Desde la época de la violencia, cuando oradores encendidos, como Laureano Gómez, señalaban con virulencia a sus enemigos políticos, los liberales, no se veía un nivel de amenaza contra un sector de la población votante como el que esgrime, desde septiembre del año pasado, el abogado Abelardo de la Espriella. Allí el abogado dijo, sin anestesia, en una entrevista con la FM: “Y sepan ustedes, señores de la izquierda, en mí tendrán a un enemigo acérrimo que hará todo lo posible para destriparlos y enfrentarles, determinada y decididamente. A esa plaga hay que erradicarla”. Fue tan alarmante esta frase que el propio Gustavo Petro pidió investigar al penalista. El señalamiento del entonces precandidato -quien se encontraba buscando firmas- le sirvió para lanzar su candidatura, para posicionarse entre ese sector de los colombianos que se han radicalizado y cada día aumentan más su inconformidad con los ciudadanos que apoyan el proceso progresista.
A medida que avanzaron los meses, Abelardo, como ha sucedido durante toda su vida, se ha echado para atrás en varias de sus afirmaciones. Ya dejó de ser ateo y ahora habla del concepto de “Patria Milagro”, se ha acercado a pastores tan duros como Miguel Arrázola de Cartagena e incluso decidió cerrar su campaña en Buga, frente a su catedral, para acercarse también al catolicismo. Ya no se le han vuelto a escuchar las bondades casi medicinales del McCallan 18 años, cuya botella supera ampliamente el millón de pesos y no despotrica del ajiaco -al que se ha referido como un potaje carcelario- e, incluso, ha aparecido con varios de sus influencers tomándolo en la calle. De lo que no se ha desdicho es de la destripada que le pegará a la izquierda.
Aún no hay nada definido, pero, después de los sorpresivos resultados de la primera vuelta, es factible que De la Espriella sea una opción cada vez más real de cara a la presidencia. La semana pasada, en una de sus últimas apariciones en medios, exactamente en una entrevista realizada en Caracol Radio, Juan Pablo Calvás le preguntó por la destripada y Abelardo no se movió, dijo que era “La tercera acepción del diccionario”. Busco en el diccionario de la RAE y esto encuentro: “La tercera acepción del verbo destripar (según el estricto orden del Diccionario de la Lengua Española de la RAE) significa despachurrar o estropear una cosa aplastándola. En el uso coloquial, también se asocia cercanamente a arruinar el final de una historia o relato (hacer un spoiler)”. Sigue siendo aterrador.
Hablo con mi familia, quienes van a votar por Abelardo, y no les importa demasiado esto. Creen que soy una especie de conspiranoico, que es “pura película”, incluso hablo con gente cercana al progresismo y les expreso ese temor, ¿Qué pasará con los que votaremos contra este proyecto?, y ellos me hablan de que en Colombia las instituciones se respetan. Esto no es una verdad universal. Acá asesinaron en diez años a 5.000 miembros de la Unión Patriótica; acá mataron en un avión al principal dirigente de izquierda, el comandante Carlos Pizarro; acá han desaparecido, torturado y asesinado a cientos de sindicalistas; acá se reprime la protesta social, se calla al que exige. Y esto lo han hecho gobiernos de presidentes que han llegado al poder sin que prometan destripar. ¿Cómo no tener miedo?
De la Espriella es un fenómeno continental. Es el mismo odio contra los Kirchner que llevó a Milei al poder, el mismo odio social que se vive en El Salvador desatado por la violencia de las pandillas, es el mismo odio hacia la diferencia que resuma Donald Trump. Es una ola de derecha que ahora se ve fortalecida por la presencia de Daniel Noboa en Ecuador y de Keiko, elegida en Perú en una contienda electoral que ha sido, por lo menos, sospechosa. Es una ola de revancha comandada por los pastores cristianos, que intentará meterle mano a la constitución, a la educación, un golpe que puede devolvernos a la edad media.
Es difícil afirmar que los dados de Dios ya están tirados, que el destino está marcado, que Abelardo, apoyado en una campaña primaria, apoyada en la IA y en la mentira y en que el candidato Cepeda y sus asesores fueron incapaces de desactivarla, viene con viento en la camiseta. El abogado, que siempre ha hablado con suma facilidad sobre la muerte, los ajusticiamientos por mano propia, la cadena perpetua, el castigo, está en la obligación de moderar su discurso. Hay, por lo menos, diez millones de colombianos que no pensamos como él. ¿Qué va a hacer? ¿Destriparnos a todos?



