El próximo domingo a estas horas estaremos en camino a las urnas a definir nuestro inmediato futuro. Tendremos que escoger entre Abelardo de la Espriella que bien representa a una nueva derecha en América Latina e Iván Cepeda que representa a una nueva izquierda en este continente. Los modelos de gobierno ya se están en curso, todo está a la vista. El primero está en Estados Unidos con Trump, en Argentina con Milei y en el Salvador con Bukele. El segundo está en Brasil con Lula, en México con Claudia Sheinbaum y en Colombia con Petro.
Es una batalla política y cultural. La nueva derecha se ha lanzado contra los migrantes, contra la diversidad étnica y sexual, contra las reformas sociales, propenden por las cárceles, la militarización de la sociedad y pasan por encima de libertades y de las garantías democráticas. La nueva izquierda aprendió de los autoritarismos de la primera ola rosa de América Latina: de Chavez, Evo, los cubanos, los sandinistas y ha aprendido también de nuestra experiencia, mediante el dolor y la tragedia, el repudio a la violencia, la distancia absoluta de la guerrilla; esta comprometida con respetar las instituciones democráticas y empujar desde allí las reformas sociales, al tiempo que se la juega por las minorías, por la reconciliación, por un acuerdo nacional. Los líderes del centro del espectro político (Juan Daniel Oviedo, Sergio Fajardo y Claudia López) sus seguidores y votantes, tienen que reaccionar. La estrategia de Abelardo de la Espriella ha sido apelar al miedo y al odio a Gustavo Petro, aprovechando sus errores, su verbo también hiriente y desafiante, sus salidas en falso y minimizando su aciertos sociales, su compromiso con los sectores populares.
El centro se está dejando arrastrar o neutralizar por esa estrategia bien medida de odio y miedo a la izquierda y se está haciendo un gran daño a si mismo. El ciego antipetrismo le ha servido mucho a la nueva derecha. Hay una semana para reaccionar. La nueva derecha se ha entroncado en Colombia con la herencia cultural de las mafias, con sus relaciones y actitudes, con la ostentación, el machismo, la misoginia, la homofobia. El contraste entre los dos candidatos es absoluto. La austeridad personal, el respeto en el debate, la dedicación a las víctimas, de Iván Cepeda, son la antípoda de la estridencia, el lenguaje amenazante y la ostentación mafiosa de De la Espriella. Los dos candidatos en contienda dependen del centro del espectro político, de sus líderes, seguidores y votantes. En ese centro hay tres millones quinientos mil votantes. Si Abelardo de la Espriella logra neutralizar una parte y ganar otra de estos votantes habrá ganado en las urnas el próximo domingo; si es Iván Cepeda el que logra la adhesión de la mayoría de estos electores, podrá remontar la ventaja que le lleva De la Espriella y ganar con honores esta decisiva campaña electoral.



