La economía que recibe De la Espriella

Abelardo de la Espriella recibirá el próximo 7 de agosto una economía distinta de la que Gustavo Petro encontró cuatro años atrás. La inflación es menor, el desempleo se encuentra en niveles que Colombia no veía desde hace años y la economía continúa creciendo. No ocurrió la crisis que algunos anticiparon en 2022, pero tampoco se consolidó un nuevo ciclo de crecimiento. El nuevo gobierno recibe una economía más estable en sus principales indicadores macroeconómicos, aunque todavía con dificultades para crecer con mayor fuerza.

Petro llegó a la Presidencia en medio de una situación paradójica. Colombia había crecido 11 % en 2021 y 7,3 % en 2022, cifras extraordinarias asociadas en buena medida con el rebote posterior a la pandemia. Ese crecimiento convivía con una inflación acelerada y elevadas tasas de interés, en un contexto que exigía moderar las presiones sobre la demanda. Cuatro años después, la situación es diferente: la economía crece a un ritmo menor, pero lo hace en un escenario de mayor estabilidad macroeconómica.

El crecimiento muestra bien esta trayectoria. Después de la fuerte desaceleración de 2023, cuando el PIB apenas creció 0,7 %, la economía comenzó a recuperarse y alcanzó un crecimiento de 2,6 % en 2025. Durante el primer trimestre de 2026 creció 2,2 % frente al mismo período del año anterior. Es decir, la economía colombiana continúa creciendo, pero lo hace a un ritmo moderado y todavía no logra consolidar un nuevo ciclo de crecimiento más dinámico y sostenido.

El mercado laboral ofrece un balance más favorable. En mayo de 2026 la tasa de desempleo nacional llegó al 8 %, un punto porcentual menos que un año atrás, mientras la tasa de ocupación aumentó del 58,2 % al 59,7 %. Las cifras muestran que la reducción del desempleo estuvo acompañada por un aumento de la población ocupada. A causa de ello, el empleo constituye, probablemente, uno de los mejores resultados macroeconómicos con los que termina el gobierno Petro.

Este resultado tiene, sin embargo, un límite importante. Entre marzo y mayo de 2026, el 54,7 % de los ocupados del país trabajaba en la informalidad. Aunque la cifra disminuyó frente al 55,9 % registrado un año antes, sigue revelando uno de los problemas estructurales del mercado laboral colombiano: el país ha logrado generar ocupación con mayor facilidad que empleos formales, productivos y con protección social.

Por su lado, la inflación ofrece un balance más complejo. Cuando Petro llegó a la Presidencia, la inflación anual era de 10,8 % y posteriormente llegó a superar el 13 %. En junio de 2026 había descendido a 6,14 %, una reducción considerable, aunque todavía se encuentra lejos de la meta del 3 % del Banco de la República. Las presiones inflacionarias llevaron a su Junta Directiva a aumentar en junio la tasa de política monetaria en 75 puntos básicos, hasta el 12 % a partir de julio. La inflación disminuyó de manera importante durante el cuatrienio, pero continúa siendo uno de los problemas que recibe el nuevo gobierno.

La recuperación del crecimiento mantiene una debilidad importante en la inversión. El consumo de los hogares ha contribuido a sostener la demanda interna, favorecido por el empleo y la recuperación de los ingresos, mientras la inversión ha mostrado mayores dificultades para recuperar el dinamismo perdido. Esta diferencia importa: el consumo sostiene buena parte del crecimiento presente, pero la inversión amplía la capacidad productiva y condiciona las posibilidades de crecimiento futuro.

La composición sectorial del crecimiento muestra también una recuperación desigual. Durante el primer trimestre de 2026, las actividades de administración pública, educación, salud y servicios sociales crecieron 5,7 % y realizaron el mayor aporte al crecimiento del PIB. El comercio, el transporte, el alojamiento y los servicios de comida crecieron 2,9 %, mientras la industria manufacturera registró una expansión similar. La economía crece, pero la recuperación todavía presenta diferencias importantes entre sectores.

Por tanto, De la Espriella recibirá una economía con fortalezas que sería equivocado desconocer y problemas que sería igualmente equivocado minimizar. Encontrará una tasa de desempleo baja, una inflación considerablemente menor que la de cuatro años atrás y una economía que continúa creciendo. Pero también una inflación todavía elevada, tasas de interés del 12 %, alta informalidad y una inversión que necesita recuperar dinamismo. A ello se agregan unas finanzas públicas estrechas, asunto que merece un balance separado.

En consecuencia, el desafío económico del nuevo gobierno será distinto al que enfrentó Petro. En 2022 Colombia venía de crecer aceleradamente, mientras aumentaban la inflación y las tasas de interés. En 2026 el reto consiste en acelerar una economía que crece moderadamente, sin poner en riesgo los avances alcanzados en materia de estabilidad macroeconómica. Para lograrlo, De la Espriella tendrá que recuperar la inversión, elevar la productividad, generar empleo formal y ampliar la capacidad exportadora del país, evitando nuevas presiones sobre los precios.

Petro termina su gobierno sin la crisis económica que algunos anticiparon y con resultados favorables en varios de los principales indicadores macroeconómicos. Queda pendiente, sin embargo, un problema que Colombia arrastra desde hace años: cómo sostener la estabilidad y la generación de empleo mientras se recupera la inversión, aumenta la productividad y se alcanzan mayores tasas de crecimiento. De la Espriella recibe una economía que necesita volver a crecer, no en crisis.

* Esta columna es resultado de las dinámicas académicas del Grupo de Investigación Hegemonía, Guerras y Conflicto del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

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Germán Valencia