad entre las autoridades por su abierto desafío a la fuerza pública, mientras hacía alusión abiertamente a acciones de limpieza social, de ajusticiamiento y de imposición de normas de convivencia. Particularmente se le atribuyó la responsabilidad en la masacre de cinco personas en Maicao, durante el mes de enero de este año. Esto es relevante para tener en cuenta, dado que ayuda a entender la naturaleza no solo de este frente, sino de un grupo como las ACSN, pues evidencia que le presencia de estos grupos no se enmarca exclusivamente en la extracción de rentas derivadas del narcotráfico, la extorsión o el contrabando, sino que tienen un propósito de gobernanza armada entendida como la capacidad de una organización armada para establecer reglas, imponer comportamientos, castigar determinadas conductas y presentarse ante la población como autoridad. Cuando un grupo criminal anuncia públicamente restricciones a la movilidad, amenazas o mecanismos de “limpieza social”, está intentando proyectar una capacidad que trasciende la actividad económica ilegal.
Sin embargo, las dinámicas de gobernanza armada también pueden incorporar mecanismos de legitimación. Los grupos buscan presentarse ante determinados sectores de la población como garantes de seguridad, orden o resolución de conflictos. En el caso de las ACSN, Naín demostraba un aparente intento de protección frente a la delincuencia común e incluso acciones orientadas a proveer determinados bienes o servicios en zonas rurales y urbanas. Esta combinación entre coerción y provisión de bienes y servicios genera una relación más compleja con las comunidades, pues el grupo no solamente amenaza, sino que intenta convertirse en un actor necesario para regular la vida cotidiana e incluso los índices de violencia. En este punto es importante mencionar que la legitimación del actor armado se sustenta en su capacidad de inserción sobre procesos, comunitarios y sociales, mediante la cooptación de las lógicas de existencia y funcionamiento de las organizaciones sociales y políticas.
En este sentido, actualmente, las ACSN ostentan un ejercicio de gobernanza armada criminal, ampliamente identificada, que se sustenta especialmente en su participación directa en toda la cadena de servicios producto de la actividad turística del territorio, por medio de la extorsión. Por eso, hablar de las ACSN únicamente como una organización dedicada al narcotráfico resulta insuficiente. Su poder depende también de su capacidad para regular relaciones sociales, económicas y territoriales.
La expansión de las ACSN y el desplazamiento del conflicto
Parte del ejercicio de gobernanza criminal adoptado por este grupo, queda evidenciado en su capacidad de expansión, la cual se ha dado de forma atípica por fuera de los márgenes de acción que normalmente suelen ocupar.
De acuerdo con el más reciente informe de la Fundación Paz & Reconciliación “Tiempos Violentos: Radiografía del poder armado en Colombia”[1], para 2026, las ACSN tienen presencia en 24 municipios, una cifra que evidencia una expansión considerable respecto de su núcleo histórico. Su área de influencia comprende territorios de La Guajira, Magdalena y Cesar, donde tiene una disputa abierta con el EGC – Clan del Golfo por el control de Troncal Caribe. Este corredor conecta buena parte de los territorios donde las ACSN han hecho presencia y permite articular las zonas de la Sierra Nevada con Riohacha, Dibulla, el norte del Magdalena y otros puntos del Caribe.
[1] Consulte el mas reciente informe: “Tiempos Violentos: Radiografía del poder armado en Colombia”, en el siguiente enlace: https://www.pares.com.co/informe-especial-tiempos-violentos-radiografia-del-poder-armado-en-colombia/
Mapa 1. Municipios con riesgo y disputas activas entre ACSN y EGC – Clan del Golfo
Sin embargo, el fenómeno más significativo es la proyección hacia el occidente: la Defensoría del Pueblo emitió en marzo de 2026 una Alerta Temprana de Inminencia por la expansión de las ACSN hacia Cáchira y La Esperanza, en Norte de Santander, señalando que el grupo busca consolidar un corredor estratégico hacia Santander, el sur de Bolívar y el Catatumbo. Desde la Sierra Nevada y el litoral Caribe, las ACSN han buscado proyectarse hacia el Cesar, conectar con corredores del Catatumbo y alcanzar espacios del Magdalena Medio. De esta manera, la disputa entre las ACSN y el EGC – Clan del Golfo deja de ser exclusivamente una confrontación focalizada y adquiere una dimensión regional relacionada con el control del narcotráfico, la extorsión, y especialmente de corredores mucho mas amplios desde la costa caribe hasta la frontera venezolana.
Teniendo en cuenta este escenario de gobernanza y la capacidad de arraigo social de las ACSN en este foco regional del caribe, una estrategia de seguridad para combatir a los Grupos Armados Organizados y Grupos Delictivos Organizados orientada solamente hacia la eliminación de cabecillas u objetivos de alto valor, desatiende la necesidad de una política de seguridad integral que contemple las complejas dinámicas estructurales que posibilitan la subsistencia de estos grupos durante décadas. Muertes como la de Pérez Toncel puede afectar temporalmente la estructura de mando, pero no elimina las condiciones económicas y sociales y, las dinámicas territoriales que permiten la reproducción de la organización.
La evolución de los ciclos de violencia en el país ha demostrado consigo también una capacidad de adaptación en el tiempo de las organizaciones armadas y criminales para ejercer gobernanzas armadas cada vez más sofisticadas, donde su estructura organizativa interna es fácilmente remplazable. Las ACSN no solamente ejerce un control territorial, a su vez está inmersa en las dinámicas sociales del día a día, participa en la regulación de mercados legales e ilegales, estructuras de intermediación, mecanismos de control social y relaciones territoriales. En consecuencia, una respuesta exclusivamente militar afecta en el plazo inmediato el esquema interno de la organización, pero no atiende las condiciones que permiten su reproducción.



