“A Prueba de Fuego”.

Acabamos de perder la Presidencia. Muchas gentes lo ven como simplemente un cambio de gobierno, pero para quienes llevamos años creyendo que este país puede ser distinto, el golpe es muy doloroso y desolador.

Llevo más o menos la mitad de mi vida siendo una mujer de izquierdas y soy el resultado de años de formación política, de conversaciones interminables con mis amistades, de lecturas, de trabajo territorial y de estar rodeada de personas que me enseñaron que la política solo tiene sentido cuando sirve para dignificar la vida. Y durante todos esos años sí que supimos lo que es perder, escuchando una y otra vez que Colombia nunca elegiría un proyecto alternativo porque las estructuras del poder eran demasiado fuertes para permitirlo.

Confieso que nunca pensé que alcanzaría a ver a la izquierda llegar a la Presidencia, pero lo vivimos y lo hicimos realidad. Por eso hoy la derrota duele. Duele porque demuestra que transformar un país implica disputar intereses profundamente arraigados, enfrentar poderes económicos, políticos y mediáticos que son manipuladores y mentirosos, pero también implica asumir el desgaste de las decisiones difíciles y aceptar que nuestra visión de país genera resistencias, hasta en quienes se han visto beneficiados de ella.

Y la experiencia colombiana nos da suficientes ejemplos para entender que quienes caminamos por el lado izquierdo enfrentamos costos elevados, algunas veces esos costos son electorales, como ahora, pero otras veces son políticos, judiciales, mediáticos y, literalmente se han pagado con la vida. Intentar cambiar las estructuras no es fácil, pero ya vimos que poquito a poco no es imposible. Insistir, esa puede ser la verdadera prueba de fuego para quienes decidimos continuar cuando la incertidumbre nos invade de nuevo. Esa prueba significa tener la capacidad de mantenernos fieles a las propias convicciones cuando todo parece empujarnos hacia la renuncia.

Si algo deja esta derrota es la obligación de revisar nuestras propias certezas. La oposición que viene no puede construirse desde la negación de los errores, ni mucho menos esperando el desgaste del nuevo gobierno para regresar al poder. La resistencia política nos exige volver a los territorios, escuchar, reconocer las frustraciones, fortalecer el trabajo comunitario, cualificar los argumentos, formar nuevos liderazgos y construir una oposición incansable, perspicaz y capaz de hacer autocrítica.

Quizá por eso vuelvo una y otra vez a las letras del maestro Jairo Varela, la prueba de fuego debe acompañarnos con la decisión de no dejar que las circunstancias achiquen el tamaño de nuestras convicciones, porque somos parte de la solución y no del problema. Hoy la izquierda colombiana volvemos a estar frente a la propia prueba de fuego para demostrar que nuestros principios y apuestas no dependían de ocupar la presidencia. Que la defensa de la justicia social, la paz, la igualdad y de la dignidad no termina aquí.

Yo seguiré andando las calles con ustedes, con quienes me han acompañado y seguimos resistiendo. Seguiré escribiendo y defendiendo la tierra y las gentes que me enseñaron a ser una mujer comprometida. Y porque, al final, defender un país con mis principios, con mis ideales, defender una tierra, no sé si ajena, SÍ VALE LA PENA.

Noticias al Minuto

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Ghina Castrillón Torres