Es muy probable que la afirmación que hizo Abelardo de la Espriella durante la campaña presidencial de “destripar a la izquierda”, le tenga sin cuidado al expresidente. A Uribe no le preocupa si habrá fracking en Santurbán en la sed insaciable de los blancos buscando oro. Tampoco si deciden asfixiar a la JEP hasta matarla. No, la preocupación de Uribe es una sola: saber si él va a quedar solo en este nuevo gobierno.
Después de la derrota en primera vuelta de su candidata Paloma Valencia, con 1.600.000 votos, el líder del Centro Democrático salió a la calle a hacer campaña por Abelardo. La simbiosis que muchos analistas hicieron sobre una posible unión entre Uribe y Abelardo después de que este ganara la segunda suelta fue solo un rumor que jamás salió de los pasillos de la especulación. En este momento, ambos están completamente separados y solo hubo una llamada después de la victoria de De la Espriella el 21 de junio. Figuras como Enrique Gómez y el mismo Carlos Alonso Lucio no son de la entraña del expresidente.
Hasta el momento, ninguno de los 11 ministerios que han sido anunciados por el nuevo presidente tiene algo que ver con Uribe. Las nuevas fuerzas son el charismo y el laureanismo, que regresa capitaneado por el senador más poderoso del movimiento de Salvación Nacional, que terminó cobijando a Abelardo de la Espriella, Enrique Gómez y su hermano Manuel, quien será ministro de Hacienda y que es, también, nieto del caudillo conservador Laureano Gómez.
El temor más grande que tiene Uribe es que, desde el congreso, se apruebe una nueva reforma política que termine dándole vía libre a la ley que permite el transfuguismo. Con eso, senadores de su colectividad podrían pasarse con todo y curul a las toldas del partido de gobierno y quedaría el expresidente absolutamente solo. No es la primera vez que Uribe tendría que sobrellevar la amargura de la traición, ya le pasó con Juan Manuel Santos y no se siente cómodo con lo que sucedió en lo referente a la renuncia de María Fernanda Cabal al Centro Democrático.
Antes de estas elecciones habíamos visto un escenario muy diferente en donde Abelardo intentó por todos los medios acercarse al expresidente y este simplemente lo ignoró. El primer candidato que tuvo Uribe como opción para disputar estas elecciones fue Miguel Uribe Turbay. Después de esto se aferró a sus mosqueteras, Paola Holguín, Paloma Valencia y María Fernanda Cabal, pero esto no resultó como él lo esperaba.
Ahora se encuentra ad portas de un juicio, esta vez por el asesinato de Jesús María Valle. Las visitas a Rionegro, la finca que ha convertido en su cuartel general, son cada vez menos frecuente y su hijo Tomás se está posicionando, extrañamente, como una figura de centro. Ante la radicalización de la política colombiana, una opción como la de Uribe ¿se transformará en algo parecido al centro? Esto solo el tiempo lo dirá.



